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Tecnología

El cine, el oráculo de la evolución tecnológica

A lo largo de la historia audiovisual colectiva, la imaginación de guionistas y directores de cine y de series muchas veces se ha anticipado años o décadas a inventos, usos, costumbres, maneras de vivir e incluso dilemas éticos, mostrando tecnologías que más tarde han inspirado a ingenieros, científicos y visionarios que las han hecho realidad.

Juegos de guerra-pelicula-cine

Seguramente cualquier boomer y treki, de adolescente, soñaba con tener un intercomunicador como el que veía en la serie Star Treck desde 1966, que le permitiera hablar por teléfono con amigos sin mantenerse pegado a la mesilla del sofá y con sus padres al lado escuchando sus conversaciones.

La máxima de que la realidad supera a la ficción, en materia de tecnología, ha sido al revés en muchas ocasiones. Quienes somos aficionados al cine y las series, y a la tecnología, llevamos media vida sorprendiéndonos con la capacidad humana para idear el futuro y ponerlo en pantalla, muchas veces admirando las posibilidades expuestas, y otras muchas aterrados por los riesgos y peligros que sugieren.

Si hacemos una revisión por la historia del cine y la televisión, podemos confirmar que pocas tecnologías están libres de haber sido inventadas o puestas en marcha sin que previamente hayan tenido su prototipo o inspiración en la pantalla, con hallazgos visuales que sirvieron de inspiración a inventores, ingenieros e inversores, que años o décadas después se convirtieron en realidad. ¿Hasta qué punto la creatividad audiovisual fue el motor de ideas de visionarios como Steve Jobs o Elon Musk?

 

Los científicos y visionarios también ven pelis y series

Recientemente nada menos que en el CSIC ha surgido la misma inquietud por determinar cuánta evolución nos ha aportado y nos aporta el cine y las series. En una entrada de su blog institucional, reconocen que el cine es una ventana al futuro de la tecnología, y que siempre ha permitido “imaginar y explotar nuevos desarrollos tecnológicos y nuevos dilemas éticos; un género que nos hizo soñar con llegar a la luna, con coches que se conducen solos, con robots y con inteligencias no humanas”.

Desde el CSIC apuntan algunas películas y series claves (principalmente la serie y pelis de Star Treck, 2001: una odisea del espacio y Blade Runner) para entender lo mucho que se materializó y avanzó la tecnología y la gestión ética de su uso a posteriori. Pero el repaso de estas obras audiovisuales puede ser mucho más largo, interesante y sorprendente todavía. Por si no te habías fijado en que te estaban contando lo mucho que iban a cambiar nuestras vidas en materia tecnológica, vamos a hacer un recorrido por las extraordinarias innovaciones que el cine nos adelantó (y que junto con las series, todavía hoy nos adelanta).

 

El espacio y tecnologías asociadas a su conquista

La tecnología apareció en el cine desde una de sus primeras y más sorprendentes producciones, y fue el sueño espacial la primera motivación temática; Le Voyage dans la Lune (Viaje a la luna, Georges Méliès, 1902), está considerada como la primera película de ciencia ficción. En 14 minutos cuenta como unos astrónomos llegan al satélite de la Tierra mediante un cohete impulsado por cañones. Parece ingenuo, pero 67 años después la ficción se convirtió en realidad, pero sin los cañones. No se cumplió lo de encontrar allí selenitas, pero en esto de demostrar la existencia de vida extraterrestre la tecnología humana todavía no ha triunfado, pese a las muchas producciones audiovisuales que han imaginado todo tipo de criaturas provenientes de otras galaxias.

En realidad, el film no pretendía ser visionario, sino más bien al contrario; la intención de su autor era ser satírico con la ciencia y sus “locos” avances a lo largo del siglo XIX que acababa de finalizar. A la hora de predecir el futuro, las producciones que tienen el espacio como escenario, o bien muestran la utópica posibilidad de viajar por él como quien viaja por Europa en avión, o bien al contrario, nos hablan de distópicos desastres terrestres, la mayoría medioambientales o bélicos, que nos obligarán como humanidad a buscar en el espacio un nuevo hueco.

