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“El mundo necesita un ecosistema equilibrado en la cadena de suministro. Somos Intel, pero no podemos hacerlo solos”

El vicepresidente y director general del Grupo de Supercomputación de Intel, Jeff McVeigh, concede una entrevista a ComputerWorld en el marco del ISC 2022, en Hamburgo, con el fin de abordar la hoja de ruta de la compañía en el Viejo Continente y descifrar las claves de la computación de alto rendimiento.

Hamburg McVeigh Intel

Hamburgo fue el telón de fondo; Jeff McVeigh, el protagonista indiscutible. Una pasmosa capacidad de oratoria, una sonrisa confidente y un conocimiento de causa que inspira respeto y admiración a partes iguales. Así comenzaba la entrevista que McVeigh, vicepresidente de Sistemas de Computación Acelerada y Gráficos de Intel y director general del Grupo de Supercomputación, concedía a ComputerWorld en el marco del ISC 2022 celebrado en la ciudad alemana. Un encuentro que pone de manifiesto la hoja de ruta que la tecnológica norteamericana pretende seguir en el viejo continente, el análisis y la respuesta del sello a la escasez de chips en Europa y el sendero que la compañía ha emprendido hacia la zetaescala. A continuación, una radiografía actual de los bullet points del fabricante de Silicon Valley.

 

Desembolso de 33.000 millones de euros

La escasez de chips parece haberse asentado en Europa imponiendo un nuevo desafío a gobiernos y empresas. Y es que la crisis de los semiconductores, acelerada por la pandemia derivada de la COVID-19 y el cambio climático, tiene su origen en la productividad de los mismos. Casi el 75% de la capacidad de fabricación de chips se encuentra en Asia Oriental y China según un análisis industrial de Boston Consulting Group de 2021. En Europa, la capacidad se reduce hasta el 8% y corre el riesgo de caer al 4%. “En Europa no tenemos esta tecnología”, nos aseguraba Mateo Valero, director del Barcelona Supercomputing Center- Centro Nacional de Supercomputación, haciendo referencia a los chips, “y creemos que debe tenerla”. Aquí entra precisamente en escena Intel con un plan de inversión superior a los 33.000 millones de euros con el firme propósito de impulsar la producción de microprocesadores en la Unión Europea (UE). Una decisión que incluye la construcción de una megafábrica en Alemania, así como duplicar la capacidad de sus instalaciones en Irlanda, junto con otros proyectos en Francia, España y Polonia. “Creo que Europa está invirtiendo mucho en muchos de los países que quieren llegar a un nivel de rendimiento óptimo para poder aprovechar la soberanía y el liderazgo en la protección de malwares, el descubrimiento de nuevos trolls y el descubrimiento de nuevos materiales para la confección de chips. Hay oportunidades y estamos encantados de asociarnos con todos estos países para hacerlo posible”.

“El mundo necesita un ecosistema equilibrado en la cadena de suministro”, relata McVeigh; y para lograrlo, el líder tech aboga por la “responsabilidad compartida”. “Somos Intel, pero no podemos hacerlo solos. Este es un viaje difícil, pero uno que debemos emprender”. Por ello, proseguía, “necesitamos a Europa, necesitamos a los Estados Unidos (EE.UU) para asegurarnos de que podemos satisfacer la demanda”. Esta es la razón “por la que estamos invirtiendo tanto en este sentido”. Una decisión que, según confirma, resulta estratégica para liderar la soberanía de Europa en materia de chips dada su exigüidad en el territorio. “Esto es una parte –que les ha llevado a tomar la decisión de invertir-, definitivamente. Las tristes noticias de Ucrania son devastadoras, pero empezamos con esto antes de que ocurriera porque sabíamos que era necesario asegurarse de que, cuando surgieran cuestiones geopolíticas, hubiera un proyecto para tener suministro en todo el mundo y que no hubiera acaparamiento”. De esta forma apuntaba a otra de las razones que han contribuido a acrecentar los estragos por la escasez de microprocesadores.

 

"Este es un viaje difícil, pero uno que debemos emprender. Necesitamos a Europa, a los EE.UU para asegurarnos que podemos satisfacer la demanda de microchips"

 

 

Hoja de ruta: iniciativas y soluciones

Las inversiones planificadas por la compañía capitaneada por Pat Gelsinger son, según las palabras de McVeigh, “significativas en términos de nuestra ingeniería y capacidades”. Así, cabe mencionar que la primera fase de este ambicioso proyecto contempla la construcción de dos fábricas de semiconductores en la localidad alemana de Magdeburgo, cuyos trabajos darán comienzo en la primera mitad de 2023 con el objetivo de que entren en funcionamiento en 2027. Un movimiento que supondrá una inversión inicial de 17.000 millones de euros en la construcción de este centro de producción y la creación de 3.000 puestos de trabajo de carácter permanente una vez completados los trabajos. La multinacional tiene previsto también seguir invirtiendo en la expansión de sus instalaciones en Leixlip, Irlanda, donde invertirá 12.000 millones de euros para duplicar el espacio de fabricación y ampliar los servicios de fundición. Una vez completada, esta expansión elevará la inversión total de Intel en Irlanda a más de 30.000 millones.

 

Jeff McVeigh, durante una ponencia en el ISC 2022 celebrado en Hamburgo.

