Economía digital | Artículos | 01 JUN 2003

Google no para de crecer

Piedad Bullón.
Las aguas bajan agitadas en el mundo de los buscadores. El asombroso éxito de Google [www.google.com] continúa arrasando, pero tiene un precio que se paga en envidias, deseos de venganza y maledicencia.

No es fácil competir con el líder absoluto de los buscadores, que cada día procesa 150 millones de búsquedas, pero no son pocos los que le buscan las cosquillas. El pasado 19 de marzo, Yahoo anunciaba la compra por 235 millones de dólares de la firma californiana Inktomi que provee la tecnología de búsqueda a, entre otros clientes, el portal MSN. Pero la transacción no va dirigida contra Microsoft sino contra Google, paradójicamente vinculada a Yahoo por un contrato renovado el año pasado. En cierto modo, una parte del dominio de Google se debe a Yahoo: cuando la primera era una compañía recién nacida, el todopoderoso portal adoptó su tecnología de búsqueda y relegó su anacrónico servicio de directorio. El contrato sigue vigente, pero todo indica que tarde o temprano acabarán por romper su relación.
Por otro lado, Overture, cuya especialidad no es la búsqueda en la Web sino la venta de publicidad en buscadores pagó 140 millones de dólares por Altavista y, una semana más tarde, 70 millones por otro buscador menos conocido, AllTheWeb.
De manera que el juego tiene ahora cuatro protagonistas: Google, Yahoo/Inktomi, Overture (Altavista, AlltheWeb) y la combinación de Teoma y AskJeeves, minoritaria a pesar de sus cualidades. Entre estos cuatro se reparte el mercado de los buscadores. Un mercado tan discreto que casi no se nota que genera negocio y que, según muchos, es uno de los pocos que crecen en Internet.

La estrategia:más y buenos servicios
Mientras que todos sus rivales se unen para arrebatarle el liderazgo, Google se mueve en varias direcciones. En 2002 añadió un servicio de noticias, cuyo principio es fácil de explicar: un robot rastrea 4.000 fuentes cada hora y actualiza resúmenes –con su correspondiente vínculo hacia la fuente– de las noticias recientes sobre una lista de temas. Por ahora, Google News lleva la etiqueta “beta” y los ingenieros de la empresa analizan su tráfico antes de recomendar que se convierta en servicio separado, que es lo que todo el mundo vaticina y dado el número de usuarios que la visitan se puede consolidar como un servicio de éxito.
Otra innovación reciente se llama Froogle, un buscador de productos que se venden a través de Internet. Su originalidad consiste en que aplica el algoritmo de búsqueda al comercio electrónico, pero no acepta pagos por inserción ni carritos de la compra. No es un simple comparador de ofertas, y puede hacer mucho daño a los portales que tratan de intermediar entre sus usuarios y las tiendas online.

Buscadores más avanzados
La relación entre los portales y los buscadores han cambiado mucho en los últimos años. En los años 90, la fiebre de los portales era tan fuerte que se pensaba que un motor de búsqueda era sólo un atajo para llegar a los contenidos que, se suponía, eran el gancho para atraer tráfico. Ahora se piensa exactamente lo contrario: el tráfico se genera en los buscadores. Por ello, muchos anunciantes han percibido que es en ellos donde deben mostrarse, lo que ha llevado a pensar que en los buscadores se encuentra un yacimiento de la publicidad online. Esto, a su vez, es una amenaza para los portales, cuya supervivencia depende de los ingresos publicitarios, no muy boyantes en estos tiempos.
Sobre este razonamiento se ha montado el negocio de Overture: publicidad empotrada –no siempre explícitamente– en el proceso de búsqueda. La clave está en llevar a los usuarios a la página del producto o contenido que paga por anunciarse y que no es necesariamente lo que aquéllos estaban buscando. Esto se puede hacer de una manera brutal, cobrando al anunciante por situar preferentemente su enlace en los primeros puestos del resultado de la búsqueda o, al decir de Google, sin alterar la autonomía de su famoso algoritmo secreto. Google no renuncia a la publicidad, aunque sus mecanismos son más sutiles, vendiendo palabras clave a los anunciantes e insertando vínculos separados en la misma página donde aparecen los resultados relacionados con esas claves. La transacción concluye cuando el anunciante paga un canon por cada clic generado por el buscador. Otra fórmula es llegar a acuerdos con los editores de periódicos citados en su servicio de noticias para que paguen por cada visita derivada por un vínculo. A esto lo llaman distribución de vínculos.
A Google se le critica, no sin fundamento, por haber adquirido un excesivo poder sobre la información que circula en Internet. De allí a pensar que el buscador más popular puede convertirse en un Gran Hermano orwelliano hay un paso, que algunos han dado. Google Watch es un sitio que se dedica a defender la tesis de que el monopolio, los algoritmos y la política de privacidad de Google están socavando los valores de la Web. Otros críticos se agrupan en la Privacy Foundation y sostienen que el cookie utilizado por Google le permite acumular información sobre todos y cada uno de los internautas que acuden a su página.

Nuevas adquisiciones
Una operación de escasa magnitud financiera ha suscitado otros recelos sobre Google: la compra de una pequeña sociedad, Pyra Labs, cuya especialidad es el suministro de un software para la edición instantánea de publicaciones online. Hay suspicacias para todos los gustos. La más ingenua: Google pretendería articular una nueva oferta para los portales de empre

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