| Artículos | 17 JUN 1994

El presidente que vió la luz

James M. Connolly, editor de ComputerWorld EE.UU.

Imagine esta situación. El nuevo Presidente de Novell, Robert Frankenberg, llega a uno de los mejores hoteles de una ciudad cualquiera. El recepcionista le sonríe (los recepcionistas sonríen si eres un Presidente) y le asigna una buena habitación (es un Presidente). Cuando Frankenberg se instala, tiene que desplazar la cama de su posición y utilizar un cortaúñas para sacar fuera de la pared los cables de la línea telefónica y poder así utilizar su ordenador portátil para comprobar su correo electrónico. La verdad es que, pese a ser un Presidente, no es tan distinto de nosotros.

Frankenberg es un usuario de informática, y como poco, va a introducir en Novell el mensaje de lo que la industria informática y los sistemas de información hacen para convertir la vida del usuario en algo realmente miserable. Cuando subió hace poco al estrado del certamen Networld/Interop'94, lo dejó muy claro. El conoce la frustración que provocan las antiguas estructuras de ficheros del DOS, los difíciles comandos Unix y el no disponer de un conector telefónico estándar para conectar un ordenador portátil.

Mi opinión es que la industria no se coloca a sí misma en el lugar del usuario. Cree que los usuarios hacen cosas equivocadas con los ordenadores porque no los entienden, pero la realidad es que los usuarios no tienen porqué entender cómo funciona un ordenador. Se trata sólo de una herramienta, y como tal, debe ser fácil de utilizar.

Ya sé. Usted estará pensando que soy uno de esos periodistas que odia la tecnología. Nada más falso. Puede que no sea un usuario potente pero sí es cierto que utilizo ordenadores y que me gusta trabajar con ellos. Lo que odio son cosas como tratar de encontrar un fichero cuando no estoy seguro de su localización exacta (evidentemente, si supiera dónde está el fichero, no tendría que intentar encontrarlo).

Para el usuario es realmente una tortura ir de DOS a Windows, de Windows a cualquier software de comunicaciones, y de cualquier Unix a Internet. Todos estos sistemas le dirán que se ha equivocado, pero no le explicarán cómo hacerlo bien.

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