| Artículos | 28 MAY 2004

Sin antenas, no gracias

María J. Marzal.
Este parece ser el lema que rige en muchas normativas de diferentes municipios de España. ¿La razón? Pues parece no estar demasiado clara: “me han dicho que...., o creo que tal....” En definitiva que no, así de entrada. Esta actitud que para algunos no reviste demasiada importancia es absolutamente grave para nuestro país. Si estamos –están– apostando por el futuro, un futuro en el que las comunicaciones juegan un papel clave no podemos permitir que exista esta absoluta laguna legislativa en lo que a instalación de antenas se refiere. Hay mucho en juego, demasiado como para no tomar cartas en el asunto de forma urgente. Por una parte, nos encontramos no ya con las altísimas inversiones que están llevando a cabo las diferentes operadoras sino con que los ciudadanos se van a ver incapaces de acceder a unos servicios que para muchos de ellos impacta no sólo en su vida profesional, sino en la social. Esta rocambolesca situación que se está representando en nuestro país no tiene ninguna razón o base coherente y además, es el único país en Europa donde está teniendo lugar. Aquí, sin duda alguna sí que somos diferentes. Tan diferentes que puede que de seguir así nuestro país quede relegado a unas posiciones que nos distanciarán cada vez más de los demás países europeos. Lo que falta como casi siempre que se dan situaciones incontroladas e irracionales es información, pero información seria y rigurosa y, por supuesto, basada en análisis científicos. Y lo que nos sobra es alarma social injustificada. Cierto que para todos el futuro es incierto pero mientas para unos pocos puede significar progreso para otros puede significar miedo. Y si unimos la falta de información con el miedo el panorama resultante es un futuro desolador.
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