El fenómeno Comelta

El fenómeno Comelta no está pasando desapercibido, y menos aún para su competencia. Su marcha ascendente en los últimos años ha provocado reacciones por encima del lógico y comprensible estadio de curiosidad. No es muy corriente que una empresa con múltiples problemas -especialmente financieros- e imagen duramente deteriorada, logre sobreponerse a la adversidad, recupere crédito, atraiga la atención, y gane confianza en un mercado donde los errores se pagan carísimos. Y es que Comelta, en el inicio de su ciclo de revitalización, partía con el implacable lastre de signos negativos en los órganos vitales y dinamizadores en el lanzamiento y despegue de cualquier empresa. Recomponer la figura sobre unas bases maltrechas y una historia nefasta, convenientemente aireada y conformada a gusto de interesados competidores, más que un reto significaba una apuesta preñada de osado optimismo.

La lectura por la ejemplarizante evaluación de Comelta nos lleva a destacar -por encima de otras consideraciones que podrían hacerse- cómo una empresa con capital cien por cien español ha sabido salir del atolladero y auparse, basándose en la machacona y reiterativa obsesión de demostrar la calidad de sus productos, decir la verdad de lo que eran capaces de suministrar, y cumpliendo sus promesas. Estas cartas credenciales, que deberían sintetizar la norma de comportamiento de las empresas que no incluyen a foráneos en su capital social, contrastan con quienes ensalzan como emblemática virtud el ser empresa intrínsecamente pura en el parámetro nacional de sus accionistas, y anteponen este atributo y lo magnifican frente a las condiciones esenciales del objeto de un contrato.

Previsiblemente, Comelta puede haber alcanzado en el ejercicio económico de 1996 una facturación cercana a los 6.500 millones de pesetas. Han necesitado para llegar a esta cifra, vencer reticencias, incluso, en organizaciones que le son allegadas, admitiendo el usuario una pequeña partida de equipos y comprobando, mediante estadísticas, que sus equipos fallaban menos que los de otros suministradores. A partir de este significativo dato, la gran cuenta decidió incrementar sus adquisiciones con Comelta, batiendo todos los cálculos imaginables. Este efecto, aunque no en cuantía de suministro semejante, se ha repetido con nuevos clientes incorporados, haciendo posible la ostensible mejoría en la cuenta de resultados. Con esta siembra de satisfacciones encadenadas, el ejercicio de 1997 promete ser excelente, si mantiene con los clientes el nivel de confianza que se ha ganado a pulso.



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