Entrevista
Experto
Innovación
Metaverso
Especial CW Metaverso 2022

“Cuando los desarrolladores dejen de constreñirse a la realidad será cuando veamos todo el potencial que tiene el metaverso”

Tras convertirse en la palabra de moda, en la aspiración del universo digital y en la inspiración de gigantes tecnológicos, empresas y usuarios, analizamos de la mano de María Albalá, directora del Innovation Hub del Instituto de Innovación de ESIC, las oportunidades que brinda

María Albalá
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Irene Iglesias / Foto: Juan Márquez

Inspiración futurista y aspiración tecnológica. El metaverso, aunque todavía plantea más dudas que certezas, ha logrado colarse de lleno en nuestras vidas. ¿Quién sabe si para quedarse? El que fuera anunciado como una verdadera disrupción del mundo digital, a día de hoy, se enfrenta a los interrogantes y la incertidumbre que suscita. Aunque en la actualidad todavía parece una realidad incipiente, lo cierto es que el término acuñado por Neal Stephenson y lanzado a la esfera mediática por Marck Zuckerberg, resuena con fuerza en el panorama actual. Desciframos, de la mano de María Albalá, directora de innovación de la escuela de negocios ESIC, las oportunidades que brinda el metaverso. Será ella quien, como hilo conductor, nos transporte hacia un nuevo mundo virtual prácticamente inexplorado.

 

Idiosincrasia

El metaverso, tal y como lo conocemos ahora, resulta de la evolución natural de Internet. El concepto que bebe de los mundos virtuales de los videojuegos, según explica María Albalá, da ahora un paso más allá. Y es que, defiende, “ya no tenemos que seguir un arco argumental, una historia prefijada”. El metaverso, entendido como réplica de nuestro mundo en la esfera virtual, nos garantiza “una libertad de acción, de exploración, de desarrollo”. Aquí, incide María abriéndonos las puertas a una nueva dimensión, “podemos desarrollar nuestra vida virtual a nuestro antojo, sin hitos prefijados que tengamos que cumplir”. Aquí, retoma como si de una anáfora se tratase, “las leyes de la física se rompen, todo lo que era terreno de la imaginación o de los sueños, puede ser factible en el metaverso”.

Este nuevo terreno que se levanta gracias a la tecnología, parece dirigirse a un público joven, aunque serán ellos quienes den alas a su consagración para todos los públicos. Echando mano en esta ocasión de la analogía, Albalá asegura que “lo más fácil para saber lo que va a pasar en el futuro es mirar al pasado”, y radiografía como ejemplo las redes sociales. Fue la gente joven “que empezaba a dar sus primeros pasos con la tecnología” quien abrió puertas. “Para ellos era su ecosistema natural”, incide. “Los adolescentes con su propio ordenador, con sus propios dispositivos, con capacidad de decidir, son los que están entrando en este tipo de mundos. Nativos de esta nueva realidad”. Para ellos, asegura, “es mucho más fácil interactuar y comprender la dinámica del metaverso”. Si funciona con ellos, pronostica, “se desarrollarán más servicios y gente más mayor acabará por entrar”. Además, dibuja un perfil más proclive hacia este nuevo mundo: “las personas aficionadas a los videojuegos, a los e-sports, van a tener una capacidad mayor para comprender la dinámica y, por tanto, un mayor atractivo”.

 

“Conocer quién va a entrar en el metaverso, cómo va a entrar, qué va a hacer, cuánto tiempo va a permanecer y qué hábitos se van a desarrollar ahí dentro es precisamente lo que nos hará ver si el metaverso se va a convertir en algo o será residual. El punto clave, como en casi cualquier sector, serán los usuarios”

 

Fijando la mira en las empresas y teniendo en cuenta que nadie parece querer mantenerse al margen, la directora de innovación de ESIC corrobora que sectores como la informática y las telecomunicaciones, el entretenimiento o el marketing y la comunicación, son los que reúnen más expectativas en torno al metaverso. No obstante, incide, “hay sectores en los que a primera vista no ves su aplicación práctica, pero luego la descubres”. En este sentido hace referencia al mundo de la educación o de la industria automovilística, así como el turismo a través de “experiencias inmersivas”. Asimismo, asegura que “hay negocios que se pueden desarrollar en el marco del metaverso, pero que no necesariamente tienen que estar metidos de lleno en él”.

