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Especial CW Metaverso 2022

Web3 y el metaverso; el futuro se nos está haciendo mayor

La Web3 es la Internet ‘inteligente’, descentralizada y respetuosa con la privacidad gracias a la IA, el blockchain, la realidad virtual y la aumentada, que con el metaverso nos permitirá niveles de interacción humana hasta ahora solo imaginados. Nos cambiarán la vida, pero debemos prevenir y regular para que sea tan positivo como disruptivo.

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Ya están aquí y van a ser tan disruptivos e importantes como lo fueron sus padres, Internet y la tecnología que se desarrolló con la red. De la unión han surgido varias tecnologías hijas, desarrolladas en los últimos años gracias a ese primigenio matrimonio. De las últimas presentadas en sociedad destacan la web3 y el metaverso; la pareja ideal de la próxima década, que ha pegado el estirón y ya son adultos.

Se conoce como Web3 a la Web3.0 pero se ha consesuado ya la abreviación del nombre. Fue Gavin Wood, cofundador de Ether y creador de Polkadot, en 2014, quien la presentó por primera vez. Se trata de ese sistema de internet soñado descentralizado, por lo que garantiza la privacidad, pero abierto, asistido por la inteligencia artificial, capaz de aprender, adaptarse y ofrecer reacciones autónomas, que recopilará tecnologías como blockchain, la IA, la realidad virtual y la realidad aumentada.

Su compañero el metaverso es si cabe más osado y espectacular que la web3, porque en el imaginario colectivo trasciende la dimensión humana, y nos ofrece un ensueño de contactos casi infinitos, pero su desarrollo está íntimamente ligado al de su pareja web3. Son esos entornos virtuales que nos van a permitir reunirnos más allá de textos, voces y vídeos, propiciando la interacción humana vestida de realidad digital. Muchos lo tenemos ya en casa a través de nuestros hijos más pequeños, por ejemplo con la plataforma de juegos Roblox.

 

Web3 y metaverso, lo que son y lo que les une

Para Sara Hernández, consultora de la asociación DigitalES, la Asociación Española para la Digitalización, que agrupa a las principales empresas tecnológicas que operan en nuestro país, son dos conceptos diferentes, aunque existe una conexión estrecha entre ambos. “En cierto modo, Web 3.0 y metaverso se necesitan y se complementan para generar experiencias digitales que hoy nos resultarían asombrosas, pero que probablemente formen parte de nuestra rutina en menos de 10 años”, vaticina.

“La web3 tiene que ver con una Internet ‘inteligente’ por sí misma, gracias a los modelos mejorados de procesamiento de datos”. Para explicar la innovación que aporta, Hernández  nos recuerda cómo en los orígenes de la red de redes, la primera generación de Internet era meramente unidireccional, la Web 2.0 introdujo la bidireccionalidad entre personas y la emergente Web 3.0 nos invita a proyectar servicios que no existen en el mundo offline y que en cambio sí son posibles en un entorno hiperconectado.

“En muchas ocasiones, —añade Hernández— la Web 3.0 se relaciona con la llamada ‘tokenización’ de la economía, por la cual ésta se descentraliza y se ‘democratiza’. La ‘tokenización’ masiva, apoyada en blockchain, tiene firmes defensores pero también detractores, ya que podría amenazar las políticas monetarias de los bancos centrales y, como consecuencia, la estabilidad financiera de los territorios”.

Sara Hernández se refiere al aspecto del blockchain más controvertido, el de las criptomonedas, su ausencia de control de los mercados tradicionales y su volatilidad. No obstante, blockchain en la web3 está destinado a permitir el desarrollo de aplicaciones descentralizadas. La existencia de las propiedades exclusivas en la red, los NFT (Non -Fungible Token, un token no fungible) son un ejemplo de desarrollo de la cadena de bloques, que como registro de transacciones que es, ya se utiliza en labores administrativas, de atención sanitaria, cuestiones de seguridad, suministros y transacciones comerciales.

