Economía digital | Artículos | 01 JUL 2002

No hay crisis online, sólo vacas flacas

Piedad Bullón.
Que 2001 fue un mal año para los negocios en Internet, nadie lo ignora. Que 2002 va más o menos por la misma senda, lo dicen las personas del sector a las que iWorld ha planteado estas sencillas preguntas: ¿cómo van los negocios online en España?, ¿cómo se están ajustando a los malos tiempos?, ¿qué estrategia siguen para salir del bache? Todos los interlocutores han reconocido que las están pasando mal, pero coinciden en que se trata de una dolencia del crecimiento, se diría que inevitable a estas edades.

Determinismo. Tal vez fuera éste el mayor error de los gurús que, con intención o sin ella, centraron todos sus análisis en un solo fenómeno, ciertamente impresionante, llamado Internet, y no tuvieron en cuenta la cantidad de variables que influyen sobre la economía. El sociólogo Manuel Castells ha afirmado en una entrevista reciente al diario Le Monde que “el crecimiento exponencial de Internet ha llegado a un límite”. Nos promete Castells, autor de una biblia en tres tomos sobre la nueva economía, otro libro en el que explicará sus nuevas hipótesis, elaboradas desde que regresó de California a Barcelona.
El límite al que se refiere Castells viene determinado por la desgraciada combinación de algunos factores, que han cortado el crecimiento exponencial de Internet. Uno de esos factores ha sido, por supuesto, el estallido de la burbuja bursátil, cuyo resultado ha sido que los inversores se alejaran no sólo de las puntocom sino de casi cualquier iniciativa que huela a Internet. Las fuentes financieras se han secado, y hay que arreglarse con los recursos que cada uno sea capaz de generar. Segundo factor: la recesión económica ha deteriorado la demanda, en la economía virtual como en la real. El tercer factor que han mencionado nuestros entrevistados son los síntomas de saturación: el número de usuarios crece más despacio, y aunque las estadísticas de tráfico son buenas, otros datos dicen que cada usuario tiende a dedicar menos tiempo a la navegación online y que la inclinación a comprar por Internet tampoco crece como se esperaba. Es posible, no obstante, que estos rasgos sean productos secundarios de la crisis económica, lo que permite pensar que, una vez se supere ésta, el uso de Internet volverá por sus fueros.
Veamos brevemente el factor económico. La mayor parte de los segmentos del mercado europeo de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) ha sufrido en 2001 el impacto de la recesión económica, aunque en grados diferentes. En el caso de Internet, es cierto que se ha mantenido una curva ascendente, atenuada eso sí, pero han aparecido los primeros síntomas de cansancio. Estas cifras han pillado a las empresas de la galaxia Internet, cuando aún no habían salido de la perplejidad que les produjo el colapso bursátil. Todo sumado, se ha creado un ambiente de incertidumbre, que pesa en las opiniones recogidas.
Los ajustes en las empresas de tecnologías de la información –especialmente las de negocios online– y las medidas tomadas para mitigar los daños, fueron descritas crudamente por José Ramón Nieto, gerente de Accenture: “evidentemente, una de las primeras medidas de recorte de costes fijos pasa por la reducción de costes de nómina. Hay diferentes opciones: reducir personal, renegociar salarios, suprimir bonus, etc. Adicionalmente, se reducen o hibernan líneas de negocio no críticas o de escasas expectativas en el corto plazo. Pero es difícil distinguir si ha pesado más la recesión o la crisis de las puntocom, porque ambas han coincidido en el tiempo y su impacto conjunto ha tocado la línea de flotación de muchos negocios online, que han retrasado, a veces sine die, su previsión de entrada en números negros”.
La investigación de iWorld se ha centrado en cuatro actividades online, a cual más característica de las promesas de Internet: la banca, la publicidad, el comercio electrónico y las reservas de billetes y viajes.
Empecemos por la banca online. Josep Manuel Suárez, en nombre del Banco Sabadell, viene a confirmar las tendencias señaladas cuando hace alusión a ActivoBank – participado por la entidad catalana y por el Banco Comercial Portugués, entre otros socios– cuya actividad principal se desarrolla en Internet. En esta banca online, como en otras del sector, no es fácil conseguir información de primera mano. En una nota remitida a esta revista, Suárez explica: “Nuestro proyecto de banco multicanal se hizo realidad justamente hace un año. Ello ha permitido que, de entrada, ajustásemos las inversiones a las previsiones de evolución del mercado. Desde hace dos meses tenemos un nuevo presidente, Marc Monrás, y hemos reducido el Consejo de Administración. El objetivo es promocionar las áreas más rentables del banco por Internet, sobre todo el brokerage, y situar la gestión, sobre todo la publicidad, al nivel adecuado”.
Este es un ejemplo del estado de la cuestión en la banca online, un sector que nació en la fase de euforia de Internet, cuando florecían las teorías sobre la desintermediación. Hoy los planes de negocio se están revisando, para iniciar una segunda fase. No es que a los bancos virtuales las cosas les vayan del todo mal, sino que no marchan como esperaban. Según datos publicados por la Asociación Española de Banca (AEB), los siete bancos online –concepto distinto a los bancos que tienen presencia en Internet– que operan en España (ING Direct, Patagon, Uno-e, Popular-e, ActivoBan

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