| Artículos | 28 MAY 2004

¿Quién frena el despliegue de UMTS?

Los operadores sortean los obstáculos para extender esta tecnología
Jacinto Canales.
La gran mayoría de los estados miembros de la UE ha adjudicado desde hace algunos años, y tras seguir procedimientos de distintas índoles, las licencias de tercera generación (3G). Sin embargo, los ciudadanos aún no podemos disfrutar de los servicios asociados a estas tecnologías, a pesar de las estimaciones que hablaban del 2002. Las operadoras, los Estados y los usuarios más avezados habían generado unas expectativas que al día de la fecha todavía no se han cumplido debido a diferentes dificultades con las que se está encontrando el sector.

Los expertos consideran que el desarrollo de las comunicaciones 3G, tanto de voz como de datos, es un elemento clave para el desarrollo de la Sociedad de la Información. El ancho de banda que proporciona UMTS lleva asociado una cantidad importante de servicios que harán del terminal móvil un elemento utilizado para gran cantidad y variedad de asuntos relacionados con la vida cotidiana de profesionales en particular y de ciudadanos en general. El streaming video y de música, la videoconferencia y la voz paquetizada, los servicios de walkie-talkie, el acceso de alta velocidad a las redes privadas corporativas, las transacciones bancarias, los servicios basados en posicionamiento y tantos otros, serán servicios prestados en terminales móviles gracias a UMTS.
Pero como decíamos al principio, existe un considerable retraso en el despliegue de estos servicios que requieren de una interacción compleja entre los distintos actores que juegan importantes papeles como son los operadores móviles que proporcionan la infraestructura de transporte, los fabricantes de terminales que ponen el dispositivo a través del cual recibiremos los servicios, los desarrolladores de software que generan las aplicaciones que nos permitirán disfrutar del servicio en sí, los desarrolladores de contenidos que han de crear los contenidos a los que se podrá acceder y los usuarios finales que son los que disfrutarán de todos los servicios ofrecidos y los que a la postre pagarán todo el entramado.
Podríamos cifrar las causas del retraso referido en las siguientes:
Primera: la tendencia económica del momento, que como de todos es sabido no ha sido muy halagüeña en los últimos años y mucho menos en el sector de las telecomunicaciones. Las operadoras invirtieron cantidades considerables en las licencias de uso del espectro a un precio desorbitado endeudándose de manera significativa, lo cual les ha restado margen de maniobra en un momento en el que el despliegue físico exigía una importante aportación económica.
Segunda: Han existido problemas tecnológicos relacionados tanto con los terminales móviles como con las redes de comunicaciones. Por el lado de los terminales móviles, los fabricantes no han tenido a tiempo dispositivos 3G disponible que fueran capaces de mantener la dualidad necesaria para el uso alternativo 2G y 3G. Estos problemas han estado relacionados con la propia tecnología interna de los aparatos, hasta incluso el aspecto físico, ergonómico y de suministro de energía (baterías) que soportará el importante consumo energético que requieren los servicios asociados. Por el lado de las redes de telecomunicaciones hay que tener en cuenta que el enlace radio es mucho más complejo y más sensible a los factores del entorno que en GSM, por lo que los obstáculos, la vegetación y el perfil del terreno son mucho más significativos, lo cual implica que un operador tiene que hacer un estudio muy elaborado y costoso para determinar la colocación de estaciones base. A esto, hay que añadir que UMTS requiere más estaciones base que GSM, y no siempre se pueden colocar junto a estaciones base de segunda generación. Esto conlleva que la adquisición de nuevos lugares donde ubicar físicamente las estaciones base es complicada, costosa y no carente de un importante rechazo social, causa que se explicará posteriormente.
Tercera: Ha existido una merma de mercado potencial y problemas de estrategia de marketing. De un lado tecnologías como WirelessLAN (redes inalámbricas de ámbito local) se ha “comido” una parte del mercado UMTS en los últimos años, lo cual hace que los inversores ejerzan aún más cautela a la hora de invertir en UMTS. Por otra parte, los operadores móviles quieren explotar primero las redes 2.5G (GPRS en particular), antes de proceder al despliegue masivo de 3G. Se trata de una simple estrategia de marketing; hasta que no se sature el mercado para GPRS (que sólo está empezando a desarrollarse), no hay que esperar que los operadores bajen la barrera para el uso de UMTS.
Cuarta: la reglamentación administrativa respecto al despliegue también ha jugado un papel importante, ya que, en el caso de España la obligatoriedad de amplia cobertura estaba reñida con la disponibilidad de los equipos por parte de los fabricantes y con las expectativas realistas de cobertura del operador limitada a ciertas zonas urbanas. Por ello, el regulador, a la postre, decidió alargar los plazos de despliegue.
Quinta: El factor social y el rechazo de parte de la sociedad a la instalación física de las antenas de los móviles por casos relacionados con la emisión electromagnética y la salud como el del Colegio García Quintana de Valladolid, donde han aparecido hasta 5 casos de cáncer en alumnos del citado colegio que estuvo situado junto a un bosque de antenas. Hechos como este han jugado un papel importante a la hora del despliegue de la red física lo que en España se ha visto agravado por ser los ayuntamientos, que es precisamente la administración pública más cercana al ciudadano y por lo tanto más influenciable por este, el encargado de otorgar las licencias de obra para la instalación física de las antenas, lo que ha supuesto que en muchos casos se haya paralizado la concesión de licencias que permitieran la instalación física de las antenas.
Al margen de todas estas razones, es posible que se haya producido un frenazo en el despliegue 3G porque era precipitado correr tanto y por lo tanto, la espera era necesaria. Se trataba de lanzar unos servicios nuevos en el marco de un entorno recesivo y de incertidumbre tras una época de inflación tecnológica que produjo una saturación del mercado con tecnologías que iban por delante de las necesidades reales de los usuarios. Esta espera ha sido necesaria para madurar la tecnología y para desarrollar el mercado con servicios sobre tecnologías intermedias que han ido preparando al usuario. La clave del éxito futuro estará en que los nuevos servicios aporten un valor real a los usuarios.
De cualquier manera, los operadores móviles están consiguiendo aplacar los efectos de los factores expresados. Pese a la situación económica actual, los operadores han aplicado una política de eficiencia empresarial que está demostrando su éxito en las cuentas saneadas de los mismos, permitiendo un mayor despliegue de la red UMTS y la inversión en nuevos equipos y sistemas que proporcionen servicios avanzados atractivos, como el subsistema IMS de próxima implantación que proporciona soporte para servicios multimedia como la videoconferencia, streaming, mensajería y otros. Están presionando a los fabricantes de terminales y a las administraciones públicas para, por una parte, tener cuanto antes terminales adecuados y por otra, relajar las condiciones normativas. Por último, para intentar reducir el factor social negativo han establecido u

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