| Artículos | 21 SEP 2001

Comienza la cuenta atrás hacia el 1 de enero de 2002

El 90% de las empresas españolas estarán adaptadas antes de final de año
Ana Segura.
La integración monetaria tendrá efectos beneficiosos a largo plazo, como la esperanzadora rebaja del precio del dinero que ya se está experimentando, o la caída de los tipos de interés, aunque por el momento sólo esté siendo observada como una fuente de problemas con una serie de costes asociados. Entre los más elevados se encuentran los relacionados con los sistemas de información que deberán ser modificados para adaptarse tanto al cambio de moneda como a los cambios estratégicos o de organización. Pero lo preocupante ahora es el tiempo que se agota y los proyectos que aún no han comenzado.

La peseta española tiene los días contados, a partir del uno de enero tendrá el valor que los coleccionistas le otorguen, porque junto al marco alemán, el franco francés y otras nueve monedas nacionales pasará a la Historia para materializar una idea que la Europa comunitaria lleva años gestando, la consecución de un verdadero mercado sin fronteras.
A primeros de año los españoles recibirán en euros los tiques de compras, extractos bancarios, nóminas, etc., y es que la nueva moneda sustituirá a partir de entonces a la rubia española, sirviendo no sólo para afianzar las relaciones comerciales y financieras, sino también para ofrecer oportunidades de negocio para consolidar o mejorar la situación estratégica de la empresa.
En contra de lo que muchos puedan pensar, la implantación de la moneda única no es una cuestión meramente tecnológica, por cuanto haya que adaptar los decimales en los importes o que ingeniárselas para que convivan el euro y la peseta. El establecimiento de la nueva moneda lleva implícito aspectos tales como la globalización de los mercados y de forma paralela el acceso a otros, desconocidos hasta ahora por la empresa española, el aumento de la competencia, acceso a nuevas fuentes de financiación o cambios en ciertas estructuras de costes.
A pesar de que los cambios que se producirán en el entorno global estratégico sobre el que la empresa sustenta su negocio son importantes, por su envergadura, el impacto en los sistemas de información requiere un tratamiento diferencial.
La carrera hacia el euro es imparable, apenas 109 días para que entre en circulación, ha comenzado la cuenta atrás agotándose el tiempo para aquellas empresas que daban largas al proyecto de adaptación. Las más aventajadas comenzaron en las primeras fases del nacimiento del euro –desde el 1 de enero de 1999 las empresas podían gestionar todas sus aplicaciones en euros, excepto las de efectivo-; las más prácticas lo resolvieron junto con el Efecto 2000; y las más rezagadas, donde se sitúa el porcentaje más elevado, ya no pueden seguir poniendo excusas porque el riesgo de que no lo consigan a tiempo es un factor a tener en cuenta. Sin embargo, las cifras aportadas por las Cámaras de Comercio auguran buenas expectativas pues la gran mayoría del tejido empresarial español operará en euros a partir del 1 de enero de 2001. Según los datos recogidos en la IV Encuesta de las Cámaras de Comercio sobre el Euro, el 90% de las pymes españolas asegura que lograrán superar con éxito el proceso de adaptación a la moneda única antes del 31 de diciembre de 2001, a pesar de que por el momento tan sólo un 36% afirme estar preparada. En el informe se detalla que si bien los proyectos de adaptación están alargándose entre dos y tres meses, el coste de los cada uno de ellos asciende a una media de entre 250.000 y 1.000.000 de pesetas. No obstante, es difícil determinar tanto el tiempo como el montante del proyecto al ser variables que dependan fundamentalmente de la complejidad y antigüedad de los sistemas, la documentación existente de los lenguajes de programación utilizados en las aplicaciones a medida, la estructura de las bases de datos y la solución estandarizadas del mercado por la que opte.

Una oportunidad para renovarse
La entrada en vigor del euro está sirviendo para dinamizar el sector de las tecnologías de la información, ya que las empresas están aprovechando la adaptación a la nueva moneda para actualizar sus programas informáticos. Para la patronal SEDISI, la adaptación al euro y las ayudas fiscales aprobadas el pasado año han logrado que el sector informático español crezca más del 15%.
Los expertos consideran que el problema de la adaptación al euro tiene un alcance mucho mayor al que en su día tuvo el Efecto 2000 porque no se trata de una cuestión de fechas que deba salvarse, sino de algo cuya repercusión afecta a la organización por completo, desde el cuadro directivo hasta los departamentos de contabilidad, recursos humanos, finanzas, ventas, etc.

Un Plan Director a seguir
Con la llegada del euro ha sido necesario retocar un 85% de los programas informáticos corporativos no estándar, según las estimaciones de profesionales de IBM, y es que no resulta tan sencilla su introducción en el panorama económico, sobre todo desde el punto de vista tecnológico, ya que cuestiones como el redondeo, la reversibilidad o la triangulación impiden que sea tratada como una divisa más. Si atendemos a los datos aportados por las Cámaras de Comercio, el redondeo (44%), contabilidad (33%), informática (29%) y la conversión de precios (25%) se sitúan entre las principales dificultades con que se encuentran las empresas españolas de cara a la transición al euro.
Las actividades encaminadas a realizar, diseñar y ejecutar un plan de acción se engloban bajo la denominación de Plan Director del Efecto Euro, indispensable a poner en marcha en toda empresa que quiera abordar el problema, pues en él se analizan todas las áreas valorando el impacto sobre ellas de la moneda única. En líneas generales, los puntos recogidos en este plan son: la determinación del alcance y enfoque del proyecto de adaptación; designación del jefe del Proyecto Euro; Identificación de los planes de implantación; diseño del plan de comunicación.

Las nuevas caras del dinero
El diseño de la nueva moneda es obra del austriaco Robert Kalima y simboliza la unidad de Europa. La predistribución de euros a las entidades financieras dio comienzo el 1 de septiembre y en total se ha previsto la puesta en circulación del equivalente a algo más de 100 billones de pesetas: 14.500 millones de billetes y alrededor de 50.000 millones de monedas.
España ha sido uno de los quince países encargados de la producción de los billetes, que, en nuestro caso se ha realizado desde la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT). La fabricación se inició en el año 98 y culminará con un total de 7.800 millones de monedas euro, con un importe de emisión de 1.626 millones de euros, lo que equivale aproximadamente a 270.677 millones de pesetas. De ese montante, 6.640 millones de monedas servirán para abastecer la demanda prevista de monedas y 1.160 millones quedarán como reserva de seguridad. Por su parte, serán fabricados 1.923 millones de billetes euro de los que se pondrían en circulación 1.673 millones, quedando el resto como reserva, cantidad ésta que representa 59.687 millones de euros que equivalen a unos 9.931.081 millones de pesetas.
La adaptación de los cajeros automáticos a la moneda única, así como de los restantes medios mecánicos de tratamiento de billetes, está siendo tenida en

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