Entrevista
Robótica
Robot

"Apostar por personal técnico no necesariamente científico es una inversión de futuro para la ciencia"

Nos adentramos en las entrañas del Instituto de Robótica e Informática Industrial (IRI) de la mano de Guillem Alenyà. Tras veintisiete años de historia y un importante palmarés de proyectos con nombre propio, estos son los desafíos que encara.

Guillem Alenyà
Guillem Alenyà, director del IRI.

El Instituto de Robótica e Informática Industrial (IRI) sopla las velas tras veintisiete años de historia e incesante transformación. Nos adentramos en las entrañas de una de las instituciones tecnológicas con más solera del panorama nacional de la mano de su director, Guillem Alenyà. El ingeniero nos descubre como el conocimiento, la tecnología y la innovación se conjugan magistralmente dando como resultado ciencia relevante de primer nivel. Y es que casi tres décadas de recorrido y un importante palmarés de proyectos con nombres propios y sendos galardones avalan la actividad de un centro que cree firmemente en la metamorfosis. “El IRI ha evolucionado mucho en estos últimos veintisiete años acorde a la sociedad”, confiesa Alenyà, “por lo que también lo ha ido haciendo el tipo de investigaciones que realizamos”. Una transformación que, según traduce el ingeniero graduado en la Universidad Politécnica de Catalunya, “quiere decir que los científicos no nos quedamos anclados en el pasado, sino que vamos al ritmo de la evolución y de las necesidades”.

Hace prácticamente treinta años “éramos un centro muy de investigación”, reconoce, pero “los investigadores hemos hecho un esfuerzo por entender los problemas reales y por dar solución a las problemáticas de las empresas”. Un cambio de paradigma que avalan “muchos de los proyectos que tenemos que además de ser de investigación, son de transferencia de tecnología”. En este sentido, reconoce, “nos hemos ido adaptando a las corrientes actuales de necesidades” del hombre y del entorno. Descubrimos, a través de la experiencia del director del IRI, la labor que realizan desde el instituto, la aplicación práctica de sus avances, el devenir de sus proyectos en marcha y los desafíos que encaran la robótica y la comunidad científica española en el contexto actual. Esto es todo lo que Alenyà tiene que decir.

 

Exoesqueleto y líneas de investigación

El Instituto de Robótica e Informática Industrial se corresponde con un centro mixto de investigación entre la Universidad Politécnica de Catalunya y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Esto quiere decir que “nuestros investigadores provienen de estas dos instituciones” de alto nivel. Su currículum y saber hacer son dos de los ingredientes principales para la consecución de los tres objetivos primordiales del IRI: “promover la investigación fundamental en Robótica e Informática Aplicada, cooperar con la comunidad en proyectos tecnológicos industriales y ofrecer educación científica”. Para ello, “el modo de organizarnos a través de nuestra división interna es en torno a cuatro grupos de investigación”. Entre ellos se encuentran el área de control automático y las divisiones propias de la robótica, es decir, los departamentos de robótica computacional, robótica móvil y percepción y manipulación. Y a pesar de que todas las esferas de conocimiento y desarrollo son “importantes y relevantes” en su categoría, hay una de ellas que sobresale frente al resto.

“El grupo de percepción y manipulación es el más grande del instituto”, revela su director, “y entre sus objetivos se encuentra trasladar a los robots a entornos humanos”. Este campo, dice, cuenta con dos importantes vertientes; la primera de ellas, la de los robots asistenciales, la segunda, la manipulación de objetos deformables. “Para nosotros estas dos áreas están bastante ligadas porque en entornos asistenciales hay mucha parte de las manipulaciones que serían interesantes”. Además, defiende el ingeniero, “esta última parte tiene mucho interés debido a su complejidad y las pocas soluciones existentes”. De hecho, hasta ahora se contaban con los dedos de las manos los grupos que trabajaban en esto. “Nosotros hemos sido uno de los grupos pioneros”.

Y en esta posición avanzada hay una persona con nombre y apellidos que ha tenido un papel indiscutible: Carme Torras. La investigadora cuenta con una ERC Advanced Grants, “una de las ayudas más importantes que concede el European Research Council a título personal”, detalla un orgulloso Alenyà, al tiempo que asegura que “eso ha sido un gran impulso para poder hacer este tipo de investigación”. En la actualidad, dice el director del Instituto, “estamos haciendo muchos esfuerzos por acercar la robótica a la sociedad, ya que esta viene con una influencia muy fuerte de todo lo que es la ciencia ficción, la televisión, los libros…”. Aunque, la verdad, “la técnica en la actualidad no la tenemos tan desarrollada para cumplir con todas esas expectativas que se han creado en las personas”. Lo que sí que hay, incide, “es un trabajo importante en hacer entender a la sociedad cuáles son las capacidades actuales de los robots y cuáles son las facultades que les gustaría recibir de los mismos”.

