Economía digital | Artículos | 01 JUL 2004

Google muestra sus cartas

Piedad Bullón.
La salida a Bolsa de Google, esperada durante meses, puede ser el estímulo que necesitaban los negocios online para creer en su renacimiento. Ninguna otra operación bursátil había despertado tanto interés desde el pinchazo. Ahora, por la brecha que acaba de abrirse con el éxito de Google, irrumpirán otras empresas innovadoras. El futuro inmediato se anuncia muy competitivo:Yahoo y Microsoft están de uñas.

Por su cuantía – en principio 2.700 millones de dólares – la Oferta Pública de Venta de acciones de Google resulta ser la sexta en la historia bursátil, si se exceptúan algunas segregaciones de filiales como la de AT&T Wireless – y de ella se ha calculado que la capitalización bursátil de la empresa puede estar inicialmente entre 30.000 y 40.000 millones de dólares. Otra cifra asombrosa, para una compañía que empezó hace cinco años con 10 millones de dólares.
La decisión de salir a Bolsa ha roto algunos moldes. La primera sorpresa ha sido la elección del método de asignación de las nuevas acciones, conocido como “subasta holandesa” – así llamado por haberse creado en los mercados de flores en Holanda, donde se venden múltiplos de un producto idéntico – para desactivar el riesgo de abusos recientes. En esta modalidad, no son los bancos, que dirigen la colocación, quienes fijan el precio de salida, sino que toca a los inversores pujar ofreciendo el precio más alto que consideran pagar por una cierta cantidad de acciones. Al final, una vez establecida la línea de corte por el número de acciones disponibles, los participantes en el juego pagan el mismo precio.
Uno de los problemas de la subasta holandesa es que muchos inversores pueden inclinarse por elevar la puja para asegurarse de que, en el reparto final, obtendrán un mayor número de acciones. Pero Google ha escogido el método por ser el más adecuado para evitar que se desaten ventas especulativas en los primeros días de cotización. “Muchas compañías han sido víctimas de conductas poco razonables, que han creado perjuicios a quienes invirtieron en ellas pensando en el largo plazo. Creemos que la subasta holandesa minimiza esos problemas”, declara la empresa en el folleto registrado para el lanzamiento. La advertencia ha sido inequívoca: “quienes pretendan hacer beneficios rápidos revendiendo nuestras acciones, sufrirán un desengaño”.

OPV de diseño
Lenguaje inusual, de nula complacencia con Wall Street y sus malos hábitos de favores cruzados entre brokers e inversores: “Google no es una compañía convencional ni pretende serlo [...] nuestro objetivo es desarrollar servicios que mejorar la vida de la gente, y hacer cosas que realmente importan”. Al margen de un cierto mesianismo implícito, el texto del documento entregado a la autoridad bursátil revela que el trío de máximos directivos de la empresa - Larry Page y Sergei Brin, junto con Eric Schmidt – pretenden seguir actuando a su manera, sin dejarse presionar por el ambiente y los analistas.
Este comportamiento se explica en el prefacio del folleto presentado a los potenciales inversores. Esta es la transcripción de palabras poco comunes en el mundo de los negocios: “No somos malos. Creemos firmemente que, a largo plazo, será mejor para todos nosotros que la compañía haga las cosas bien, aunque sacrifiquemos ganancias a corto plazo. Este es un aspecto importante de nuestra cultura, ampliamente compartido dentro de la compañía [...] Aspiramos a hacer de Google una institución que permita crear un mundo mejor.”
Tan mesiánica proclama no ha impedido que la OPV fuera astutamente diseñada, para preservar el control piramidal del negocio. Las acciones de clase A, únicas que están al alcance de los inversores externos, representarán sólo el 10% del poder de voto, dejando así en manos de los accionistas originales – los de la clase B – prácticamente todo el poder de decisión empresarial. Nadie, excepto ese núcleo de privilegiados, tendrá derecho a discutir si Google debe constreñirse a su negocio original, el motor de búsqueda, o apoyarse en su éxito para tratar de conquistar otros mercados. Y esta discusión, que apasiona a los foros, está lejos de ser baladí, como se verá más adelante.
Desde hace tiempo, la sola mención de Google ha estado rodeada de cierto halo de misterio, que ha crecido con los rumores de salida a Bolsa. Esto ha calentado, sin duda, el interés de los eventuales inversores. Pero, a diferencia de otros que le han precedido en el camino a Wall Street, a la hora de la verdad ha podido presentar unas cuentas irreprochables y una estrategia sólida.
Gracias a la OPV se ha conocido uno de los secretos mejor guardados de Google: sus cuentas. El folleto, que puede consultarse en la SEC, Stock Exchange Commission [www.sec.gov/Archives/edgar/data/1288776/000119312504093053/ds1a.htm], pone de relieve que la empresa ha ganado un buen dinero durante los tres últimos años. En 2003, su cifra de negocios alcanzó los 962 millones de dólares y los beneficios antes de impuestos fueron de 105 millones (ver tablas).
Los analistas del Silicon Valley, que últimamente casi no hablan de otra cosa, estiman que en 2004 Google facturará unos 1.600 millones de dólares y obtendrá un resultado operativo (antes de impuestos) de por lo menos 500 millones.
Sobre la base de estas cifras, se ha calculado que el valor total de Google puede oscilar entre 25.000 y 30.000 millones de dólares. A efectos de comparación, ha de tenerse en cuenta que eBay tiene una capitalización de 54.000 millones y Yahoo – rival directo en el negocio de la publicidad online – vale 36.000 millones. Esta no es, sin embargo, una comparación del todo justa, porque Google obtiene sus ingresos de un mercado muy específico y, a juzgar por los datos publicados, muy rentable.
Según los expertos de la escuela de negocios Wharton [knowledge.wharton.upenn.edu/], “Google cuenta con un enorme potencial gracias a su exclusiva tecnología de búsqueda y a una marca fuerte

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