Desde DigitalEs explican que el metaverso, conceptualmente, “tiene más que ver con la experiencia de uso online que con el tipo de servicios que provea Internet. Dicho de manera sencilla, el metaverso responde a una evolución hacia entornos digitales más inmersivos, más interactivos y mejor integrados con nuestras vidas offline”. Hernández coincide con la mayoría de los especialistas en que el metaverso (quizá debido a la difusión que de él ha dado el cine y las series de TV) se asocia en muchas ocasiones con la realidad virtual y con los avatares. “Hay que tener en cuenta que, sobre todo las generaciones más jóvenes, ya interactúan con naturalidad a través de avatares, particularmente en plataformas de gaming”.

Fernando Maldonado, analista de IDG Research, por su parte, también ve el metaverso como una evolución de Internet hacia un espacio donde se socializa, comercia o juega a través de una experiencia inmersiva, ya sea mediante realidad virtual o aumentada. Para este analista la idea no es nueva, pero coincide con Sara Hernández en que el metaverso es ahora  posible por la confluencia ya señalada “de tecnologías que lo van a acelerar: realidad virtual y aumentada, blockchain (NFT y criptomonedas) o inteligencia artificial, que se aglutinan en la web3 y se rigen por el principio de descentralización de internet, posible gracias a blockchain”, lo que nos reafirma en que se ha producido una cadena de desarrollos tecnológicos que se alimentan entre sí, y ya hacen posible el futuro.

 

Oportunidades, aplicaciones y retos que nos cambiarán la vida

Tratando de ser prácticos ¿para qué vamos a utilizar estas nuevas maneras de comunicarnos? Desde DigitalEs, Hernández entiende que “se trata de llevar todo lo que ya existe a un siguiente nivel; de perfeccionar las tecnologías de procesamiento del lenguaje natural, deep learning o realidad extendida, entre otras, para que puedan emerger servicios disruptivos”. Según su opinión, los conceptos Web 3.0 y metaverso, en definitiva, “nos adelantan por dónde podrían provenir las revoluciones digitales que cambiarán nuestras vidas en los próximos años, igual que lo hicieran en el pasado los buscadores online o las redes sociales”.

Según Maldonado, el metaverso difumina las líneas entre nuestras vidas en los entornos físicos y digitales, “esto tiene el potencial de transformar la publicidad, el comercio electrónico, el entretenimiento o la educación”. No obstante, es prudente al afirmar que antes de que esto se produzca habrá que sortear múltiples retos que van desde la infraestructura (una red de comunicaciones capaces de soportar el incremento de datos y ofrecer baja latencia), las capacidades tecnológicas para construirla (por ejemplo, una guerra de talento por los desarrolladores, porque no hay suficientes) o los aspectos de seguridad y regulación (sin ir más lejos, cómo se gestionan situaciones de acoso o de suplantación de identidad).

En cuanto a las aplicaciones prácticas, más bien empresariales, que presenta la nueva pareja de tecnologías, Hernández nos adelanta que “por ahora, se identifican oportunidades destacadas en ámbitos como los asistentes ‘inteligentes’, las tecnologías para la accesibilidad y la gestión de recursos humanos, así como el gaming, un campo de pruebas fantástico para los futuros metaversos”. Al fin y al cabo, tal y como lo entienden desde el campo empresarial representado por DigitalEs, para que un desarrollo tecnológico se consolide, éste debe responder a una necesidad del mercado.

Como analista, Maldonado observa que todavía se aplica en islas no conectadas; entornos de trabajo (Accenture), ciudades (Singapur), bancos (JP Morgan) tiendas (Gucci o Mcdonals), estadios de fútbol (Machester City) o conciertos en Roblox, pero “la visión es que el metaverso sea único; es decir, que los avatares puedan moverse libremente por distintas plataformas. Por ejemplo, yendo a un concierto de música en una, viendo un título de Netflix con los amigos o asistiendo a un desfile de moda en otra”, nos explica.

Aunque Maldonado ve que la humanidad se va a resistir, porque nos gusta demasiado hacer uso de nuestros sentidos. Este pasado mes de mayo de 2022 se ha retrasmitido el primer partido de fútbol en el metaverso, el AC Milan vs Fiorentina, una experiencia virtual en el campo de 360 grados y en tiempo real, que resultó ser como verlo en un bar con muchos amigos, pero sin oír los gritos, sentir los abrazos, y sin más emoción. Las posibilidades están, pero todavía le falta una vuelta a la multicámara o a los datos al punto gracias a la realidad aumentada.

