| Artículos | 21 SEP 2001

El euro intimida a los sistemas informáticos corporativos

La adaptación tecnológica condiciona el negocio
Adolfo Vázquez.
La adaptación de los sistemas informáticos actuales al euro va a suponer un cambio tecnológico aún mayor del que supuso el efecto 2000, que quedó reducido en la mayoría de los casos a simples parches dentro de las distintas aplicaciones software.

El cambio necesario para llevar a cabo la adaptación a la nueva moneda europea, adaptación de obligado cumplimiento, se compone de tres frentes, por un lado la adaptación del hardware, por otro la del software, y por último la de los datos.
Con respecto a la adaptación del hardware los fabricantes ya se han puesto manos a la obra para adaptar sus equipos a la nueva moneda en cierto modo condicionados por la normativa emanada de la Unión Europea. En realidad en este punto la adaptación se reduce únicamente al teclado. Es sobre teclado donde los fabricantes deberán introducir un nuevo símbolo, el aprobado por la Unión Europea para el euro. Esta adaptación de todas formas no causará ningún coste adicional al usuario ya que simplemente se añadirá el símbolo en alguna de las teclas disponibles a tal efecto.
Adaptación del software. El problema de la adaptación del software a la nueva moneda es el mayor escollo que tendrán que superar las empresas que quieran entrar con buen pie en la nueva economía. Esta adaptación es superior a la que tuvo que realizarse con el motivo del efecto 2000, momento que muchas compañías de software aprovecharon para lanzar nuevas versiones de sus productos, ya no sólo preparadas para el efecto 2000, sino también con las miras puestas en la llegada del euro. El cambio, sin embargo, es mucho más profundo que el acontecido con la entrada del año 2000, ya que en aquel caso la mayoría de las soluciones por las que los usuarios optaron fueron parches ofrecidos por las propias empresas a sus clientes.
En el euro el cambio supone toda una reestructuración en lo que al sistema monetario del software se refiere. Debido a esto el primer paso a dar dentro de la estrategia de adaptación es considerar todas y cada una de las posibilidades: ajustar el software mediante pequeños parches o adquirir una nueva aplicación totalmente compatible con el euro. La respuesta a este interrogante debe venir marcada por la historia propia de cada sistema informático. Actualmente existen muchas empresas que lejos de disponer de una aplicación comercial estándar, debido a la antigüedad de su sistema informático, disponen de una de tipo comercial personalizada, o lo que es igual realizada desde cero por una serie de programadores y/o consultores, que crearon dicha aplicación pensando en solucionar todos los requerimientos de la empresa. Son este tipo de empresas las que realmente deben tomar una decisión que puede marcar el futuro de sus negocios, ya que las compañías que dispongan de alguna de la soluciones estándares del mercado dispondrán, si es que no disponen ya, de pequeñas actualizaciones, gratuitas o no, de sus respectivos entornos.
Visto esto, las empresas con soluciones informáticas antiguas o soluciones realizadas a medida deben plantearse el paso a seguir. Puede optar por seguir sacando rendimiento a la inversión económica que hicieron en el sistema, y aplicar una serie de parches para que éste pueda superar sin ningún problema la adaptación al euro. O bien pueden optar por adquirir una nueva solución, preparada para el euro y diseñada específicamente para sacar el máximo rendimiento a éste, con el consiguiente desembolso económico. Aunque la tentación por seguir utilizando la aplicación original, y solventar este problema mediante la adopción de una serie de parches, puede ser muy grande, en realidad no lo es tanto. Antes de pensar siquiera en dejar de lado la adquisición de una nueva solución comercial, hay que tener en cuenta el principal problema de las soluciones personalizadas, su antigüedad. Al contrario de lo que sucede con las aplicaciones comerciales estándar, de las que los fabricantes mantienen a pesar de los años algún tipo de servicio o mantenimiento técnico, las aplicaciones personalizadas dependen por lo general de un grupo muy concreto de personas, personas que en algunos casos ya habrán dejado la empresa que se encargó del diseño de tal software. Para llevar a cabo la actualización de su sistema tiene dos opciones, bien contratar los servicios de una empresa de programación diferente a la que desarrolló su aplicación con un gasto muy superior al de cualquier solución estándar comercial, o bien intentar acudir a la empresa que desarrolló su software. Suponiendo que aún sigan en esta los programadores originales de su aplicación, en caso contrarío habría que pensar en añadir gastos adicionales al proceso de adaptación, tenga en cuenta que se está hablando de revisar miles o incluso cientos de miles de líneas de código, algunas de las cuales pueden estar escritas en lenguajes de programación que ya no dispongan de compiladores o librerías como hace unos años. De esta forma, para llevar la actualización a cabo seguramente el afectado tendrá que disponer de un numeroso grupo de programadores totalmente a su servicio, lo cual es considerablemente más caro que adquirir una aplicación nueva. Por otro lado, una solución arriesgada, pero a la vez una inversión saludable, es la adquisición de un nuevo paquete de software. El euro como tal supone un gran número de cambios, además de la unificación monetaria de la mayor parte del continente europeo, imagine siquiera las ventajas de disponer de una aplicación WAN que tenga como premisa dicha unificación.

Adaptación de datos
Junto a los principales retos, que son la adaptación de la parte hardware y software del sistema informático, también debe tenerse en cuenta una última contingencia a la hora de llevar a cabo la transición a la nueva moneda, la biblioteca de documentos y datos. Estos deberán ser en cierta forma adaptables a la nueva moneda, a fin de ser integrados en posteriores servicios o productos.
Para los que aún se pregunten cuándo deben acometer el proceso de actualización, la respuesta es bien sencilla: ya mismo. A finales de año, al igual que ocurrió con el efecto 2000 a finales del año 1999, muchas empresas acudirán de forma desorganizada al encuentro de las compañías de software en un intento desesperado por cumplir con los plazos especificados por la Unión Europea. Si aún no ha podido acudir a este tipo de empresas para llevar a cabo la actualización de sus sistemas, es preferible que acuda cuanto antes, a fin de evitar los tan temidos cuellos de botella.

Adolfo Vázquez, IDC Research España

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