Innovación | Noticias | 11 ENE 2016

Los 'wearables' que se cargan con actividad física serán pronto una realidad

Investigadores del MIT han anunciado que los dispositivos que monitorizan el ejercicio podrán alimentarse por los movimientos del usuario. El método consiste en convertir la flexión en energía mediante el uso de principios electroquímicos.
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Mario Moreno

Los wearables y otros dispositivos móviles son cada vez más completos y sofisticados en cuanto a utilidades y desarrollo de aplicaciones. Sin embargo, la autonomía sigue siendo una de las grandes barreras que más preocupa a los clientes y que tiene un amplio margen de mejora por parte de las empresas. Se trata, sin duda, de un factor que limita sobremanera las capacidades de los wearables. Investigadores del MIT han anunciado esta semana que han encontrado una manera de convertir pequeños movimientos de flexión en energía. Los dispositivos que a menudo se utilizan para monitorizar el ejercicio y el estado físico podrían alimentarse directamente de los movimientos del usuario cuando realiza la actividad.

La tecnología de estos aparatos utiliza dos láminas delgadas de aleaciones de litio como electrodos, con una capa de polímero poroso empapado con electrolito líquido en el medio. Cuando se dobla ligeramente, el material compuesto en capas produce una corriente eléctrica en el circuito externo entre los dos electrodos, que puede ser utilizada para alimentar otros dispositivos. Desde el MIT han observado que la colocación de un pequeño peso en extremo podría causar que el metal se doble como consecuencia de los movimientos normales de la persona. De este modo se podría conseguir una carga continua de la batería durante el uso del dispositivo.

 

Fricción: un método obsoleto de obtener energía

La publicación del procedimiento del MIT para la autoalimentación de este tipo de wearables no ha sido la única por parte de los distintos fabricantes. Ha habido multitud de intentos de aprovechar la energía de pequeños movimientos, pero la mayoría se basan en la fricción. También ha habido pruebas en el campo de los piezoeléctricos, utilizando cristales que producen un pequeño voltaje cuando se doblan o comprimen.

“Estos enfoques tienen alta impedancia eléctrica, rigidez a la flexión y pueden resultar muy caros”, aseguran desde el MIT. Mediante el uso de principios electroquímicos, en cambio, la nueva tecnología es capaz de cosechar energía a partir de una gama más amplia de los movimientos y actividades naturales. “Los dispositivos de prueba han demostrado ser muy útiles y estables, manteniendo su rendimiento después de 1.500 ciclos”.

Otras aplicaciones potenciales incluyen dispositivos biomédicos o sensores de tensión integrados en carreteras, puentes o incluso teclados, según sugieren desde la organización. 

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