Todas las pelis de “el espacio” muestran futuras tecnologías tanto en materia de ingeniería aeroespacial, como en IA y ML, robótica, dispositivos y comunicación entre máquinas (internet). Estas son las más interesantes, muchas pioneras, en cuanto a adelantos tecnológicos se refiere:   

La mujer de la luna (Fritz Lang,  1929). En la cinta aparecen cohetes por fases, combustible líquido y planes de vuelo muy similares a los que más adelante desarrollaría la NASA, además de la primera cuenta atrás de la historia y la gravedad cero. El cineasta tuvo como asesores al experto científico en cohetes Hermann Oberth, y su ayudante Wernher von Braun, que desarrolló para los nazis los misiles V2 y cuatro décadas después diseñó el cohete Saturno V que impulsó el despegue hacia la luna del Apolo 11.

Star Trek (Gene Roddenberry, 1966). Tanto la serie como las películas son el origen de multitud de inspiraciones tecnológicas que se han materializado. En eso es la mejor, con diferencia. En lo que a la conquista espacial se refiere, su famoso motor de curvatura fue la inspiración del ingeniero de la NASA Harold White. En 2015 hizo público que trabajaba en el desarrollo de una forma de propulsión que permitiría viajar más rápido que la velocidad de la luz. Esto sería a través de la teoría del desplazamiento por curvatura o empuje “Warp”, un tipo de propulsión que distorsionaría el espacio-tiempo. Por su parte, el diseñador Mark Rademaker, ya en 2014, presentó un diseño de nave llamada IXS que podría llegar a utilizar el motor de curvatura si este se desarrollaba algún día. Por el momento, son solo intentos, pero se continúa pensando en ello.

Star Trek fue la producción pionera en mostrar teléfonos móviles (su inventor, Martin Cooper, reconoció abiertamente que tuvo la idea tras ver uno de los capítulos de la serie), incluso con manos libres incorporado, y sus guionistas también “inventaron” las tablets, con punteros o táctiles, los ordenadores personales, los traductores universales, el GPS, las pantallas de plasma gigantes, las impresoras 3D, la memoria USB, los hologramas, la realidad virtual… todas tecnologías sin inventar que, lógicamente, dejaban a los telespectadores estupefactos. El cofundador de Apple, el ingeniero Steve Wozniak, reconoció haber visto y haber asistido a convenciones de la mítica serie de joven, y que fue su fuente de inspiración cuando en 1975 comenzó a diseñar y desarrollar la computadora que lo haría famoso, Apple I.

 

Star Trek fue una pionera en mostrar teléfonos móviles.

 

La serie también ha sido premonitoria en otras tecnologías que aún se están desarrollando. El doctor McCoy realizaba diagnósticos con una especie de resonador portátil, muy similar al de la Tomografía Axial Computarizada (TAC) y también de la resonancia magnética. Se ha trabajado en desarrollar escáneres médicos similares al Tricorder de Star Trek. Investigadores del MIT usaron un Nokia 770 como base para un Tricorder ya en 2007, y el iPhone incorporó periféricos médicos que convertían al móvil en un dispositivo algo similar.

En 2012 Qualqum propuso un concurso con recompensa para quienes fueran capaces de desarrollar un Tricorder que diagnosticara 15 problemas médicos. El premio se lo llevó compañía Basil Leaf Technologies, que presentó el  DxtER, un pequeño dispositivo capaz de captar una gran cantidad de información acerca del cuerpo del paciente mediante el uso de sensores.

2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) es la segunda gran produción oráculo tecnológico. El guión fue coescrito por el director y Arthur C. Clarke, autor en 1948 del cuento “El centinela” en el que se inspiraron, y estuvieron asesorados por investigadores de la NASA. Además del turismo espacial, fue precursora de tecnologías como los asistentes virtuales tipo Alexa, o la inteligencia artificial  y el machine learning.