 

La web 3.0, “la verdadera revolución”

Tras mencionar la aparición de Internet durante la década de los 90 en el pasado siglo y el auge de los teléfonos móviles en los 2000, Albalá quita el protagonismo al metaverso para concedérselo a la web 3.0. Y antes de catalogarla como la “verdadera revolución”, explica, “cuando surgió la web 2.0 y las relaciones dejaron de ser unidireccionales para pasar a la creación de un canal bidireccional, fue clave”. Por ello, defiende, “cuando los creadores de contenido puedan hacer transacciones en el marco de la web 3.0, será crucial”. Sobre la evolución del metaverso, “no sabemos qué va a ocurrir, estamos empezando a dar los primeros pasos”; “pero el concepto de web 3.0 creo que sí va a ser una revolución y el próximo gran paso en Internet”.

El desarrollo de la web 3.0, como pilar fundamental del metaverso, se sustenta sobre lo que María Albalá denomina “patas”: la primera pata, la creación y renderización de los mundos 3D, “para mantenerlo continuamente disponible son necesarias unas herramientas software y hardware potentes que permitan su funcionamiento”; la segunda, las cryptomonedas, basadas en protocolos blockchain, “serán las que permitan la economía dentro del metaverso”; y, por último, los usuarios, “la gran pata”.

 

Impulso a la automatización del desarrollo

Las dudas que planean sobre el metaverso, a menudo se desprenden de la incapacidad de los usuarios de imaginar, de las vacilaciones de expertos sobre la madurez de la tecnología y de los aires de grandeza de un proyecto que debe levantarse desde los cimientos. Sobre esto, María se muestra segura: “Contamos con una tecnología suficientemente madura para que esto sea una realidad, pero no con la capacidad para poder desarrollarlo en tiempo y coste”. Ella, que viene del campo de la ingeniería informática, asegura que para que su materialización de fruto, “necesitamos que avancen la programación y el desarrollo, que sea algo mucho más rápido, que se pueda automatizar”. En este contexto pone el acento en el impulso a la automatización del desarrollo: “No es solo tener la capacidad técnica o física, sino ser conscientes de la cantidad de horas de desarrollo que conlleva el metaverso”. Así, se aventura a pronosticar, no sin una buena dosis de generosidad y risa mediante, que “estamos a unos 5 o 6 años de que la libertad real exista en el metaverso”.

 

¿Cuajará?

Esa es la pregunta que todo el mundo se hace y que María elude contestar. Si acabará siendo la gran revolución que se ha anunciado, solo el tiempo lo dirá. Lo que sí afirma la experta en innovación es que “es una decisión inteligente por lo menos entrar, investigar qué es el metaverso, ver qué capacidades tiene, saber qué están haciendo las empresas en este universo o cómo se desarrollan las interacciones de los usuarios”. Así las empresas pueden constatar si “les sirve de algo, si les puede apoyar en sus operaciones, en sus campañas de publicidad, comunicación o marketing, o si se aventuran a crear un producto específico”. El metaverso cuajará, “tal y como ocurrió en el mundo de las campañas de publicidad”, “cuando los desarrolladores dejen de replicar la vida real en el metaverso y comiencen a crear únicamente para esta nueva realidad”. Defiende así que “cuando dejen de constreñirse a la realidad, será cuando veamos todo el potencial que tiene”.

Al recapitular sobre la entrevista y ser preguntada por un titular, María Albalá no duda en valerse de la cita de Shaan Piri que aboga por entender el metaverso como un momento. “El metaverso es el momento en que nuestras vidas digitales, nuestras identidades, experiencias, relaciones y activos online, se vuelven más significativas para nosotros que nuestras vidas físicas. Esta perspectiva pone el foco en la experiencia humana, haciendo de la transición al metaverso un cambio sociológico en lugar de tecnológico”. Sobre esto, reflexiona Albalá: “El momento en el que tu ser virtual y tu ser físico pasan a tener la misma importancia, es el metaverso”. Esta es, para la experta, “una de las definiciones más bonitas y peligrosas”. Y es que como ser humano “tenemos tendencia a ser péndulos”. “Cuando sale una nueva tecnología tendemos a adoptarla y llevarla al extremo. Esa falta de equilibrio y mesura que nos cuesta como seres humanos puede llegar a hacernos creer que nuestra vida física no es todo lo buena que debiera”. Por eso, confiesa, “me preocupa como seamos capaces de gestionar esa tecnología y esa nueva realidad”. “Si se usa bien, nos puede dar la capacidad de soñar despiertos, pero me da miedo que sea todo tan bonito que afecte de manera negativa al mundo físico”. Aboga, en consecuencia, “por formar en valores, en espíritu crítico y en capacidad de resistencia y resilencia para hacerles frente”.



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