por María Ramos Domínguez

El reto de la tecnología pasa por su sostenibilidad

reportaje
21 JUN 20247 minutos
Centro de datosDiversidad e inclusiónGreen IT

La adopción de nuevas tecnologías, desde la nube a la inteligencia artificial, pasando por redes sociales o smartphones, está impulsando importantes avances en múltiples áreas de la sociedad. Pero estos vienen con un coste añadido: su impacto medioambiental. En el difícil equilibrio entre innovación y sostenibilidad se juega su consolidación.

especial sostenibilidad 2024
Créditos: Computerworld

El impacto de las nuevas tecnologías es innegable. 5.600 millones de personas, el 69% de la población mundial, tenían un servicio móvil suscrito en 2023: se estima que la contribución de esta industria al PIB mundial fue del 5,4%, 5,7 billones de dólares. Ese mismo año se calcula que había 15.100 millones de dispositivos IoT, una cantidad que se doblará para 2030. Para ese año, la inteligencia artificial, la tecnología de moda, podría llegar a contribuir con 15,7 billones de dólares a la economía mundial. La que fuese tecnología de moda hace unos años, la nube, tenía perspectivas igualmente prometedoras: se esperaba que aportase 449.000 millones de euros solo al PIB europeo. Pero todo beneficio tiene un precio, y en el caso de la tecnología, uno de los principales costes es su impacto medioambiental.

La cara B del avance tecnológico

Para comprender el impacto medioambiental de las TIC es imprescindible conocer el ciclo completo de vida de las tecnologías. Sofía Bergareche, project manager de Forética, organización centrada en la sostenibilidad y responsabilidad social empresarial, resume los principales retos: “El impacto ambiental de los procesos extractivos y la presión sobre la naturaleza, el impacto social de derechos humanos y de corrupción en la extracción e intermediación, estando muchos de los emplazamientos en zonas de alto riesgo, o el aseguramiento del suministro ante el incremento de conflictos geopolíticos”.

Fernando Tucho, profesor titular en el área de Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos, destaca que “a veces nos centramos solo en las emisiones de CO2 y se olvida el impacto completo”. Tucho remite a las violaciones de derechos humanos en la extracción de materiales como el cobalto en países la República Democrática del Congo o el oro en Colombia, denunciadas por distintas organizaciones, o el uso de productos químicos, “que se siguen utilizando porque son más económicos”, junto con las emisiones de CO2 derivadas de la producción y el transporte. A la fase de uso, en la que entraría el consumo energético del empleo del dispositivo, habría que añadir que estos elementos “se diseñan con la obsolescencia programada, lo que lleva a una renovación continua”. Frente a esto, los últimos avances legislativos en Europa quieren promover el derecho a la reparación, que facilite el arreglo de dispositivos, reduzca los residuos e impulse un consumo tecnológico más sostenible.

Cuando estos costes se trasladan a cifras, el balance resulta impactante. En 2022 se produjeron 62 millones de toneladas de residuos tecnológicos y se espera que la cifra aumente en un 32% para 2030. Actualmente, solo se recicla un 22% de estos desechos. Los centros de datos y las redes de transmisión de información son responsables de un 1% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía. El consumo eléctrico combinado de los data centers, la inteligencia artificial y las criptomonedas en 2022 podría doblarse para 2026, pasando de 460 teravatios/hora a más de 1.000: una demanda similar a la de Japón.

David Blázquez, responsable de Relaciones Institucionales para Infraestructura y Energía en Iberia en Amazon Web Services (AWS), reconoce el reto. “Sabemos que la IA requiere mucha potencia informática y estamos trabajando para que nuestros centros de datos funcionen de manera más eficiente, al mismo tiempo que utilizan electricidad proveniente de fuentes 100% renovables”. Blázquez explica que esto se alinea tanto con el compromiso de la compañía como con la Estrategia de Inteligencia Artificial española, que apela a emplear la IA “para mejorar la sostenibilidad y la responsabilidad ecológica”.

Para Bergareche, “todo ello podría obligar a la industria tecnológica a reformular sus modelos de operación: rediseñar los centros de datos para minimizar el consumo de agua, fomentar el uso de energías renovables o la minimización de residuos electrónicos en los formatos as a service, y en cualquier caso, alinearse con la normativa aplicable en cada ámbito”.

