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Las ayudas no son suficiente incentivo: España no encuentra fabricantes de semiconductores

A pesar de los esfuerzos del Gobierno central por convertirse en “el mejor socio de la industria tecnológica y de los microchips”, España no alcanza su objetivo al no contar con una industria ya asentada.

chips, ordenadores

“Queremos ser el mejor socio de la industria tecnológica y de los microchips”. Estas fueron las palabras pronunciadas por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el Foro Económico Mundial de Davos. Ya entonces puso de manifiesto todo un plan de acción basado en una estrategia clara y contundente que apostaba todo al impulso de la fabricación y diseño de chips en Europa y en España. “España inicia una carrera de fondo para convertirse en un referente en la industria de los semiconductores”, aseguró. Sin embargo, el objetivo a cumplir ha provocado más de un quebradero de cabeza; y es que a pesar de contar con subvenciones europeas que suman más de 12.000 millones de euros en ayudas definidas en el ‘PERTE chip’, no logra encontrar fabricantes que quieran establecer sus empresas en territorio español.

El impacto económico derivado del Covid-19, además de la crisis de escasez de chips, ha provocado que vuelva a brotar en la escena pública la existencia de un problema en Europa sobre la producción de semiconductores. Asia ha monopolizado la industria, y es que Corea del Sur produce más chips que el resto del planeta junto, sin contar con Taiwán, Japón y China. Esto ha supuesto un verdadero inconveniente, ya que dependemos de países extranjeros para satisfacer una demanda de microchips que cada vez se emplean en más productos. “Europa tiene que ser autónoma para tener acceso a las tecnologías que necesita para llevar a cabo sus ideas”, confesó Mateo Valero, director del Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), al respecto en una entrevista con ComputerWorld.

 

Territorios con industrias asentadas

Teniendo en cuenta el panorama descrito con anterioridad, Europa ha decidido tomar una posición proactiva y se ha marcado una nueva meta: conseguir producir una quinta parte de microchips del mundo para 2030 (actualmente es un 10%). Por ello ha concedido a los países miembro ciertas libertades para  proporcionar ayuda estatal para la creación de esta industria. Sin embargo, en el caso español, la tarea está siendo más complicada de lo que se esperaba, a pesar del paquete de ayudas de 12.000 millones de euros para subvencionar la creación de fábricas impulsado por la administración de Sánchez. La causa principal se debe a que los fabricantes buscan territorios con una industria ya asentada, y varios países europeos llevan cierta ventaja a España, lo que torna más complicado llegar a un acuerdo.

Por ejemplo, Alemania ya cuenta con que Intel se establezca ahí además de que se encuentra en conversaciones avanzadas con el mayor productor de chips del mundo, TSMC. Mientras que Francia ya cuenta con empresas como Global Foundries Inc. y STMicroelectronics NV para la producción de chips energéticamente eficientes.



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