Economía digital | Artículos | 01 JUN 2003

Aspectos técnicos sobre tipografía aplicada a web (II)

Francisco Poupín y Teresa Velasco.
Trabajar con tipografía para mostrar textos desde dispositivos digitales implica una serie de dificultades específicas del medio que, en muchos casos, nada tienen que ver con el mundo de la impresión, dificultades derivadas tanto de los dispositivos de salida como del software de diseño.

En nuestro anterior artículo estudiamos algunas de las consideraciones a nivel técnico pertinentes a la hora de hacernos con una biblioteca de tipos o seleccionar un tipo en concreto para un trabajo determinado. Por si no fuesen pocas todas aquellas dificultades, existe todo un mundo de restricciones, muchos inconvenientes y escollos a superar a la hora de redactar y maquetar textos para medios digitales. A continuación estudiaremos las principales de estas dificultades e iremos proponiendo las soluciones de diseño más comúnmente aceptadas.

Los dispositivos digitales de salida de imagen
Nos ocuparemos de dos, principalmente: los monitores CRT y TFT. Cualquiera de los dos constituye un medio más que impropio para la lectura.
El funcionamiento de un monitor es técnicamente el opuesto a un medio impreso, primero porque los monitores son emisores de luz mientras que los medios impresos son receptores, y segundo (consecuencia directa del anterior punto) porque unos funcionan según un modelo aditivo de color y otros siguen un modelo sustractivo.
Los medios impresos reflejan la luz recibida, y generan los distintos colores gracias a que los pigmentos de tinta que impregnan el papel sustraen distintas longitudes de onda de dicha luz. En cambio, un monitor esta compuesto de focos de luz (unos haces de rayos catódicos que estimulan una capa fosforescente en un CRT, diminutos transistores que gestionan los píxeles en un TFT) que añaden tonos de rojo, verde y azul para componer los distintos colores. Por ejemplo, la tinta cyan en realidad está constituida por pigmentos que sustraen de la luz reflejada las longitudes de onda correspondientes al rojo; en un monitor el color cyan se conseguiría mediante la suma de los colores verde y azul. El color amarillo, en cambio, se obtiene en papel mediante la absorción de las longitudes de onda correspondientes al azul, y en un monitor CRT se reproduce utilizando los fósforos verde y rojo. De ahí que hablemos de modelo aditivo (la pantalla), frente a sustractivo (el medio papel).
Los monitores CRT, que son de momento los más extendidos, se basan en un tubo proyector de rayos catódicos (de ahí su nombre, cathode ray tube). Aquí radica su primer inconveniente: el usuario se encuentra mirando fijamente a un foco de luz. A pesar de los filtros de pantalla, estándares de pantalla de baja radiación y demás, un monitor CRT siempre supone una agresión a la vista porque sigue siendo un foco al que miramos frontal y fijamente (y a muy corta distancia, además). El tubo de un CRT dispone de un cañón de rayos que mediante un haz de electrones traza una serie de líneas a grandísima velocidad, del mismo modo que nuestro ojo realiza un barrido sobre cada línea de texto al leer, dibujando el contenido de la pantalla x veces por segundo; este número de veces es lo que se denomina frecuencia de actualización. Una frecuencia menor de 60 Hz es suficiente para provocar una considerable fatiga visual en períodos prolongados de lectura pero, aún con frecuencias como la citada y superiores, se produce, aunque en menor medida, dicha fatiga.
Los monitores son, además, sistemas de muy baja calidad de salida, por más que se hable de monitores de alta resolución. La resolución de un monitor típico será de 72/96 puntos por pulgada, y los mejores que se pueden conseguir no superan los 150. Esta calidad, que supone una grandísima mejora con respecto a ciertos dispositivos de salida de imagen como las televisiones convencionales, que apenas alcanzarían los 55-60 dpi, no resiste la comparación frente a un dispositivo de impresión profesional, que rebasa, en ocasiones con mucho, los 1.200 dpi (la resolución de impresión se mide en realidad en puntos de medio tono por pulgada o lpi, pero eso se escapa del objeto del presente artículo).
Esta diferencia de resolución se compensa, en el caso de fotografías o imágenes de bajo contraste, gracias a un espectro de color más amplio en el caso de las pantallas, y en una mucho mayor viveza de los colores resultado de la emisión de luz frente a la reflexión del papel (aunque la correcta reproducción del color depende de la calibración del monitor por parte del usuario y de una apropiada luz ambiental). Si bien esta relativa equidad en la calidad de las imágenes es opinable, donde no hay lugar a discusiones es a nivel de tipografía, especialmente en textos extensos. Las pantallas tienen un largo camino que recorrer antes de convertirse en dispositivos adecuados para la lectura.
Todo lo anterior viene a demostrar un único punto: un monitor no es el dispositivo más apropiado para leer textos extensos, primero porque la propia mecánica de su funcionamiento (máxime en el caso de un CRT) supone una agresión a la vista que provoca como mínimo fatiga visual, y segundo porque su calidad a la hora de reproducir texto extenso es más que deficiente. ¿Qué soluciones se han elaborado para combatir estas deficiencias? Aquí trataremos las siguientes: el denominado antialiasing, el hinting, las fuentes específicas para pantallas, como son las pixel fonts (también llamadas screen fonts) y webfonts, y la nueva tecnología ClearType.

Antialiasing
El antialiasing, o el difuminado de las fuentes, consiste en calcular el tono de gris que le corresponde a cada píxel según

Comentar
Para comentar, es necesario iniciar sesión
Se muestran 0 comentarios