El consumo de agua que cita Bergareche es otro de los temas candentes cuando se habla de tecnología y sostenibilidad. Las principales tecnológicas lo recogen en sus balances medioambientales. Google habla de 21.198 millones de litros de agua empleados en 2022, mientras que han reabastecido 1.025 millones a través de distintos proyectos. El consumo de agua de Microsoft subió de 6,3 millones de metros cúbicos de agua en 2022 a los 7,8 millones en 2023, un 23% más. En este año, han firmado iniciativas de reabastecimiento por 25,4 millones de metros cúbicos, que prevén tarden de uno a tres años en dar fruto. Amazon habla de una reducción del 24% en los litros de agua por kilovatio/hota empleados en sus centros de datos, pasando del 0,25 al 0,19. Las tres compañías tienen el compromiso de ser positivos en agua antes de 2030.

Blázquez ejemplifica cómo se espera lograr esto en la red de data centers en Aragón de AWS. En uno de los municipios colaboran con FIDO Tech, una empresa de detección de fugas de agua a través de soluciones en la nube, en un proyecto que “reduce la pérdida de agua por fugas en aproximadamente 33 millones de litros por año”. Otra de las iniciativas “se centra en aumentar el flujo viable de agua a las comunidades y evitar que la contaminación alcance el río Ebro”. Con la asociación Mediodes colaboran “para entregar las escorrentías de los campos agrícolas cerca de nuestros centros de datos con el fin que se filtren de forma natural en los árboles. Se espera que este proyecto evite la contaminación del río Ebro y entregue 864 millones de litros de agua a la comunidad anualmente”.

La respuesta frente al reto de la sostenibilidad

Frente a esta situación, la industria tiene dos alternativas: aprovecharlo y aprovechar las herramientas en su mano o esperar a que sea algo imperativo. Las grandes tecnológicas, en mayor o menor medida, están apuntándose al primer grupo. Tucho recuerda cómo “fueron bastante reticentes durante mucho tiempo a dar datos, porque eso supone que podrían dar información a la competencia. Pero de un tiempo a esta parte se han dado cuenta de que la sostenibilidad era parte de su responsabilidad social corporativa y empiezan a tomárselo más en serio”. Alerta, eso sí, frente a prácticas como la compra de bonos de carbono, que se han visto ya investigadas como greenwashing o medidas ecológicas que disfrazan acciones no sostenibles.

Desde AWS se visibiliza la tecnología al servicio de la lucha contra el cambio climático. “Es uno de los mayores desafíos del mundo, y la inteligencia artificial (IA) y el aprendizaje automático (ML) pueden ayudarnos a cumplir nuestros objetivos climáticos a la velocidad, escala y urgencia que requiere nuestro planeta”, señala Blázquez.

Sofía Bergareche destaca el papel de la Administración. “Tanto las instituciones europeas como las nacionales están impulsando medidas para regular todos los sectores económicos y aumentar los requisitos de sostenibilidad para las empresas”. Como ejemplo, a la citada Estrategia española de IA se le suman otras medidas desde Europa, donde se están impulsando medidas sobre, por ejemplo, eficiencia energética en centros de datos. Con todo ello, añade Bergareche, “las empresas se están enfrentando a un tsunami regulatorio en materia ESG”. La solución pasaría por “seguir impulsando la innovación y la inversión en tecnologías sostenibles, que les permita reducir su huella ambiental, desarrollar un modelo de negocio que sea viable a largo plazo y anticiparse a las presiones regulatorias que están por venir”.

La investigadora Coral Calero lo explica así. “La tecnología está para ser utilizada y ha venido a facilitarnos la vida. Pero ahora que ya está desarrollada tenemos que echar un poquito el freno y empezar a ver qué es lo que supone todo ese uso. ¿Quiere esto decir dejar de usar la tecnología? No. Quiere decir […] cómo hacerlo teniendo en cuenta el coste energético”.

Industria, academia y sociedad parecen estar de acuerdo en que el avance tecnológico es imparable; de lo que se trata es de cómo gestionar este avance para que el coste medioambiental no lo haga inviable a largo plazo.