Economía digital | Artículos | 01 ABR 2002

Proyecto empresarial y empresa: la eternidad posible

José L. Larrea.
Una de las preguntas más recurrentes que debe afrontar un líder empresarial tiene que ver con la proyección en el tiempo del sentido de lo que hace. No se trata tanto de un tema personal, cuanto del sentido o futuro del proyecto empresarial que el directivo lidera.

Desde una visión más centrada en el corto plazo podría asegurarse que gestionar una empresa es acompañarla desde su nacimiento, durante su desarrollo y ayudarle a tener un buen final. En este contexto, la empresa aparece como algo con principio y fin. En consecuencia, alinear los objetivos de los profesionales, en un sentido amplio, tiene que ver con gestionar un proyecto que termina. Esto puede llegar a ser una obsesión que llegue a incidir de manera capital en la marcha de la empresa, incluso acortando su vida natural para obtener un buen final. Los casos de proyectos empresariales especulativos montados para nacer, desarrollarse a velocidad de vértigo y venderse a un precio, muchas veces exorbitante, son un ejemplo claro de una forma de empresa y de una manera de gestión empresarial.
Existen valores más identificados con la idea de un proyecto empresarial capaz de renacer cada día abriendo nuevos horizontes y actividades. Un proyecto empresarial intenta trascender y superar la actividad empresarial concreta manifestada en una empresa o empresas y proyecta su escenario de futuro sin límite en el tiempo. Se gestiona desde la tensión permanente por el liderazgo y el futuro a largo plazo. No cabe la menor duda de que los valores en este caso son diferentes del caso de la empresa con principio y fin. Un proyecto empresarial está jugando su partido en el terreno del desarrollo sostenible. Le preocupa su entorno y se compromete con la función social de la empresa. Aspira a construir un proyecto sin fin, aspira a una eternidad que considera posible.
Las diferencias entre un proyecto empresarial y una empresa llevadas al límite pueden ser infinitas o pueden no existir. Sin embargo, pienso que hablamos de cosas distintas y que, cuando intentamos proyectar en el día a día nuestra visión de la actividad empresarial, conviene identificarse con una u otra forma de entender lo que hacemos porque los valores que proyectamos son tan diferentes que aplicados de forma inadecuada llevarían al fracaso.
Liderazgo y gestión
La concepción del proyecto empresarial está más próxima a la necesidad del liderazgo que a la gestión. Se ha hablado mucho sobre estos dos conceptos poniendo énfasis en el liderazgo y enfrentándolo a la gestión como si fuesen elementos separados y contradictorios. Probablemente hemos cometido, una vez más, el error de simplificar. Liderazgo y gestión van de la mano, son las dos caras de la moneda del éxito empresarial. Un liderazgo sin capacidad de llevar las cosas a la práctica es puro ensoñamiento abocado al fracaso. Una gestión sin capacidad de liderar es un ejercicio práctico sin sentido más allá de la demostración estéril. También está abocado al fracaso.
Un proyecto empresarial necesita más de los valores del liderazgo que de gestionar una empresa en sentido estricto. Se posiciona frente al entorno de forma diferente, intenta trascender de la moda del momento aunque debe integrarla y convivir con ella. La empresa puede crearse al amparo de una moda para aprovecharse de ella, conseguir sus objetivos y desparecer. Parece también evidente que el proyecto empresarial necesita de un liderazgo que conviva con las turbulencias del momento, que sea frío y consistente en sus análisis, acierte en la navegación por aguas turbulentas y se adelante en lo posible a los acontecimientos.
Integras o te integran
El proyecto empresarial debe ser capaz de integrar empresas. Empresas nuevas con orígenes diferentes, valores diferentes y aspiraciones diferentes. Si no es capaz de integrar, no tendrá futuro como proyecto empresarial y será objeto de integración por otro desapareciendo en el futuro.
Esta capacidad de integración debe acompañarse de la capacidad de la organización para poner fin a determinadas actividades empresariales. El proyecto crece y se desarrolla, integra nuevas actividades y es capaz de deshacerse de aquellas que naciendo del mismo no contribuyan a su desarrollo futuro. Así, un proyecto empresarial debe ser capaz de comprar, pero también de vender.
Confianza, convicción y contradicciones
La reflexión sobre cualquier proyecto empresarial que crece nos lleva de lleno al mundo de las sinergias. No seré yo quien ponga en duda el concepto y su aplicabilidad para explicar lo bueno de sumar y sumar. Quizás esto se vea tan claro porque estamos en tiempo de fusiones.
En un plano más realista, me gustaría apuntar que el verdadero reto del proyecto empresarial se encuentra en la capacidad de gestionar contradicciones para construir un proyecto empresarial en el que la Arcadia feliz de las sinergias es una aspiración que hay que perseguir, pero difícil de alcanzar. Si la visión del liderazgo lleva a gestionar contradicciones, es normal pensar que los proyectos empresariales pasarán por momentos difíciles y complicados.
Para todo proyecto empresarial, y para la empresa, hay dos ejes básicos que deben vertebrarlos: la confianza y la convicción. Confianza en quienes lo hacen posible y convicción en lo que se hace.
En fin, gestionar contradicciones sobre la base de la confianza y la convicción en el proyecto empresarial es una buena manera de actuar pensando que la eternidad es posible.


Las grandes diferencias
Proyecto Empresarial Empresa
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