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Más ética tecnológica para un 2022 inmerso en la revolución digital

La revolución digital seguirá su curso este año con la adopción de novedosas tecnologías por parte de todos: ciudadanos, empresas y organismos públicos. El desafío, no obstante, radicará en garantizar que esta fiebre digital no socave los derechos humanos.

viñeta enero 2022

Que “sin tecnología todo se detiene” es un mantra que hemos aprendido a fuego después de la obligada parálisis que supuso la pandemia, sobre todo, en los primeros meses con el confinamiento más duro. 2022 tiene que ser, por tanto, un año clave para la apuesta tecnológica tanto por parte de las empresas como del sector público.

Los datos que arrojan las firmas de análisis del mercado son, desde luego, optimistas en este sentido. Desde IDC Research apuntan que el gasto tecnológico para la transformación digital alcanzará en España los 52.900 millones de euros este 2022, lo que conlleva un incremento de casi un 2% respecto a 2021.

No obstante, como apuntan por su parte los expertos de IDG Research, el papel de las tecnologías de la información ha cambiado. Más allá de impulsar el cambio, la famosa transformación digital, lo que hacen es facilitarlo. Su papel como habilitadoras para sobrevivir y competir en el nuevo escenario marcado por la intensa digitalización es más evidente que nunca. Un escenario, por otro lado, marcado por una cada vez más compleja situación geopolítica, que también influirá en el desarrollo e implantación tecnológicos.

Son muchas las tendencias tecnológicas que brillarán en 2022. Por supuesto, el modelo de suministro de TI cloud, que se ha acelerado como nunca también durante la pandemia, será aún mucho más adoptado por las organizaciones por la flexibilidad y escalabilidad que permite, pero también porque permite experimentar e innovar, dos elementos claves. La inteligencia artificial será, como no podía ser de otra manera, otra protagonista, con el auge que está experimentando la automatización de todos los procesos susceptibles de ser automatizados —aquí los desafíos, más que técnicos, serán de carácter ético, pero afortunadamente son ya muchos países (España, pero también a nivel de la UE e incluso de la OCDE) los que están avanzando para garantizar que el desarrollo y uso de esta tecnología se haga respetando los derechos humanos fundamentales—. La conectividad, esa base tan, tan importante, para que funcione todo lo demás, seguirá avanzando con el despliegue de tecnologías como 5G, que por fin debería dar un salto significativo con la implantación de proyectos reales en el mercado. 

En fin, desfilarán por este recién estrenado 2022 tecnologías que mejoran la analítica de datos y la gestión de la información, que hacen más agradable la experiencia de los clientes, los empleados y los ciudadanos, sensores y dispositivos de IoT (internet de las cosas), blockchain, herramientas que permiten trabajar desde cualquier lugar, herramientas más sofisticadas de ciberseguridad para hacer frente a los cada vez más frecuentes ciberataques e incluso el famoso metaverso —esa ‘otra’ realidad paralela que están impulsando los grandes gigantes tecnológicos y que podría revolucionar miles de industrias—, entre muchas otras como la propia informática cuántica, que también empezará a despegar. El gran desafío será cómo digerir y adoptar estas innovaciones y transformaciones sin perder el toque humano. Sin perdernos.


 



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