Economía digital | Artículos | 01 JUL 2004

Doce competencias para hablar en público

José Enebral.
Hace poco, un amigo me preguntó si podría dar un curso de “Presentaciones eficaces” para una empresa, y quedé en enviarle mi propuesta. Me pregunté qué rasgos competenciales distinguen a los presentadores eficaces, y qué otros rasgos suyos pueden dar al traste con una presentación. Pensé en el pensamiento conceptual, en la disciplina dialéctica, en la confianza en uno mismo, en la empatía, en el didacticismo...; podían ser más, pero hice una lista de 12 soft skills que parecían necesarias en las presentaciones y que, lógicamente, también contribuían a mejorar otras tareas. No sé si el cliente esperaba un curso clásico, pero no he recibido una respuesta. Confío, sin embargo, en que la formación por competencias se vaya abriendo paso, y que, incluso, las acciones formativas se vayan titulando directamente “Pensamiento conceptual”, “Perspectiva sistémica”, “Conocimiento intuitivo”, “Espíritu de comunidad”, “Serendipidad”, “Autotelia profesional”, etc.

Creo, efectivamente, que la auténtica reingeniería de la formación continua no será tanto el e-learning o b-learning como el competency movement, bien entendido. Pero de esto habría mucho más que hablar, y aquí sólo deseo ser fiel al título del artículo. Durante años, los seminarios para directivos han sido útiles para diferentes fines, pero no podemos asegurar que hayan contribuido mucho a la mejora del desempeño, en las tareas o funciones respectivas: reuniones, presentaciones, negociaciones, toma de decisiones, ventas... Tampoco serviría mucho al aprendizaje la formación por competencias, si no se dieran pasos sólidos en el desarrollo de las mismas. Algunas grandes empresas con plataformas de e-learning han incorporado breves cursos on line que se titulan “Compromiso”, “Iniciativa”, “Creatividad”, “Influencia”, etc., pero no cabe pensar que los usuarios puedan mejorar visiblemente estos rasgos competenciales tras 2 ó 3 horas on line, ni consta que se proporcionen siempre las claves para un futuro autodesarrollo, ni sabemos por dónde saldrá el ahora postulado b-learning. Ojalá se acierte con el método, pero, sobre todo, creo yo que hay que acertar con el contenido.
Puede que mis colegas y yo hiciéramos el análisis muy precipitadamente, pero dimos con 12 rasgos que habíamos echado a veces de menos, asistiendo a presentaciones; aunque también debo decir que he conocido a magníficos presentadores y conferenciantes, y que los conservo en el recuerdo. Si tuviera que hacer dos grandes bloques, separaría los que hicieron gala de soltura y confianza en sí mismos (“tablas”), de los que mostraron cierta torpeza y temor. Pero caben otras divisiones, y también recuerdo casos en que la confianza en sí mismos se convertía en arrogancia o jactancia, lo que siempre produce rechazo en una parte de la audiencia. Asimismo, sé de casos en que el presentador creía saber más del tema que los asistentes, pero estaba equivocado; no obstante, dejaré a un lado lo del conocimiento del tema para referirme a las soft skills.

Pensamiento conceptual
He sufrido transparencias (o pantallas de PowerPoint) con gran aparato geométrico y profusión de flechas, que no conseguía entender ni con las explicaciones del presentador: puede que yo sea torpe, pero dispongo de otros testimonios; y también he chocado con algunos forzados encajes de conceptos, con cuya clasificación o jerarquía no me sentía en sintonía. Habiendo otros casos, de igual o mayor complejidad, en que sí iba asimilando bien el discurso, sospecho que el pensamiento conceptual de los presentadores era desigual. Si esperan una definición, yo diría que hablamos de un riguroso manejo de los conceptos, que nos permite relacionarlos con acierto y crear modelos para explicar sistemas complejos; pero en el curso, si llego a darlo, me explicaré mejor.
¿Se puede hacer algo por el pensamiento conceptual de los asistentes durante un curso breve? Creo que se puede ayudar a tomar conciencia autocrítica, a sensibilizar sobre la importancia de esta facultad de la mente y a identificar claves para la mejora. Si no podemos dedicar a esta competencia más de una o dos horas, no cabe pretender mucho más. Si, por el contrario, se dispusiera de un par de días en un curso bien concebido, práctico y exclusivo para esta competencia, entonces se podría lograr algún avance modesto pero consolidado. Ésta es mi impresión, respetando otras. No concedo muchas posibilidades al e-learning tal como le conozco, aunque no descarto el blended learning; pero claro, si se va a orquestar una presencia física en aula, hay que buscar la mejor rentabilidad de la parte on line, que quizá podría sustituirse por unas lecturas previas adecuadas, lo que sería económicamente más ventajoso. No quisiera yo, con mis modestos puntos de vista, hacer la puñeta a los proveedores de e-learning, pero es que son ellos los que parecen apostar ya por el blended, y todavía no sé cómo se haría el reparto metodológico en cada caso.
En realidad, lo dicho en el párrafo anterior, sirve para otras competencias, y ya sólo haré una breve descripción de las soft skills que hemos relacionado (sin descartar otras) con las presentaciones eficaces. Quizá sea más posible el desarrollo de las competencias emocionales que el de las cognitivas, pero también en éstas se puede avanzar, y vale la pena.

Disciplina dialéct

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