Fue una de las primeras películas en las que la IA y el ML nos sorprendió e inquietó tanto, que todos nos acordamos del robot HAL9000 cuando nos hablan de IA que puede aprender más que los humanos y decidir por ellos. Esta emblemática película aderezaba el ensueño tecnológico además con viajes al espacio con intención de llegar a Júpiter, cuando aún no habíamos llegado ni a la luna.

 

La robótica que el cine adelantó

Si hay una tecnología imaginada sobradamente en el cine es la robótica. Hemos visto en las pantallas estas máquinas de metal o con piel sintética, humanoides, bondadosas o malvadas, creadas para servir, para trabajar, para curar, para acompañar, para sustituir o, como armas, para matar.

De nuevo de la mano del director alemán Fritz Lang aparece el primer robot de la historia del cine, María, una humanoide de metal con aspecto femenino creada para mantener dominados y oprimidos a los obreros en Metrópolis (1927). Esta producción además de en robótica mostró la primera videoconferencia de la historia, adelantándose a inventos como la televisión y las actuales aplicaciones como el Zoom, por ejemplo.

A veces amables y buenos para la humanidad, y otras veces ruines y malvados, los siguientes robots que aparecieron en las pantallas fueron Gort en Ultimatum a la tierra (Rober Wise, 1951), y el bonachón Robby de Planeta Prohibido (Fred McLeod Wilcox, 1956).

Con La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) les cogimos cariño para siempre gracias a los simpáticos R2D2 y C3PO, que valían para todo, desde traducir idiomas a realizar excelentes trabajos en materia de hardware y sotfware. Y también nos asombró la aparición de la biotecnología (extremidades biónicas), los exoesqueletos y la cirugía robótica, también vistos en Robocop (Paul Verhoeven, 1987). De la saga de Lucas nos quedamos también con los hologramas como auténtico invento, que ya se han podido disfrutar en los últimos años en parques de atracciones y conciertos en los que se han visto resucitadas estrellas de la música ya desaparecidas.

Para descubrir las numerosas novedades tecnológicas que se incluyen en cada producción donde se involucra la robótica, así como las diferentes cuestiones éticas que nos plantean o podrían llegar a plantearnos, es recomendable visionar desde la originaria Westworld (Michael Crichton, 1973), Alien: el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) o El hombre bicentenario (Chris Columbus, 1999), donde se gana su condición humana un inolvidable Robin Williams, hasta Yo, robot (Alex Proyas, 2004), la adorable Eva (Kike Maíllo, 2011), la inteligente e inquietante ginoide de ExMachina (Alex Garland, 2014)) y Chappie (Neill Blomkamp, 2015).

Hay también ejemplos adecuados para el público infantil que pueden ser una buena manera de introducir a los escolares en el mundillo de la robótica, como la entrañable y divertida Cortocircuito (John Badham, 1986), Acero puro (Shawn Levy, 2011) o el encantador y concienciado WALL·E (Andrew Stanton, 2008).

Muchos de los robots vistos en el cine ya empiezan a tomar forma en la realidad tecnológica del mercado para numerosas tareas, más allá de los que barren solos los suelos domésticos. Elon Musk presentó el prototipo de robot humanoide Optimus de Tesla en 2021, como futura mano de obra en trabajos que rechazaremos hacer los humanos por repetitivos o aburridos. Y si quieres que te atienda un robot en un restaurante, ya hay dos en madrid donde puedes vivir la experiencia. 

 

Muchos de los robots vistos en el cine ya empiezan a tomar forma en la realidad tecnológica del mercado para numerosas tareas

 

 

Realidad virtual, IA y ML

Según la conferencia “Cine e Inteligencia Artificial”, presentada en 2019 por Francisco José García-Peñalvo, profesor del Departamento de Informática y Automática del Instituto Universitario de Ciencias de la Educación (IUCE) de la Universidad de Salamanca, el cine incluye la IA y el ML, sus teorías científicas y normas desde la mismísima Metrópolis de 1927.