 

Además, Intel ha comenzado las negociaciones para habilitar la instalación en Italia otra factoría, con una inversión prevista de hasta 4.500 millones de euros, lo que crearía aproximadamente 1.500 puestos de trabajo. Por otro lado, el fabricante estadounidense planea establecer en la localidad francesa de Plateau de Saclay su nuevo centro europeo de I+D, lo que generará un millar de nuevos puestos de trabajo de alta cualificación. De este modo Francia se perfilaría como la sede europea de Intel para la informática de alto rendimiento y las capacidades de diseño de inteligencia artificial (IA). En Polonia, la firma estadounidense tiene previsto aumentar en un 50% su espacio de laboratorio en Gdansk, con un enfoque en el desarrollo de soluciones en los campos de redes neuronales profundas, audio, gráficos, centro de datos y computación en la nube. 

En materia de soluciones, la sostenibilidad parece situarse en el objetivo de la diana: cero emisiones netas de gases de efecto invernadero con el punto de mira puesto en el 2040. La huella de gases de efecto invernadero de Intel se compone de tres ‘pisadas’: la relacionada con la propia compañía, las emisiones de C02 derivadas del propio funcionamiento de sus centros y aquellas emisiones del ecosistema vinculadas al producto. La tendencia global apunta a un crecimiento explosivo de la demanda de computación e inteligencia artificial (IA) en los años venideros, por ello, tomar cartas en el asunto es primordial para el fabricante de chips. La ecuación, según Jeff McVeigh, es sencilla: potencia por tiempo de solución. Y es que únicamente el 23% de la potencia total de los centros de datos está orientada al cómputo efectivo, por lo que no duda en hacer referencia a un “estancamiento de la eficacia de uso de la energía”. De cara al 2030, señala, el consumo global de los centros de datos alcanzará una cuota del 3% en el mejor de los casos, frente al 7% en el caso deseable. De esta forma, Intel avanza una estrategia fundamentada en tres pilares estratégicos: silicio, software y sistemas. Entre las recientes soluciones de Intel cabe destacar el microprocesador Sapphire Rapids HBM, la unidad de procesamiento gráfico Ponte Vecchio, el softwareIntel XPU Mánager’ o DAOS, el sistema de archivos paralelos distribuidos del sello.

 

Piezas clave en el tablero

Al echar un vistazo al tablero tecnológico, no extraña que cada una de las piezas involucradas, entendiéndolas como las propias acciones de las compañías, formen parte de lo que esperan sea una jugada maestra. Por ello merece la pena detenerse a analizar cuáles son las maniobras que imperan sobre cada uno de los escaques. Así, teniendo en cuenta que el podio en la lista Top500 de supercomputadores cuenta con chips de AMD, no podíamos dejar pasar la oportunidad de preguntar a McVeigh sobre la percepción personal de su rival directo y las diferencias entre sus tecnologías y operaciones. Haciendo gala de un saber estar envidiable y esgrimiendo una sonrisa, el vicepresidente de Intel aprovechaba la ocasión para felicitar a su principal competidor por alcanzar el nivel de la exaescala. “Es estupendo que hayan sido capaces de cruzar la línea para alcanzar ese grado”. Sin embargo, al señalar las diferencias entre sus principales soluciones McVeigh ponía de relieve que “nosotros estamos muy centrados en la nube avanzada, considerando que esto es realmente la carga más importante de la informática de alto rendimiento (HPC), aquello que vale la pena”. Ellos, proseguía, “lo que tienen es un producto impresionante muy centrado en los puntos de referencia para garantizar ese nivel de exaescala”. Sin embargo, en términos de “la fiabilidad del software y en las capacidades de combinación de la CPU –unidades de procesamiento central- y la GPU –unidades de procesamiento gráfico- es donde realmente tenemos nosotros una ventaja”.

 

Intel aboga, de la mano de Jeff McVeigh, por la innovación y la sostenibilidad en el ISC 2022.

 

Sobre la posibilidad de que le afecte a Intel el hecho de que algunas compañías que ofrecen servicios de infraestructura en la nube utilicen sus propios chips a la hora de embarcarse en la supercomputación, Jeff McVeigh es directo. “Creo que eso solo son las oportunidades que empresas como Amazon o AWS están explorando. Si realmente quieres alcanzar resultados de manera rápida y hacerlo con el mejor rendimiento energético, en Intel tenemos algunos productos muy buenos para lograrlo”.

 

Hacia la zetaescala

Recientemente Intel ha emprendido un camino hacia la zetaescala acompañado por el Barcelona Supercomputing Center – Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS). Muestra de ello, el acuerdo refrendado entre la compañía y el centro nacional de investigación para impulsar un laboratorio de chips y microprocesadores en la Ciudad Condal. Estos, según nos han explicado de manera minuciosa, se corresponden con los chips RISC-V, “unos procesadores cuyo juego de instrucciones elementales es libre y se define en comité de manera global para su uso generalizado”. “Para Europa es fundamental que nos unamos a esta tendencia global y diseñar este tipo de chips que son los que nos pueden dar autonomía”. Así lo aseguraba el director del BSC-CNS; una opinión compartida, de igual forma, por el representante de Intel. “Existe una necesidad cada vez mayor de democratizar la computación a través de estándares abiertos y una pila de software confiable”, por lo que la idea de impulsar microprocesadores de código abierto en España está perfectamente alineada con la concepción matriz de la empresa. Y aunque lo cierto es que todavía no cuentan con una fecha límite para que el superlaboratorio encaramado en el edificio Nexus II del Capus Nord de la Universidad Politécnica de Cataluña esté a pleno rendimiento, “estamos empujando para que esto ocurra”. No obstante, apuntaba, “nos encontramos en la línea de salida ahora mismo, debemos ir paso a paso”.



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