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Estados Unidos prohíbe a las tecnológicas construir fábricas en China durante 10 años

Si recientemente las autoridades norteamericanas ponían coto a la exportación de semiconductores al gigante asiático, ahora han vuelto a tomar medidas restrictivas que afectan a las empresas de “tecnología avanzada” que reciben fondos federales.

SECRETARIA US
La secretaria de Comercio norteamericana, Gina Raimondo, durante una comparecencia sobre la Ley de Chips.

Estados Unidos sigue tensando la relación con el gigante asiático. Si recientemente las autoridades norteamericanas ponían coto a la exportación de semiconductores a China, ahora han vuelto a tomar medidas restrictivas al respecto. Un paso más en la que, parece, su última cruzada. Y es que la administración Biden, por medio de la secretaria de Comercio norteamericana, Gina Raimondo, ha avanzado que, de ahora en adelante, las empresas tecnológicas estadounidenses que reciban fondos federales no podrán construir instalaciones de "tecnología avanzada" en China durante una década. Esta nueva medida se enmarca dentro del plan del gobierno americano destinado a desarrollar la industria nacional de semiconductores. Una estrategia que cuenta con un respaldo de  52.000 millones de dólares durante un período de cinco años.

 

Una cuestión de “seguridad nacional”

La medida se ha materializado tras la presión ejercida por diversos lobbies empresariales para obtener más apoyo del gobierno en un esfuerzo por reducir la dependencia de China. Y es que “la industria estadounidense ha sufrido de forma bastante espectacular la escasez de chips”, según señalaba Chuck Schumer, líder demócrata, en el Senado estadounidense meses atrás. Ahora, tal y como ha detallado Raimondo en una comparecencia pública donde descifraba los pormenores de la Ley de Ciencia y Chips de EE.UU, “implementaremos medidas de protección para garantizar que aquellos que reciben fondos federales no puedan comprometer la seguridad nacional”. Es decir, “no se les permite usar este dinero para invertir en China, ni pueden desarrollar tecnologías punteras allí durante un período de diez años”.

 

Antecedentes

La batalla por obtener la soberanía tecnológica entre Estados Unidos y China viene de antaño. Sin embargo, parece que recientemente la llama de la competitividad entre ambas potencias ha vuelto a avivarse. En esta ocasión, la ‘gema dorada’ tiene forma de semiconductor. Fue en agosto cuando el presidente norteamericano, Joe Biden, refrendó con su firma una histórica ley de chips para la fabricación de alta tecnología y la investigación científica. Una decisión que se produjo en medio de un contexto marcado por los temores ante la posible pérdida de liderazgo tecnológico frente a China.  

La medida se encontró con la férrea oposición de la embajada china en Washington, que tildó el proyecto de ley de semiconductores como una “reminiscencia de la mentalidad de la Guerra Fría”. Unas declaraciones en consonancia con las facilitadas por un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino sobre las restricciones de exportación de chips al gigante asiático. “Se trata de un bloqueo tecnológico. Esta medida viola las leyes del mercado, perjudica las reglas económicas y comerciales internacionales y perturba la estabilidad de las cadenas industriales y de suministro de semiconductores a nivel mundial”, defendía entonces Wang Wenbin.



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