Economía digital | Artículos | 01 JUL 2002

El negocio del libro electrónico

Alfredo de las Vegas.
La invención de la escritura determinó el paso de la prehistoria a la historia, constituyendo uno de los mayores avances de la humanidad. A lo largo de varios siglos, el soporte de la escritura y el método de la misma evolucionó desde piedra y cincel hasta pluma, tinta y papel. Aun así, el método de distribución de la información era lento y tedioso hasta que Gutemberg inventó la imprenta. Y con ello, los libros pasaron de ser un lujo, a ser objetos más asequibles. Desde entonces hasta la actualidad, ha cambiado radicalmente el método de creación de los libros, pero el soporte se ha mantenido prácticamente inalterado, teniendo un libro actual un aspecto similar a un incunable. En la era de los bits, se pretende realizar un nuevo avance sobre este soporte, conjugando los libros con el procesador de información por excelencia: el ordenador.

El ordenador fue inventado en un principio para procesar datos, y con el tiempo evolucionó de datos estrictamente numéricos a alfanuméricos, pudiendo así reunir estos datos en textos. Estos textos, que se deberían considerar como documentos electrónicos más que como libros electrónicos, se pueden considerar como los precursores de lo que hoy se concibe como libro electrónico.
Destinados a la compartición de información más que a la generación de negocio con su comercio, han encontrado en Internet el caldo de cultivo perfecto para su difusión muchas de las veces incontrolada, siendo casi imposible por parte del creador saber el interés creado por el documento, su difusión, y desde luego, si va a obtener beneficios por el trabajo realizado.
El formato del libro electrónico ha llegado para resolver estas situaciones, intentando proporcionar a los creadores de contenido un aliciente económico, de forma que se pueda generar beneficio por la lectura y distribución del contenido, y que este creador pueda controlar la difusión de la obra con los medios técnologicos y humanos disponibles. Por el lado del lector, el principal beneficio obtenido será principalmente el de tener acceso a libros más novedosos e interesantes, a un precio menor que el de una copia impresa y con la capacidad de poder obtenerlo comodamente desde su hogar.

Los formatos
Como cualquier tipo de dato dentro de la informática, tanto los libros electrónicos como los documentos electrónicos, han de tener un formato que especifique cómo han de ser interpretados los datos contenidos en el fichero para que éstos sean interpretables y presentables para la comprensión del lector. El formato más elemental para estos documentos es un fichero de texto plano. Es uno de los formatos más empleados para distribuir información, por su sencillez y carestía de royalties. A cambio, carece de cualquier tipo de formato para el texto, lo que hace que sea de poco agrado para el creador de contenidos, pues sus limitaciones son muchas.
Si se quiere dotar de mayor contenido al texto, como pueden ser efectos tipográficos de negrita, itálica, subrayado, varios tamaños de carácter, o imágenes, hay que recurrir a formatos más complejos, generalmente apoyados por alguna empresa, pero que su gran empleo les ha convertido es un estándar de facto.
Los más conocidos son los documentos tipo DOC, generados por la familia Microsoft Word. Es un formato para documentos que ha ido evolucionando con las diferentes versiones del programa, orientado principalmente hacia el entorno Microsoft Windows, y adecuado para texto con algunas imágenes, pero inadecuado para maquetaciones complejas (aunque algunos puedan llegar a hacerlo). Además, al ser un formato orientado al procesamiento de textos, el fichero puede ser modificado por el receptor, copiado y pegado en otro documento, etc.
El otro formato que pelea por la supremacía de publicación en Internet es el Portable Document Format, más conocido por PDF, propiedad en este caso de Adobe. Este formato está más orientado a proporcionar una presentación del documento lo más fiel posible a su aspecto impreso. Por este motivo, es más adecuado para distribuir información con maquetación compleja, y tiene la ventaja de que el texto que contiene no puede ser editado, aunque sí puede ser copiado y pegado en otro documento (si los niveles de privilegio del PDF lo permiten). Además, es fácilmente legible por sistemas operativos tipo Unix/Linux o Macintosh, no sólo Microsoft Windows, y existe un cliente (lector) incluso para dispositivos de mano (Pocket PC).
Junto a estos formatos, se pueden encontrar otros muchos. El principal es el propio formato HTML, también muy empleado para publicar información, aunque en este caso más orientada a su lectura en línea que a su descarga y posterior revisión en el ordenador del lector. Cuenta con la ventaja de ser un estándar multiplataforma, por lo que prácticamente cualquier ordenador con cualquier sistema operativo actualmente puede leerlo. Tiene como desventaja la casi imposibilidad de saber cómo va a verse en el ordenador cliente, y que éste va a poder editar el texto, copiar y pegar en otro documento, etc.
Existen otros muchos formatos, entre los que destacan LaTeX y PostScript, empleados principalmente en ámbitos universitarios y de investigación, y que tienen e Unix/Linux su principal campo de trabajo. Ambos orientados a impresión, su lectura en pantalla se realiza simulando en ésta una impresora, y renderizando los documentos a la resolución adecuada para la pantalla.
Todos estos formatos pueden ser adecuados para distribuir informaciones corporativas, notas de prensa, publicidad, y en general info

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