No obstante, todo será acostumbrarse. Está claro que con visionarias películas, ya desde Matrix, Tron y El cortador de césped, o la serie infantil de 2003 Código Lyoko ya nos venían avisando, pero no nos lo acabábamos de creer. Las series Black Mirrow (Netflix), Westworld (HBO) o la japonesa Sword Art Online, y los filmes más recientes como el bombazo de Spielberg Ready Player One o la más liviana Free Guy, nos están dejando muy claro el camino de las posibilidades y aplicaciones de la web3 y el metaverso. Debemos cuidar muy mucho que se usen para bien, porque en todas esas producciones siempre hay villanos con motivación económica o tecnología que se erige por encima de la humanidad para dominarla.

 

Esta vez estamos ‘algo’ más preparados para la disrupción  

Desde IDG Research, Maldonado ve las novedades más evolutivas que disruptivas. Por trazar un paralelismo, cree que estamos en el equivalente de lo que supuso la llegada de Internet. “Basta pensar cómo era en los 90 y en qué se ha convertido. No se produjo de la noche a la mañana y muchas de las cosas que hacemos hoy no podíamos ni imaginarlas. Al igual que cosas que imaginábamos nunca se materializaron”. En cualquier caso, para él, estamos en un momento en el que debemos experimentar y aprender.

Además, si nos fijamos, tanto la web3 como el metaverso no constituyen una tendencia tecnológica única, “sino que son el resultado de una combinación de éstas” asegura Hernández, que tiene muy claro que las próximas revoluciones tecnológicas vendrán de la combinación de inteligencia artificial y otras tecnologías.

Como esas combinaciones se están dando, basados en las mismas ¿cuáles son los modelos de negocio emergentes de la web3 con los que nos vamos a ir encontrando? En cuanto al metaverso, ya vemos que las empresas que están apostando fuerte arrastran el reto de proyectar en él sus modelos de negocio actuales, según Maldonado. “Meta, por ejemplo, está desarrollando patentes que están muy orientadas a su modelo de negocio basado en la publicidad. Lo mismo sucede con el resto de grandes tecnológicas” asegura.

Sin embargo se están detectando antes sus contras que sus pros. “Desde un punto de vista ecológico —argumenta Hernández—, es evidente que el procesamiento de datos masivos ocasiona consumos energéticos muy importantes. En este contexto, desde DigitalES creemos que es imperativo favorecer un desarrollo tecnológico que requiera menos energía, que priorice las fuentes renovables, las técnicas de parametrización ‘verde’ y/o que se dirija a mejorar la eficiencia de otras actividades”. Así que desde las tecnológicas se propone imponer la “sostenibilidad por defecto” y “por diseño”, promoviendo estándares y mejores prácticas desde España para todo el mundo.

También los analistas como Maldonado ven que el impacto ecológico de un internet intensivo en el uso de blockchain se traduce en elevadísimos consumos de energía. “Llevado al extremo, si todos diéramos el salto mañana al metaverso colapsaríamos el sistema eléctrico”.

Respecto al impacto normativo, también es elevado según los expertos consultados. Actualmente, las empresas que están construyendo el metaverso utilizan fórmulas de autoregulación. El problema se va a producir cuando el metaverso escale en usuarios y, un claro ejemplo, es que ya se está trabajando es los casos de acoso.

En cualquier caso, la regulación vendrá de la mano del uso, porque todo apunta a que la web3 será un internet que aporte valor a los usuarios, sin que estos vean “vendidos” por ahí sus datos privados a cambio de servicios. Si la naturaleza descentralizada y transparente realmente pone el control de sus propios datos e identidades en los ususarios, a lo mejor sí que la web3 puede llegar a cambiar la estructura de poder tradicional del mundo de Internet. Pero, ¿dejarán las grandes tecnológicas que viven, y muy bien, de nuestros datos que esto ocurra sin más? Veremos si es seguro que nuestro futuro avatar metaversiano no tenga fisuras de información por las que se termine sabiendo de nosotros hasta nuestros pensamientos más ocultos. O lo que ni siquiera aún sabemos de nosotros mismos. 



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