Tecnología | Noticias | 12 NOV 2019

El cambio climático también es cosa de las 'tech'

Quizás no somos del todo conscientes pero las nuevas tecnologías también cargan con el peso de la contaminación. Ahora, en plena época de concienciación, también es cosa suya pensar en verde y trabajar por un mundo más limpio.
Contaminacion
Cristina Cueto García

La lucha contra el cambio climático se ha convertido casi en una obligación. Desde el usuario de a pie hasta empresas grandes y pequeñas, todos tienen ante sí el deber de trabajar por revertir una situación que empieza a ser extrema. Ante esto, las tecnológicas, tienen ante sí un importante reto, pues pese a ser un sector relativamente nuevo, cargan a sus espaldas con el peso de una alta contaminación. Para combatir esta amenaza, es necesario cambiar la forma de producir, consumir y distribuir la energía, la cual debe ser 100% renovable, eficiente e inteligente. 

¿Cuánto contamina internet?

Internet, una herramienta que utilizamos a diario, a la que acudimos para cualquier cuestión o para mero entretenimiento. No es algo material, pero no por ello se libra de contaminar. Según los datos de la compañía analítica Cumulus Media publicados en Visual Capitalist, cada minuto se envían en el mundo 38 millones de mensajes de WhatsApp, se visualizan 266.000 horas de Netflix, 4,3 millones de vídeos en YouTube y se realizan 3,7 millones de búsquedas en Google. Esto se traduce en que si Internet fuera un país, sería el sexto más contaminante del mundo. 

Para 2020, más de 30 mil millones de dispositivos estarán conectados a Internet, tal y como afirma el informe Big Data 2015 de la OBS Business School, y cerca de 4.100 millones de usuarios.

Tanta información requiere de unos centros de datos que alcanzan extensiones de hasta 130.000 metros cuadrados en una ciudad como Tokio, los cuales son altamente contaminantes. Además, están las redes de comunicación, los dispositivos de los usuarios y la energía necesaria para fabricar los equipos, éstas son las cuatro áreas de amplia demanda de energía que conlleva el funcionamiento de Internet. La huella ecológica de este tráfico digital equivale a un consumo aproximado del 7% de la electricidad mundial según Greenpeace. 

La consultora McKensey calcula que para el año 2020, el mercado de las tecnologías de la información producirá en torno al 3 o 4% de todas las emisiones de CO2 del mundo. 

¿Qué pasa con la nube?

Si bien la nube como tal no es algo físico, sí lo son los centros de datos necesarios para su existencia. Al analizar el impacto climático de un centro de datos, se debe considerar la utilización de los recursos y la eficiencia energética, así como la combinación de fuentes de energía. Según explican desde AWS, las emisiones de carbono vienen dadas por tres factores: el número de servidores en funcionamiento, la energía necesaria para alimentar cada servidor y el porcentaje de uso de fuentes de energía emisoras de gases contaminantes. 

Habitualmente, los proveedores de servicios en la nube a gran escala logran unos porcentajes de uso de los servidores del 65%, frente al 15% de los servidores locales, lo que significa que las empresas que se desplazan a la nube aprovisionan menos de la cuarta parte de los servidores que necesitarían localmente.

En AWS se han propuesto el objetivo de alcanzar un uso de energías renovables del 100%. En 2018 lograron alcanzar el 50% de las mismas. Además han optado por trabajar en proyectos de energías renovables así como en la creación de cuatro parques eólicos y un nuevo parque solar, los cuales generarán más de 297 megavatios y se esperan que generen más de 830.000 megavatios/hora de energía renovable al año. 

Puedes leer el reportaje completo en el último número de la revista ComputerWorld.



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