Sus conclusiones dejan muy claro que la IA está haciendo realidad muchas de las predicciones de la ciencia ficción, sus  posibilidades son enormes en el beneficio de la humanidad, pero que no se está cerca de que las máquinas tengan conciencia ni sentimientos, aunque nos enfrentamos a problemas éticos y de privacidad, por lo que debemos comprender, más que temer, y tratar con respeto los avances sobre un planteamiento ético y transparente como, por ejemplo, evitando sesgos de los algoritmos (que no discriminen por color, raza, género, etc).

Todas estas cuestiones se han mostrado en las producciones audiovisuales sobre robótica,  inteligencia artificial y machine learning, siempre íntimamente relacionadas, que ya son una realidad en el mundo, con ejemplos como la máquina Deep Blue que gana a ajedrez o los asistentes Siri, Alexa o Google Asistant. Precisamente, la IA asistente fue toda una novedad en la película Her (Spike Jonze, 2014) en la que un hombre se enamora de la IA que hay tras una voz femenina.

Por el momento no nos vamos a enfrentar al dilema ético que plantea 2001: Una Odisea en el espacio, donde precisamente vio por primera vez el asistente por voz, de si la IA y el ML llegan a desarrollarse de manera que alcancen no solo a saber, sino a razonar y sentir, o hasta qué punto los humanos tendrían derecho a deshacerse de sus creaciones. Ese dilema se muestra también en Blade Runner (Ridley Scott, 1982) y sus replicantes Nexus-6. Se trata de robots dotados de IA y aspecto humano que querían vivir más allá de los cinco años que se les permitía y un joven Harrison Ford se encargaba de descubrir y dar caza a esos pretenciosos rebeldes. Y se ahonda en las cuestiones éticas con A.I. Inteligencia Artificial (Spielberg, 2001), en la que un niño robot desea ser querido y, en el fondo, en casi todas las de robots que hemos nombrado. 

Sobre lo que ha llegado a ser la IA, podemos repasar y asombrarnos también con los adelantos mostrados en títulos como Demon Seed (“Engendro mecánico” en español, Donald Cammell, 1977), donde una casa domótica o inteligente, que se “pasa” un pelín queriendo ser humana, porque la IA se introduce en el ordenador de la vivienda, se hace con el control de electrodomésticos, las luces, las cerraduras, y quiere nada menos que engendrar un hijo con la protagonista. La película no está considerada como buena pero ha sido premonitoria en muchas de las pequeñas tecnologías que disfrutamos a nivel doméstico. 

En El Cortador de Césped (Brett Leonard, 1992) se muestra la realidad virtual muy parecida a cómo se ha desarrollado con posterioridad, y en la icónica y sorprendente Matrix y su saga (Lana y Lilly Wachowski, 1999), una inteligencia artificial controla a los seres humanos. No es ni parecido lo que hacen con nosotros las IA de plataformas como Neflix, que no nos controlan, pero sí que saben de nuestros gustos a través de nuestras estudiadas interacciones diarias e, incluso, cuándo podemos habernos dormido mientras miramos el televisor.

Interstellar (Christopher Nolan, 2014) muestra una utilización de IA y un comportamiento de los robots rectangulares Tars y Case  más parecido a lo que realmente puede ser en nuestro mundo real. Sobre esta premonitoria película hace una excelente reflexión el ingeniero en telecomunicaciones y bloguero Santiferris, que destaca como se presenta una IA “con aspecto no humanoide, con un trabajo sinérgico entre los humanos y la IA, cada uno haciendo la parte para la que está más cualificado, con el sentido del humor y la sinceridad como elementos programables y la ausencia de consciencia en la IA a pesar de su alto nivel de inteligencia”. Además, añade que “la película anticipa como va a impactar la IA en muchos puestos de trabajo”.

