Consultoría | Artículos | 07 ABR 1995

El outsourcing en España

Después de la publicación en nuestro semanario de un número especial dedicado al outsourcing, se ha producido -como en ocasiones análogas de años anteriores- un cierto despertar o sensibilización entre los usuarios respecto al tema. El aletargamiento desaparece y se reaviva el interés por conocer la situación de los servicios que engloba el concepto outsourcing. Ya no se pregunta por el significado de la palabreja ¡faltaría más¡ pero sí se hacen cábalas sobre su posible rentabilidad y se cuestiona la eficiencia de sus aportaciones. Será por desconocimiento, evidentemente, porque las empresas que prestan estos servicios explican, y repiten, que sus usuarios están encantados con las atenciones que reciben. La discordancia en las opiniones dubitativas, o contradictorias, respecto al mensaje de los outsourcers, habría que buscarlo en fallos de comunicación por parte de estos últimos que ya hemos señalado en alguna otra ocasión. Quienes discrepan o desconfían de la idoneidad del outsourcing, se apoyan en supuestas irregularidades o conjeturas, sin base en situaciones conocidas y contrastadas ¿No es este un fallo imputable a quienes tienen necesidad de crear mercado, para anexionárselo después?.

No es fácil disponer de datos precisos sobre la evolución del outsourcing en España, pero sí parece -por los testimonios de los outsourcers- que va creciendo el número de los utilizadores de estos servicios, con niveles de compromiso diferenciados. Y es que, por muchos años que lleve realizándose en otros países y por convincentes que sean los grados de satisfacción, es comprobable que aquí las peculiaridades de estos servicios generan desconfianza en el seno de las plantillas de informáticos que serán, para bien o para mal, los directamente implicados. Por supuesto que ya se encargan los outsourcers, cuando se les presenta la oportunidad de exponerlo públicamente, de poner énfasis especial en esta delicada parcela. En este contexto, la coincidencia es absoluta al augurar al director del Sistemas de Información garantía de continuidad en la organización, con perfiles de responsabilidad incluso mayores, y ganando con el desempeño de funciones más gratificantes. Asimismo, el mensaje de sosiego hacia los informáticos del posible cliente, suele ser la norma de los outsourcers. Se evitarán los despidos y se acudirá al reciclaje y a la reubicación en otros departamentos, con la promesa de tareas más gratificantes. Y si, después del período de readaptación al nuevo organigrama, hubiera aún algunos excedentes de recursos humanos, dicen que los integrarían en otros proyectos donde participase la empresa de outsourcing. Visto así, hasta las empresas con plantilla informática sobredimensionada podrían encontrar una vía de solucionar, simultáneamente, este problema adicional. Pero los casos no se trivializan ya que ambas partes -cliente y outsourcer- buscan en la negociación el punto de equilibrio donde convergen las posturas que cada uno defiende. A partir de este momento ya existe la sintonía imprescindible para ponerse de acuerdo en la redacción del contrato.

Las empresas que en España ofertan servicios de outsourcing estiman que el despegue sustantivamente importante del negocio pasa necesariamente por la consecución de un contrato que, por la cuantía o significación del cliente, atrajera explosivamente la atención de los indiferentes, displicentes o inseguros.

Pero, además de que se produjera el anhelado acontecimiento positivo, ¿qué aportarían los outsourcers para conseguir la difusión esperada y, por consiguiente, el milagroso y masivo impacto? El deseo confesado de un aldabonazo eficaz, hace que fijen sus ojos en la Administración Pública como sujeto ideal para galvanizar sus pretensiones. La fuerza cuantitativa y el poder de referencia la erigen en objetivo especialmente atractivo para los outsourcers.

Pero, ¿han iniciado algún acercamiento corporativo para estimular a la Administración a que se decante por sus servicios? ¿Han ofrecido la realización de algún estudio, focalizado en determinados organismos, donde se demuestre, con cifras, la rentabilidad de la adopción del outsourcing? ¿O están esperando a que la Administración llame a sus puertas?

Por si les sirve de motivación, la Administración Pública se encuentra en estos momentos elaborando -o a punto de culminar- una Guía Técnica para asesorar a los usuarios en la contratación de servicios de outsourcing. Podría ser, sin duda alguna, la gran oportunidad apetecible para iniciar diferentes contactos que culminarían, para empezar, en una presentación en profundidad de todas sus habilidades.



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