Economía digital | Artículos | 01 SEP 2000

C2C: el triunfo del usuario

Carolina Miyata.
Más allá de definiciones económicas, el C2C o comercio electrónico entre usuarios finales/consumidores supone el retorno de mecanismos transaccionales originarios de la economía tradicional. Desde la fiebre de subastas online, generalistas con grandes concentradores como el mítico eBay o especializadas dedicadas a determinados nichos de mercado, hasta las emergentes redes de trueque, se crea un nuevo espectro donde el usuario final fluctúa entre posiciones de comprador y vendedor. El cierre de este círculo que puede ser la economía digital se cierra con la posibilidad de adquirir bienes intangibles: subastas de conocimiento.

El inicio de Internet como entorno abierto al usuario final y proyectos electrónicos comerciales ha estado protagonizado por el éxito de herramientas de ayuda en las actividades e intereses del usuario. Yahoo!, como estandarte de negocios puramente online, representa una lista inagotable de herramientas, aplicadas asimismo al mundo del comercio electrónico. Comparadores de precios, agentes de compras o shopbots son denominaciones de funcionalidades propias de Internet cuya misión no es sino servir de soporte en el uso de servicios ofrecidos por la propia Internet, esto es, el e-commerce.
Bajo este prisma surgen diferentes fórmulas que vienen a dibujar escenarios para la compartición de productos y servicios entre usuarios. Entre ellas, las subastas online suponen uno de los fenómenos más reconocidos en los negocios online por aprovechar las ventajas implícitas en el medio Internet y maximizarlas en sus resultados.
El modelo de las subastas representan para el comprador/vendedor particular la escena ideal para el inicio de intercambios comerciales nunca antes imaginados desde semejante óptica internacional. Así, las barreras geográficas y físicas –en la compra/venta de bienes materiales– quedan reducidas a un simple clic de ratón, redundando en la capacidad casi infinita de oferta y demanda. Además, la combinación “mágica” de dichas subastas electrónicas reside en la existencia de una interacción real entre la oferta y la demanda que convergen en un espacio virtual.
Otra de las razones que han conducido al éxito a estos sitios web, cuyas características no dejan de suponer un hito en las oportunidades accesibles por el usuario final, es la dificultad para encontrar o la especialidad de los productos ofrecidos. Así, eBay ha proliferado de boca en boca (marketing viral) gracias a la gama inmensa de productos diariamente subastados, de la misma forma que multitud de subastas online surgen a raíz de centrar su negocio en productos determinados especializados y, en ocasiones, complicados de adquirir.
En cifras, de acuerdo con un estudio de la consultora Jupiter Communications, el crecimiento de las subastas electrónicas experimentará hasta un 46% anual, alcanzando los 4.500 millones en 2004 y 6,5 millones de usuarios en 2002. Esto se traduce, de acuerdo con las previsiones de la consultora, en un 11% de las compras electrónicas que se realicen en el próximo año 2002.

Usuarios unidos: grupos de compra
Las actividades de compra de productos a través de la Red es también el sentido de los denominados grupos de compra online, es decir, usuarios/consumidores que encuentran en la organización interna medidas de presión/asesoramiento para el sector de consumidores en general. Se trata de proyectos híbridos, más cercanos al tradicional infomediario (intermediario que ofrece la plataforma y servicio de información de actividades).
Nuevamente, se trata de actividades implícitas en la economía real o tradicional que resurgen en la escena digital con más fuerza por varios motivos.
Las características varían en función sentido final de sus objetivos. A partir de las míticas ya comunidades de intereses (COI) o usuarios reunidos en torno a temas y aspectos comunes centrados en proyectos conjuntos, surgen sites dedicados a dar voz a opiniones en torno a productos y servicios comerciales. Dooyou.com o Ciao.com centran sus actividades en permitir el comentario/asesoramiento frente a potenciales compras, realizados directamente desde el usuario consumidor.
Un paso más allá, se sitúa los citados grupos de compra online. Se trata de sites que, desde el modelo de subasta inversa, permiten la disposición de demandas de productos conjuntas a partir de las cuales, bien se reducen el precio del producto demandado según se adscriban más consumidores, bien comienzan a exponer sus ofertas los proveedores interesados en satisfacer tal demanda al precio más reducido susceptible de ofrecer. El mecanismo para la organización simultánea, variada y accesible por cualquier usuario es completa desde la más estricta intimidad.
Porque estos modelos iniciales de C2C mantienen una de las mayores ventajas de las transacciones electrónicas –además de la comodidad en su operabilidad–, se trata del anonimato intrínseco en los servicios públicos de Internet. La evolución de herramientas que conjugan la facilidad en la extracción de datos útiles (tipo de producto, tipo de entrega, precio, gestión del proceso, últimas conductas del vendedor en dicho site, opiniones de otros usuarios, etc.) con el anonimato final del usuario vendedor (respecto a cualidades básicas en el mundo real para la interacción con otro agente).

El trueque se hace digital
Sin lugar a dudas, una de las tendencias con más perspectivas de aprovechar las ventajas infraestructurales, informativas y logísticas de Internet son las actividades de trueque. Un paso más avanzado a actividades de intercambio básicas, posibles en múltiples sites comerciales, aparece esta renovada fórmula también aplicable al entorno C2C.
Actividad milenaria y origen de las primitivas transacciones económicas, el resurgimiento de redes de trueque en la escena digital responde a un hecho evidente: la sencilla interconexión entre demandantes y oferentes de productos o servicios da como resultado un “fino” ajuste entre las nec

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