Santiferris indica también el peligro que existe ya en la actualidad de una errónea utilización de esta tecnología, que se ve en series como Lie to me (Samuel Baum, 2009), en la que un grupo profesional se dedica a detectar verdades y mentiras para ayudar en investigaciones de crímenes, “basada en el supuesto de que el ritmo cardíaco o las expresiones faciales revelan los sentimientos más íntimos” y que ya compañías como Affectiva o Realeyes, “se ofrecen a ayudar a las empresas a detectar los sentimientos de sus clientes mediante el análisis de las emociones”.

La serie Person of Interest es también otro ejemplo de tratamiento de datos, análisis predictivo y vigilancia inteligente mediante reconocimiento para predecir crímenes, emitida a partir del año 2011.

 

Dispositivos y herramientas (o armas)

Además de los ya nombrados como inventos surgidos en Star Trek o 2001: Una odisea del espacio, hay sagas y títulos que también inspiraron a los ingenieros de múltiples dispositivosy avances tecnológicos.

Los primeros láseres se vieron en Flash Gordon (Frederick Stephani, 1936), pero se representaron como el haz de luz que todos conocemos en la actualidad en “La guerra de las galaxias”, que mostró sus inmensas posibilidades como herramienta, arma, y haz que todo lo corta con extraordinaria precisión.

En la saga de películas del espía británico James Bond, 007 (desde 1962), se adelantaron a la hora de utilizar sistemas de geolocalización planetarios como el GPS, y de imaginar funciones en bolígrafos, coches y otros objetos, como el reloj inteligente con el que se maneja un coche. Fue en Octopussy (1983) cuando Bond utilizó un reloj Seiko que podía reproducir vídeo. En otras películas sus relojes han funcionado como teléfono, y han podido envían e imprimir mensajes.

Terminator (James Cameron, 1984) introdujo en su día la utilización militar de los drones, tanto en labores de reconocimiento y espionaje, como con funciones armamentísticos, entre las muchas posibilidades de uso que tienen. También fue la primera vez que pudimos ver unas gafas parecidas a lo que años después fueron las Google Glasses. “regreso al futuro II”

Con gafas con funciones similares volvieron a acertar los guionistas de Regreso al Futuro II (1989) que mostró ¡adolescentes enganchados a mirar pantallas!, además de electrodomésticos que funcionaban con el control de la voz, con reconocimiento dactilar y facial.

Minority Report (Spielberg, 2002) nos asombró con su interfaz virtual con pantallas controladas por gestos. Antes de hablar de la película, debemos pensar que está basada en el relato El Informe de la Minoría, de Philips K. Dick, escrito en ¡1954! En 2010 Microsoft presentó Kinect para la consola Xbox 360, una cámara capaz de reconocer los movimientos de brazos y manos. Minority también se adelanta al mostrar análisis de la información, análisis predictivo y la visualización avanzada.

Lo de las pantallas que se controlan con gestos a través de interfaces holográficas puede no tardar en ser una realidad, porque Google diseña desde 2015 (Proyecto Soli) un chip rastreador del movimiento con gran precisión, para dispositivos como teléfonos (está incorporado en el modelo Pixel4), dispositivos de IoT y a la larga ordenadores y automóviles. Lo que sí es ya una realidad es la publicidad personalizada que se ve en la película mediante hologramas. En la actualidad la IA ya nos la ofrece en nuestras bandejas de correo y RRSS.

 

Conducción autónoma,  una realidad que le cuesta arrancar

La serie El Coche Fantástico (Glen A. Larson, 1982) ya mostraba las actuales capacidades de muchos automóviles de voz, IA, cámaras y sensores, además de ir y venir él solito según indicación de su piloto, o por iniciativa propia de su inteligencia artificial dotada de alma y raciocinio, lo cual aún está lejos de ser una realidad.

