Economía digital | Artículos | 01 JUL 1999

Químicos

La magia sigue presente
Piedad Bullón.
La figura del químico actual está muy alejada del tópico clásico. En sus laboratorios hay más ordenadores que probetas. Son capaces de simular explosiones y de crear casi de la nada nuevas moléculas que podrían formar parte de una exposición de arte más que conceptual, tan hermosas las consideran. Claro que hay otras especialidades en las que no se puede inventar nada y los químicos siguen allí, al pie de laboratorio o en las bodegas, donde productos tan familiares y apreciados como el vino, o tan aparentemente vulgares como el agua, siguen planteando preguntas sin fin. Porque, como en todas las ciencias, cuanto más se avanza más camino queda por andar.

Agustí Lledós agusti@klingon.uab.es dirige un grupo de investigación de Química Teórica en la Universidad Autónoma de Barcelona. En su grupo, para hacer química, se sirven exclusivamente de ordenadores: modelizan procesos químicos con herramientas que vienen de la física cuántica y que, traducidas a un software muy sofisticado, permiten el estudio de la química molecular. “Aunque nosotros no trabajamos en laboratorios convencionales —dijo el profesor Lledós— estamos en permanente contacto con químicos de laboratorio porque, gracias a las herramientas que usamos, les ayudamos a medir lo que ellos, con los sistemas tradicionales, no podrían. Nuestra especialidad alcanzó su mayoría de edad gracias al desarrollo de la informática. Con Internet empezamos hace mucho tiempo, usando el correo electrónico. Después hemos seguido la evolución de la propia Red. Antes del boom de Internet ya trabajábamos con ordenadores remotos, pero Internet supone, sobre todo, búsqueda de información e intercambio de la misma en formatos cada vez más sofisticados. La información es fundamental en todos los procesos de investigación”.
Las revistas científicas han sido tradicionalmente el medio por el cual los químicos se mantenían al día sobre los desarrollos de esta ciencia. Hoy la fuente es la misma, y la competencia entre las es enorme. El producto de una investigación se medía —y se mide— a partir del momento en que se publica en estos medios prestigiados por el rigor de años. Internet ha venido a modificar no poco los sistemas de evaluación y de publicación. Hoy en día, cuando ya todas las revistas tienen su versión electrónica, se considera que un resultado es público en el momento en el que aparece en la Red. El papel no ha sido sustituido, pero sí ha introducido un cambio de mentalidad.
“En relación con el rigor en los filtros de la información que aparece en las revistas en línea —explica Lledós— hay que distinguir dos grupos: las publicaciones de toda la vida, que se han metido complementariamente en el formato electrónico y las que sólo tienen vida en este formato. Es posible que el descenso de calidad o de rigor pueda darse en estas últimas, porque no sabemos las evaluaciones que ha sufrido un artículo, pero ciertamente no en las otras. Estas revistas científicas en papel son muy caras. Lo que ahora hacen las editoriales es añadir un sobreprecio a los departamentos universitarios por facilitarles los ejemplar en formato electrónico. Aunque el precio no se duplica, hay que hacer un esfuerzo económico suplementario unido a la lucha por convencer a la maquinaria burocrática de la conveniencia de suscribirse. Todavía hoy hay gente en las universidades que no entiende que si queremos competir a un cierto nivel, necesitamos tener los mismos medios que los mejores centros de investigación del mundo, y eso requiere tener las revistas accesibles desde tu despacho y no en un anaquel de la biblioteca de la facultad.”

El tiempo, el bote y la bodega
Fuera del mundo científico es difícil entender la prisa que tienen estos hombres por conocer los últimos avances en las especialidades en que trabajan, así como dar a conocer lo que hacen. Necesidad que se ha acentuado con Internet. Desde dentro, la perspectiva es muy otra. Si un científico quiere conocer las corrientes actuales en los temas más candentes y a un cierto nivel, la prontitud con la que lo consiga parece un factor decisivo, y según el profesor Lledós, incluso perverso. “A veces no están contrastados los resultados, porque el medio nos empuja. A pesar de todo hoy tenemos una serie de métodos o programas que han permitido que cualquier químico acceda a la química teórica. A ese nivel de uso, la química teórica va siguiendo la evolución de una disciplina que camina cada vez más claramente hacía la bioquímica. Todo ello ha sido posible gracias a que los ordenadores de hoy permiten analizar moléculas de más de quince átomos. Es decir, ahora se puede hacer en un ordenador la misma química que se hace en un bote. Ahí está la gran revolución. Ahora bien, no se puede negar que hay un problema generacional en el uso de Internet y de los ordenadores. La gente joven, que se está formando ahora en investigación, incorpora mucho más rápido que yo las nuevas herramientas; las usan mucho más naturalmente que yo, que entro más despacio. Hay que reconocer que es una revolución y que ya son imprescindibles, aunque no mejoran el trabajo. La cantidad de información y la velocidad con la que todo sucede hace que, por ejemplo, las presentaciones de los alumnos, ayudados por las nuevas herramientas, sean muy vistosas, pero a veces la forma se come el fondo”.
El profesor Josep Guasch Imprimir Subir

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