Economía digital | Artículos | 01 DIC 2002

Nuevas experiencias de movilidad y conectividad inalámbrica

Pedro Guillén.
Las tecnologías inalámbricas están introduciendo nuevas formas de movilidad y conectividad en las empresas, gracias al incremento del ancho de banda de las redes, la mayor potencia de los dispositivos y la usabilidad de las aplicaciones. Ya no son una quimera, ahora son la nueva esperanza de la industria para encauzar la recuperación.

Javier, jefe de producto de una multinacional que fabrica componentes eléctricos, tiene en su portátil su principal herramienta de trabajo. Viaja con frecuencia a otras ciudades españolas y a varios países europeos para coordinar el lanzamiento de una nueva línea de productos que sólo se fabrican en España para el resto de Europa. Su perfil responde al típico de lo que se ha denominado ‘trabajador móvil’. Necesita de un elevado grado de movilidad y conectividad con su organización para acceder a los sistemas de información de la compañía, ya sea para comprobar el correo electrónico o para introducir en las bases de datos cambios de última hora en las especificaciones de un determinado producto. Hasta hace unos meses su capacidad de conectividad estaba limitada a una red de cable o a una conexión GSM de 9.6 kbps. Ahora, Javier llega por la mañana a la oficina a primera hora y conecta su portátil a la red local física de la empresa. Un par de horas después tiene una reunión con su equipo, y mientras se mueve por la oficina con su portátil sigue conectado mediante la red inalámbrica de área local (WLAN) a 11 Mbps. Cuando sale de su radio de alcance –unos 50 metros– para irse a una comida de trabajo puede seguir conectado si le hiciese falta. La red GPRS le da cobertura prácticamente desde cualquier punto de la geografía española a una velocidad manejable de unos 40 kbps, similar a una conexión doméstica fija con tarifa plana. Como Javier, en 2004 habrá 114 millones de trabajadores móviles en todo el mundo que usen dispositivos inalámbricos, de los que 37 millones serán europeos, un 28% del total de empleados, según la consultora IDC.
El perfil ficticio de este directivo encaja con las nuevas formas de trabajo introducidas por las tecnologías inalámbricas de transmisión de datos, que ya han alcanzado un grado de madurez suficiente para que las empresas comiencen a considerarlas como una vía para incrementar la eficiencia y productividad. Sus posibilidades superan con creces lo que en su día supuso la introducción de la telefonía móvil. De la misma forma que hoy nadie concibe un departamento comercial sin teléfonos celulares, en pocos años la transmisión inalámbrica de datos será una realidad en los entornos de trabajo de la mayoría de las empresas. De hecho, el 75% de las grandes compañías españolas tiene previsto ofrecer información y servicios con tecnología inalámbrica en un plazo de entre uno y dos años, según un estudio encargado por IBM a la empresa QNB Intelligence realizado entre más de 400 compañías europeas. En la actualidad la mayoría de los proyectos se encuentran en su fase de planificación, pero ya hay algunas empresas con desarrollos implantados.
Estos servicios pueden estar dirigidos a empleados –la fuerza de trabajo móvil– (B2E), y clientes (B2C), es decir, como una extensión de las intranets corporativas y de los sistemas de CRM y, en menor medida, de relación con los proveedores. Las empresas han optado por dirigir primero los esfuerzos hacia dentro, con proyectos limitados a un área o departamento específico, donde los resultados se puedan constatar con rapidez y los costes de migración de los sistemas a los dispositivos móviles sean muy bajos. No obstante, tras el fracaso de la tecnología WAP sobre GSM, y la supremacía del SMS, las empresas son más escépticas a la hora de ofrecer nuevos servicios inalámbricos a sus clientes. De hecho, el 80 por ciento de las aplicaciones móviles tiene como objetivo a los empleados, según IDC.

La complejidad del negocio de datos
En la telefonía móvil el negocio es cosa de dos: operadoras y fabricantes de terminales. Ambos se reparten el jugoso pastel de los ingresos que proporcionan un inmenso mercado con más de 280 millones de usuarios en Europa, una tasa de penetración cercana al 75% de la población. La única entrada de terceros en el negocio ha sido de pequeños proveedores de servicios y aplicaciones SMS, espacialmente dirigidas al ocio, y menor medida, a empresas. Pero en el mercado de transmisión de datos los actores se multiplican de forma exponencial. En este modelo de negocio la cadena de valor se segmenta hasta alcanzar un grado de complejidad que, a veces, se erige como la principal barrera para su desarrollo. Y ni las operadoras ni los fabricantes de dispositivos pueden controlar cada segmento de la cadena de valor: redes, contenidos, aplicaciones, lenguajes, pasarelas y terminales. Aquí entran en escena otros actores que ofrecen sobre todo contenidos y aplicaciones, pero también nuevas redes que ya no tienen por qué estar necesariamente en manos de las operadoras: son las WLAN. Entonces, ¿qué sentido tiene para las operadoras potenciar el mercado de datos si puede afectar a su principal fuente de ingresos –la voz–, y además tiene que compartirlo con terceros? “Para retener a los clientes de voz, las operadoras tendrán que ofrecer servicios de transmisión de datos”, afirma Jaime García, director de análisis de IDC. Será similar a lo que ha ocurrido con la banca online en España. Quizás por ahora no sea rentable, pero fide

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