El estacionamiento autónomo está incluido en muchos modelos de vehículos de gama media y alta. El estacionamiento en remoto es ya es una realidad mediante órdenes que se dan al vehículo a través del teléfono móvil, y que pronto estará en el mercado, (por ejemplo, el Kia Sorento y su sistema de asistencia inteligente y remota al aparcamiento “Remote Smart Parking Assist”). Prácticamente todas las grandes marcas de automóviles han desarrollado ya sistemas similares.

Pocos años después, en Desafío Total (Paul Verhoeven, 1990), aparecía un innovador servicio de taxis autónomo que trasladaba a Arnold Schwarzenegger de un lado a otro de la ciudad.

Recordemos que en lo que a conducción autónoma se refiere ya hay varios proyectos en marcha que están más o menos contenidos, porque los ajustes relativos a la seguridad vial llevarán todavía un tiempo. En agosto de 2016 la estadounidense nuTonomy, filial del MIT, probó el primer taxi autónomo del mundo en Singapur y ese mismo año Uber puso coches autónomos en Pittburgh y San Francisco, pero el atropello en 2018 de una mujer por uno de sus vehículos en Tampa frenó las pruebas con este tipo de transporte. Google ofrece desde 2000 el servicio de taxi sin conductor Waymo One, que está probándose en la ciudad de Phoenix.

Los Tesla de Elon Mush no son autónomos todavía, pero todos cuentan con un sistema que permitirá la auto conducción con la máxima seguridad cuando el software esté preparado para ello. Por el momento recogen todo tipo de datos de cada unidad fabricada desde 2016 para perfeccionarlo.

 

Internet, la privacidad y la ciberseguridad

Una de las primeras películas en las que se vio conexión a internet fue WarGames (Juegos de guerra, 1983), en la que un muchacho se conectaba al ordenador de su instituto (hackeaba más bien) mediante un acoplador acústico. Estos fueron los primeros módems, que convertían datos en sonidos y viceversa, tras colocar en ellos un auricular telefónico y haber marcado un número. Internet como lo entendemos ahora aún no existía, porque fue ese mismo año cuando el Departamento de Defensa de los Estados Unidos decidió usar el protocolo TCP/IP en su red Arpanet (1969) creando así la red Arpa Internet.

En Sneakers (Los fisgones, 1992) se atisbaba un futuro de delitos a través del robo y desencriptación de datos, contando cómo un experto en informática es obligado por una agencia secreta a robar una caja negra capaz de descodificar cualquier sistema informático del mundo.

La Red (1995), aunque se estrenó cuando internet ya se empezaba a utilizar mayoritariamente a nivel empresarial, trató por primera cuestiones relacionadas con la identidad digital, el espionaje a través de la red, el robo de datos y el cibercrimen, que se hace con el control digital de un sistema que se devuelve a cambio de dinero.

La película Hackers (Iain Softle, 1995) muestra la aventura informática de unos jóvenes que descubren cómo un hacker va a realizar una gran estafa empresarial. En 1995, cuando empezábamos todos a familiarizarnos con la red, entender lo peligroso que iba a ser para las empresas el hackeo era, en efecto, ciencia ficción. Los actuales datos de ataques de ransomware que sufren la mayoría de las organizaciones, por ejemplo, nos confirman que la película fue más que visionaria.

Algo similar ocurre en 23. Nada es lo que parece (Hans-Christian Schmid, 1998) con la historia de un hacker alemán que había vendió información al KGB en la guerra fría. La película incluso muestra cómo escribe un troyano y se adelanta en ese futuro en el que los estados usarían la red para incidir en la geopolítica.

