Negocio | Noticias | 23 JUL 2019

Análisis: ¿qué hay detrás de la inversión millonaria de Microsoft en OpenIA?

Microsoft ha anunciado la inversión de mil millones de dólares en OpenAI. ¿Cuáles son las razones de esta sorprendente operación? ¿En qué consiste realmente el acuerdo entre ambos jugadores? ¿Qué gana OpenAI pero, sobre todo, la empresa de Redmond, con esta alianza? Desde la firma de análisis IDG Research aportan luz al respecto.
OpenAI
Sistema Dactyl, creado por OpenAI.
Esther Macías

OpenAI nacía en diciembre de 2015 como una organización sin ánimo de lucro centrada en el estudio de la inteligencia artificial. Un proyecto del que se hizo eco toda la prensa a escala internacional –ComputerWorld también– al estar respaldado y promovido por grandes magnates de la industria tecnológica como el emprendedor en serie Elon Musk (cofundador también de PayPal, Tesla Motors, SpaceX, Hyperloop, SolarCity, The Boring Company o Neuralink y que está ahora fuera de la compañía), o Peter Thiel, cofundador de Paypal. El proyecto, cofundado también por otro emprendedor, Sam Altman, su actual presidente, volvía a salir a la luz cuando sus responsables anunciaron el pasado mes de marzo que abandonaban su carácter altruista para convertirse en una entidad empresarial. Un camino que ha culminado ahora con una inversión millonaria de Microsoft (mil millones de dólares) en OpenAI.

Ambas compañías, a través de sus máximos responsables (Satya Nadella de Microsoft y el propio Sam Altman), han expresado las bondades de un acuerdo que, aseveran, acelerará los avances en inteligencia artificial y potenciará los esfuerzos de OpenAI para crear una inteligencia general artificial (AGI). La alianza, de varios años –no se han especificado cuántos– implica además que las dos empresas trabajen para generar tecnologías de supercomputación. En realidad, OpenAI ya utilizaba desde hace dos años la plataforma cloud de Microsoft de forma preferente, pero esta firma implica el compromiso del equipo de Altman de usar de forma exclusiva la nube de Microsoft.

Una vez expuesto el escenario surgen varias preguntas: ¿por qué Microsoft invierte esta ingente cantidad en OpenAI? ¿Invierte de verdad este montante en efectivo o se trata de un acuerdo de intercambio de servicios (realmente no se especifica en el comunicado cómo se va a efectuar dicha inversión)? ¿Qué gana OpenAI pero, sobre todo, Microsoft, con esta alianza? Para Fernando Maldonado, analista de la firma de análisis de IDG Research, “es complejo conocer el trasfondo de este acuerdo porque sus propios protagonistas no han sido claros sobre lo que éste conlleva. La incertidumbre que existe en torno a éste puede llevarnos a pensar que, más que una inversión en efectivo, se trate de un intercambio de servicios enmarcado en un acuerdo de colaboración”.

“Puestos a especular –apunta– yo diría que, más que invertir dinero contante y sonante, lo que hace Microsoft es dar acceso a su infraestructura cloud (Azure) a OpenAI de forma que, a su vez, pueda poner a prueba esta infraestructura en el manejo de proyectos de inteligencia artificial de modo que las enseñanzas que extraiga pueda posteriormente aplicarlas a proyectos comerciales con otros clientes. Es decir, Microsoft quiere demostrar que su infraestructura cloud es lo suficientemente escalable para este tipo de proyectos. Sin olvidar, por otro lado, que también puede ser una potente campaña de marketing”.

El reto de democratizar la IA

Como observa el experto, el objetivo de OpenAI es democratizar la inteligencia artificial, una idea de la que hablan también otras compañías como Google o la propia Microsoft. “Pero el gran problema que existe en torno a la llamada ‘inteligencia artificial general’ (que no es lo mismo que la de propósito específico, que es la que se usa ahora mayormente) es la grandísima capacidad de cómputo que requiere y el consiguiente gasto energético que va asociado: si realmente se pudiera materializar la inteligencia artificial general el 50% de la energía se destinaría a este objetivo”.

Según Maldonado, esta inteligencia artificial general se enfrenta, además, a otros retos. “Uno es el llamado ‘olvido catastrófico’, es decir, el problema de que la tecnología olvide lo que había aprendido anteriormente al ser aplicada a otro ámbito o que se produzcan interferencias”. Por ello el analista cree que los avances de esta inteligencia artificial general no los veremos a corto plazo. “Todo dependerá de la investigación que se realice en torno a esto, pero la evolución puede conllevar muchos años”.

En general, considera el experto, “es complicado atisbar cómo se quiere extraer beneficio de esta tecnología de forma más o menos inmediata cuando aún queda mucho tiempo de desarrollo”. Éste recuerda que la inteligencia artificial que se usa ahora, la de propósito específico, está diseñada para una sola cosa (por ejemplo, jugar al ajedrez) y no es capaz de ser aplicada a otras utilidades.

Deepmind/Google, el otro jugador en liza

El único proyecto potente de inteligencia artificial general que ya está en marcha, apostilla el experto, es el que impulsa Deepmind, la compañía británica que Google compró en 2014 y que ha creado una red neuronal que aprende cómo jugar a los videojuegos de una manera similar a la de los seres humanos, y una máquina de Turing Neural o una red neuronal que puede ser capaz de acceder a una memoria externa como una máquina convencional de Turing. Esta compañía mostró cómo su programa AlphaGo fue capaz de derrotar a un jugador humano profesional de Go por primera vez. “Más allá de este hito, con esta tecnología Google ha demostrado cómo es posible entrenar a un algoritmo con menos datos, un logro que puede tener muchas aplicaciones comerciales”.

Lo que parece una evidencia, en todo caso, es el mantra que siguen el propio CEO de OpenAI y su equipo: “La creación de la inteligencia artificial general será el desarrollo tecnológico más importante en la historia de la humanidad”.



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