 

Guillem Alenyà, director del IRI.

 

Proyectos en marcha

Al ser preguntado por los principales proyectos del centro de investigación, chocamos frente a un Alenyà dubitativo: “Me haces escoger entre uno de mis hijos, la verdad es que no sé qué decir”. Sin embargo, tras mucho insistir, el investigador se rinde ante dos iniciativas de gran relevancia y repercusión nacional e internacional. La primera de ellas, CLOTHILDE, “un proyecto muy grande que reconoce a Torras como una pionera y una investigadora muy importante a nivel global, sobre todo en el área de la manipulación”. Y es que la iniciativa sienta las  bases de la manipulación versátil de telas por parte de robots. El fundamento teórico de CLOTHILDE pone el foco “en el vínculo entre el aprendizaje automático y los métodos de topología computacional a fin de generar una teoría de la deformación de la tela que conduzca a un marco general para que los robots aprendan a manipular prendas a partir de demostraciones humanas”.

Otro proyecto singular es el de Robótica Centrada en Humanos que ha traído al Instituto el sello de excelencia científica María de Maeztu. El concepto de "robótica centrada en el ser humano" pretende incluir las muchas situaciones diferentes en las que los robots están en estrecho contacto e interactúan con el hombre. Entre los desafíos centrales que encara esta iniciativa se encuentran la localización y el mapeo robustos; el aprendizaje de los robots usando comunicación natural; la supervisión y control de sistemas dinámicos complejos; o la manipulación diestra de los textiles. Dos grandes muestras que, en palabras de Alenyà, prueban que “la investigación que hacemos desde aquí es relevante, de primer nivel y de excelencia”.

 

"Los investigadores en España a nivel personal sí tienen esa voluntad de ser pioneros y relevantes; la cuestión es que una vez las oportunidades estén identificadas, podamos dar recursos a la investigación"

 

Desafíos a los que plantar cara

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, y como no podía ser de otra manera, el IRI también ha de enfrentarse a diferentes retos que ponen a prueba su capacidad de resiliencia. “Uno de los principales desafíos a los que se enfrenta el instituto es que nuestra área, desde el punto de vista de la empresa, es industrial, y eso quiere decir que tenemos una dificultad muy grande para captar personal”. Algo que, según relata, se ve agravado al “competir con empresas” desde una posición de desventaja debido a la lentitud de la burocracia que envuelve la administración. Un hecho que implica que “los estudiantes que vienen al IRI terminan por marcharse a las empresas al poco tiempo”. Y aunque “esto nos gusta, porque hacemos formación para transferid conocimiento”, reconoce que “también nos quedamos un poco vacíos”. Un vacío que implica “dificultades para ejecutar nuestros propios proyectos porque el entorno industrial nos presiona mucho y las empresas se quedan con los buenos candidatos”.

Otra de las grandes dificultades se debe a la propia idiosincrasia que envuelve la robótica: “Necesitamos de toda una serie de infraestructuras, lo que significa que vamos más lentos en la generación de conocimiento que otras áreas que compiten en recursos con nosotros”. Por ello, Alenyà reivindica la necesidad de “hacer comprender que la robótica tiene un ritmo diferente”. Sin embargo, dice, una manera de impulsar su actividad pasa por “poner a nuestra disposición técnicos en los laboratorios” que agilicen las labores de los investigadores para poner sus esfuerzos en las “necesidades científicas”. No obstante, reconoce, “nos cuesta convencer a los entes superiores que invertir en personal técnico que no es necesariamente científico es una inversión de futuro para la ciencia”. Así, permitiéndole “lanzar una lanza”, tal y como el reclama, “necesitamos que se comprenda que la dificultad añadida que nos pone la robótica por el hecho de ser física se podría facilitar si nos ofreciesen a los investigadores las herramientas adecuadas”.

Sobre el futuro de la robótica y el papel que encarna España, Alenyà lo tiene claro: “España podría tener una posición muy prominente tanto en el ámbito nacional como internacional”. “Hay buenos investigadores, hay personas en el CSIC y en las universidades haciendo cosas muy relevantes”, por lo que augura un futuro prometedor. Además, “una de las ventajas que tenemos es que las oportunidades y la investigación científica están bastante repartidas en toda la geografía”. “Los investigadores en España a nivel personal sí tienen esa voluntad de ser pioneros y relevantes; la cuestión es que una vez las oportunidades estén identificadas, podamos dar recursos a la investigación”, algo que, por el momento, dado que “la administración en España no es lo más dinámico posible”, está en tela de juicio.



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