Opinión
Especial 5G ComputerWorld 2022

El tren del 5G al que tenemos que subir (sin esperar al siguiente)

La situación económica general después de la pandemia, la actual crisis energética derivada del conflicto en Ucrania, la carencia existente en el mercado de semiconductores o la inflación, crean un ambiente de profunda incertidumbre.

5G

El futuro próximo de nuestras comunicaciones es 5G. Y esto no es un hype, sino una realidad clara que tenemos que interiorizar si no queremos ocupar una posición secundaria en el mercado global de las telecomunicaciones y los servicios digitales. Las previsiones técnicas y económicas de entidades como GSA, fabricantes como Ericsson o consultoras como Juniper Research, por citar algunos de los últimos informes, indican que para el año 2025-2026, 5G superará a 4G en el mix de tecnologías y que para el año 2027 el 80 % de los ingresos de los operadores provendrán de 5G.

España ha hecho los deberes en muchos campos para impulsar esta tecnología. Lideramos el despliegue de fibra óptica en Europa, radicalmente necesaria para la conectividad 5G, con nuevos planes para extenderla a zonas rurales. En el año 2017 se publicó el Plan Nacional de 5G con una hoja de ruta clara y precisa en algunos aspectos muy relevantes. El primero la puesta a disposición de los operadores de espectro radioeléctrico, ya realizado con la banda de 3.4 GHz, 700 MHz y en consulta pública la banda de 26 GHz. También las favorables condiciones para la realización de pilotos de esta tecnología aplicados a más de 120 casos de uso con una importante financiación.

Sin embargo, el panorama dista de ser óptimo. La situación económica general después de la pandemia, la actual crisis energética derivada del conflicto en Ucrania, la carencia existente en el mercado de semiconductores o la inflación, por citar algunos factores, crean un ambiente de profunda incertidumbre. A todo ello debemos sumar la caída en los ingresos totales de los operadores de telecomunicaciones móviles, tendencia que se prolonga ya desde el año 2008, la permanente competencia con las big tech como Netflix, Amazon o Google cuyo tráfico en las redes móviles (y fijas) no para de crecer  y el debate asociado por la contribución al mantenimiento de las infraestructuras o los problemas regulatorios en las operaciones de concentración pueden afectar (y parece que así va a ser) a las capacidades de atracción de inversión de estas compañías y por lo tanto a su capacidad de realizar despliegues e implementar servicios.

Y es que el concepto más repetido últimamente es el de monetizar. Los operadores y el sector TIC en general necesita concebir modelos de negocio que permitan acelerar el retorno de las inversiones realizadas en la tecnología 5G. La implementación de servicios de ocio disruptivos, el despliegue masivo de IoT para la mejora de la sostenibilidad en las ciudades, la agricultura y la salud inteligente tienen que producir ingresos al sector o cualquier avance se verá ralentizado. Los primeros síntomas ya se han manifestado. Europa crece en el despliegue de 5G pero a menor ritmo que sus rivales globales. Según GSMA, en el año 2025 la adopción media del 5G en Europa estará en el 44% mientras que en Corea del Sur llegará al 73% y en Estados Unidos y Japón en el 68%. Podemos estar, nuevamente, perdiendo otro tren tecnológico.

Sigue siendo necesario el empuje público para, como ha subrayado en muchas ocasiones Antonio García Marcos, presidente de Teldat, “ayudarnos a vender más”. En este sentido políticas como la puesta a disposición de una parte del espectro para el ámbito local en régimen de autoprestación en la banda de 26GHz puede fomentar un 5G Industrial en toda su extensión. Pero es necesario más, se necesita pasar de los pilotos a proyectos reales, algunos de ellos empujados por las propias administraciones locales o regionales que permitan visibilizar los beneficios de esta tecnología, fomentar la necesidad y la demanda de los mismos, de manera que aparezcan inmediatamente iniciativas privadas que, en el corto plazo, generen ingresos que demuestren la rentabilidad del esfuerzo realizado en el despliegue de 5G.

Porque además nos hacen falta profesionales en el ámbito de las tecnologías de la telecomunicación. La carencia de vocaciones STEM, a pesar de ser un sector sin desempleo, está lastrando a nuestras compañías, que no encuentran suficiente talento humano para poder desarrollar sus proyectos. Lo excitante de los servicios innovadores de 5G, algunos de los cuales parecen casi magia, puede impulsar a nuestros jóvenes a emprender la formación en esta tecnología y a quedarse en nuestro país, ya que también nos cuesta retener el talento. Pero para ello hace falta esfuerzos en visibilizar el 5G “a pie de calle”.

Y estos esfuerzos por parte de todos los actores son perentorios, deben ser aplicados cuanto antes. La rápida evolución del resto de mercados puede hacernos perder la oportunidad de reindustrializar tecnológicamente nuestro país y, al depender de entidades externas perder, al menos parcialmente, nuestra soberanía tecnológica e industrial. Y eso, como ya vimos durante la pandemia, sale muy caro.

 

El artículo ha sido escrito por José Antonio Portilla, vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT) y director de la cátedra en TIC e inteligencia artificial de ISDEFE Universidad Alcalá de Henáres (UAH).



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