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“Todavía utilizamos la web y la tecnología sin las competencias digitales adecuadas”

En el marco del Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información desciframos las claves que plantea el nuevo escenario pospandemia a través del ojo crítico de expertos en la materia.

Día Internet

Aunque en 2020 fue un virus en forma de corona el que paralizó el planeta, hubo un sector que simulando a un ave fénix, resurgió entre las cenizas. La tecnología e Internet dieron entonces alas a una población sumida en el confinamiento, relegada a la intimidad de sus hogares, estancada en una nueva rutina. Fueron, indiscutiblemente, los grandes compañeros de viaje de las sociedades modernas, digitalizadas; entonces, la aceleración y el desarrollo de la tecnología, como siempre apabullante y sugerente, tomó un impulso sin precedentes. Ahora, en un contexto de pospandemia, “nos da menos miedo aprender a utilizar nuevas plataformas, nuevas redes sociales, nuevas herramientas tecnológicas”, asegura Ofelia Tejerina, presidenta de la Asociación de Internautas en el marco del Día de Internet o Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información.

Aprovechamos la ocasión para radiografiar el escenario actual de la web y las tecnologías de la información a través del ojo crítico de dos expertos: Ofelia Tejerina, máxima representante de la Asociación de Internautas, y Miguel Pérez, presidente de la Asociación de Usuarios de Internet. Desafíos actuales, transformación de los usuarios, patrones de conducta en la web y explotación de herramientas, además del análisis de un nuevo paradigma en el que la tecnología al servicio del ser humano encarna el papel protagonista.

 

Desafíos actuales

La transformación digital de los últimos años es latente, como consecuencia, nos enfrentamos a una serie de retos que Pérez distingue en torno a “diferentes planos”. Así es como hace referencia a “la usabilidad, en un contexto en el que las sociedades se envejecen y cada vez es mayor la esperanza de vida; el de la seguridad, garantizando un nivel aceptable sin complicarle la vida a los usuarios; en el desarrollo de una economía del dato sostenible, en el que la transparencia y el control de nuestros datos sea compatible con la explotación de los mismos; y, además, en garantizar la gobernanza y el control de los recursos críticos de Internet en un marco geopolítico con muchas tensiones y ansias de fragmentar la web y tener bajo diferentes régimenes algunos de estos recursos”.

 

"El contexto pospandemia requiere de la protección de la información, la ciberseguridad y planes para poner coto a los ciberdelincuentes en primera instancia. El siguiente reto, hacer una internet más inclusiva y más funcional"

 

Una perspectiva que parece compartir la presidenta de la Asociación de Internautas al subrayar como gran reto colectivo la ciberseguridad. Así, distinguiendo en cuanto la obtención de datos de carácter personal y la obtención de informaciones de carácter confidencial, “que no tiene por qué ser lo mismo”, incide, el mayor desafío se desprende de la necesidad de “protección de la información de terceros no autorizados”. Y es que las consecuencias, prosigue, “pueden ser tremendas tanto para empresas como para particulares causando daños económicos, psicológicos o reputacionales”. Sin embargo, hace especial hincapié en que “cuando alguien obtiene información de carácter íntimo de las personas puede causar un daño muy grave y, además, irreparable”. En este sentido se explica: “la información en las redes no tiene límite ni espacial ni temporal. Podemos eliminarla del escaparate principal con el derecho al olvido, pero sigue ahí, no sabemos el tiempo que tardará en volver a salir a la luz”.

 

¿Cuánto hemos cambiado?

Teniendo en cuenta el punto de inflexión vivido durante y tras la pandemia en cuanto al uso de las nuevas tecnologías e Internet por parte de los usuarios y su crecimiento exponencial, resulta de gran valor capturar la perspectiva del contexto. Ambos expertos coinciden en que más que cambiar el perfil de los usuarios tras la pandemia, “lo que ha cambiado es el nivel”. Ahora que Internet y las tecnologías nos son útiles para “mucho más que antes”, “los usuarios hemos sumado un grado más”, dice Tejerina.

 

 

“Todos nos hemos acercado a la tecnología por el empujón que nos ha dado la pandemia”. “Está cambiando en la forma en que nos formamos, nos informamos, nos relacionamos, compramos, accedemos a los servicios”, prosigue Pérez. Por ello, “los usuarios son más exigentes, quieren más inmediatez, más sencillez, más transparencia y más control en su vida digital”. Respecto a esto, Ofelia, indudablemente, tiene algo que decir: “somos más conscientes de lo que ocurre con nuestra información cuando la compartimos digitalizada, antes no había tanta conciencia”. Aun así, defiende tajante, “todavía no somos lo suficientemente conscientes del daño que nos puede hacer. En la educación y la docencia no se ha tomado verdaderamente en serio la competencia de las herramientas digitales”.

 

Tendencias imperantes: nuevos patrones

Los nuevos patrones de conducta en la web revelan que “se sigue delegando una parte importante de la seguridad en los usuarios, les piden claves y protocolos de acceso complejos en lugar de adaptarse a la realidad pidiendo que sean ellos quienes adapten su proceder para salvaguardar la seguridad de los sistemas”, explica Pérez. Esto, sin embargo, “ya no es viable”. Puesto que la tecnología permite en la actualidad un uso seguro que “no complique la vida al usuario”, se imponen, en palabras del presidente de la Asociación de Usuarios de Internet, “la estandarización, la activación de tecnologías de reconocimiento personal y dispositivos menos vulnerables”. Por eso, las tendencias que avanza están estrechamente ligadas con “la inmediatez, la movilidad, el uso ético, accesible e integrador de la tecnología, la explotación y uso de datos en procesos de inteligencia artificial o la desaparición del efectivo y la concentración de servicios en los dispositivos móviles”.

 

 

Ofelia, por su parte, no duda en mencionar los usos de las nuevas tecnologías en torno a diferentes franjas de edad. Si pensamos en un rango entre los 15 y los 35 años, explica, “la herramienta más utilizada son las redes sociales”. Las redes sociales son la principal herramienta de ocio y comunicación que explota este segmento, aunque también “se utilizan como elemento de aprendizaje y arma”, siendo este último “el punto negativo”. Poniendo la mirada en la franja que oscila entre los 30 y los 60, las nuevas tecnologías son, “claramente, una herramienta de trabajo”. Algo que, asegura, “es consecuencia de los últimos años”. Por ello, entre las tendencias imperantes destaca, a su parecer, la irrupción y auge de “las plataformas de comunicación”.

 

La tecnología al servicio de la sociedad

Hoy en día, por fin, “la tecnología está al servicio de los seres humanos, al servicio de la sociedad”, infiere Ofelia Tejerina. Gracias, en parte, al azote provocado por la pandemia. “Nos hemos dado cuenta, incluso, que la tecnología no lo puede todo y que mal utilizada es un atraso”. Por ello, Tejerina aboga por conjugarla con las utilidades analógicas. “La tecnología tiene que ser única y exclusivamente para lo que la necesitamos, que sea rápido y cómodo de utilizar no quiere decir que sea útil ni poco peligroso”. Sobre esto nos ilustra con un ejemplo claro: “todos recordamos a aquel anciano que decía ‘soy mayor, no imbécil’ frente a un cajero automático”. Por eso, para ella, “es un adelanto entender que la tecnología no es para todo, que no la necesitamos siempre; y que si va a traer más riesgos que beneficios, es mejor dejarla en la caja”.



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