Otros ejemplo más recientes pero no faltos de visión de futuro son Conspiración en la red (Peter Howitt, 2001), que adelantó lo que podría significar que una empresa monopolizara cualquier aspecto del mundo tecnológico, Hard Candy (David Slade, 2005), la primera en mostrar los peligros que corren los menores al utilizar la red y contactar con personas desconocidas, Who am I (Baran bo Odar, 2014) o la serie Mr. Robot (Sam Esmail, 2015), que nos avisaban de cómo la ciberdelincuencia y la ciberseguridad iba a llegar a ser un verdadero quebradero de cabeza mundial, como así está siendo.

 

Videojuegos y Metaverso

No hay duda; Tron (Steven Lisberger, 1982) fue una la primera película que reflejaba un universo de videojuegos digital tridimensional. Para la época, es asombrosa su anticipación a lo que iba a ser internet y lo que será el metaverso. Ese mundo sin referencias y absolutamente inventado sorprendió a los televidentes con un futuro que parecía imposible. La ya nombrada Matrix, con su programa informático encargado de hacerte vivir una realidad alternativa, fue el otro metaverso visto en pantalla, en el que como se acababan de inventar los móviles, todavía tiraban de cabina telefónica para entrar y salir de él.

La poco conocida Existenz (David Cronenberg, 1999) expone un mundo en el que los creadores de videojuegos son venerados, los jugadores pueden entrar orgánicamente en los juegos, y les resulta difícil distinguir los límites entre la realidad y la fantasía.

Pero hace cuatro años llegó a las pantallas Ready Player One (Spielberg, 2018) que muestra el metaverso como lo están anunciando empresas como Meta, o como ya se adivina si conoces la plataforma Roblox, y cuenta una gran historia sobre una vida paralela a la real que se desarrolla en una dimensión de realidad virtual donde se interactúa con otros avatares.

 

Neurociencia y neuroderechos

Rafael Yuste es uno de los neurocientíficos más prestigiosos del mundo e impulsa desde la Universidad de Columbia (EE.UU.) el proyecto BRAIN, donde se está trazando el mapa del cerebro humano. Yuste ha asegurado públicamente que con la neurotecnología va a ser posible descifrar la actividad mental de las personas, y ha alertado de la llegada de dispositivos que conectarán el cerebro directamente con internet como una realidad inminente. También pertenece al equipo de redacción de los neuroderechos, que protegerán la mente humana ante las tecnologías que pueden incidir en ella.

Sobre estas realidades llevan mucho tiempo guionistas y directores mostrando avances tecnológicos todavía no realistas, pero sí viables. Es el caso de la película ¡Olvídate de mí! /Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004), que nos cuenta cómo el personaje protagonista se somete a una intervención de borrado de recuerdos, o más recientemente series como Years and years (Russell T Davies, 2019) o Upload (Greg Daniels, 2020), en las que se trata la neurotecnología existente y la “futura” hasta el punto de mostrar como el contenido (datos y conciencia) del cerebro humano se “descarga” y almacena en dispositivos.

La más inquietante y distópica sobre hasta dónde pueden llegar los avances tecnológicos es la serie Black Mirror (Charlie Brooker, 2011), que avanza el posible impacto de la tecnología sobre la vida de las personas, y tiene varios capítulos basados en los avances de la neurociencia. 

Hay muchas empresas trabajando sobre el tema, y tratando de hacer realidad la utopía (esperemos que no la distopía). Robert McIntyre y Michael McCanna fundaron en California la empresa Nectomeen en 2015 con el objetivo “de hacerle un backup al cerebro”. También Neuralink, la empresa norteamericana de neurotecnología fundada por Elon Musk, desarrolla interfaces implantables entre cerebro y ordenador con el objetivo de hacer dispositivos para tratar enfermedades del cerebro a corto plazo.

Y nada menos que el estratega de Google y CEO de Calico (California Life Company), Ray Kurzweil, ha defendido que en 2045 será posible la inmortalidad o "resolver la muerte" desde una perspectiva meramente técnica. Y si, lo de la inmortalidad o la creación de la vida ayudados por la tecnología también lo hemos visto muchas veces en el cine, desde la mismísima Frankenstein (James Whale, 1931).



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