| Artículos | 24 JUN 1994

El usuario, a veces, se encuentra en una encrucijada en el momento de tener que decidir...

Eugenio S. Ballesteros.

El usuario, a veces, se encuentra en una encrucijada en el momento de tener que decidir, al disponer de informaciones contrapuestas sobre el tema a dilucidar. En una situación límite, teniendo que decantarse entre una Unión Temporal de Empresas (UTE) o una compañía fuerte que, en el supuesto de resultar ganadora, acudiría necesariamente a un encadenamiento de subcontrataciones para solventar la responsabilidad, ¿qué opción sería más conveniente? He escuchado opiniones dispares sobre este tema basadas, esencialmente, en la defensa de legítimos intereses -si se trataba de empresas- o conjeturas de lo más variopintas cuando las manifestaciones partían de usuarios ya posicionados, tras haber sido metódicamente influenciados con las teorías defendidas por quienes habían perseguido inculcarles la idea, para dejar el camino expedito hacia el tipo de contrato que vendría después. El dilema adquiere enorme transcendencia e importancia cuando se focaliza un proyecto de envergadura donde, tanto los suministros como la asistencia técnica, alcanzan cotas de negocio de gran poder de atracción, pero también se plantea la duda en aquellos casos de rango económico inferior -que son la mayoría- por parecer más práctico para que determinada empresa se convierta en única adjudicataria. Respetando todas las opiniones, yo me decantaría hacia la UTE, por las garantías que comporta. Asimismo, a sus miembros les viene bien esta alternativa por las fuerzas que suman y por compartir de algún modo los recursos humanos. En cambio, delegar facultades de subcontratación en una sola empresa adjudicataria, significa otorgarla demasiados poderes que podría tratar de explotarlos ambiciosamente para su cuenta de beneficios.

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