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8M: El sesgo educacional y la maternidad alejan todavía a las mujeres de las TIC

Seis mujeres directivas y líderes de empresas o profesiones tecnológicas nos reconocen que el sesgo de género desde la infancia, la maternidad y el techo de cristal, muchas veces autoimpuesto, mantiene el sector tecnológico masculinizado y perdiendo talento innecesariamente.

8M

Estereotipos, limitaciones desde la niñez, falta de referentes, el sacrificio de la conciliación que limita las horas de trabajo, la preparación constante y el tiempo para la excelencia que las TIC requieren siguen siendo los motivos que apartan el talento de las mujeres en las profesiones de ciencia, tecnología, matemáticas o ingeniería (STEM por su acrónimo en inglés), y en los puestos de trabajo de responsabilidad tecnológica. En 30 años hemos mermado en alumnas de ingeniería, informática y matemáticas. ¿Por qué, cuando es más seguro que nunca que las TIC ofrecen una carrera profesional estable, apasionante y de éxito?

Marylise Tauzia dirige el equipo de Relaciones con Desarrolladores y Marketing de Plataformas de Square desde San Francisco, disponible en España desde el pasado mes de enero. Por esa razón, Tauzia ha investigado la presencia de las mujeres en las profesiones y carreras STEM en España y en Europa y a pesar de los avances sociales en igualdad, sobre todo en los cargos de responsabilidad, no estamos ni de lejos en situación de tirar cohetes.

En 2020 en España había más de 144.000 mujeres especialistas TIC según un estudio del Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información (ONTSI), lo que supone el 20% de los especialistas TIC, una proporción que, aunque es mayor que la media de la UE (18,5%), “es necesario aumentar considerablemente. Una de las razones de este desequilibrio es la falta de mujeres graduadas en ciencia, tecnología, matemáticas o ingeniería”, nos explica Tauzia.

En 2018 la proporción de mujeres graduadas en estas disciplinas era baja en la Unión Europea; había 14,3 mujeres por cada 1.000 habitantes y, en el caso de España, este valor era menor, de 12,7. La directiva de Square señala las razones que claramente impiden que las mujeres alcancen puestos de responsabilidad. “Viendo el bajo porcentaje de mujeres que estudian y se dedican a IT, no es de extrañar que su representación también sea baja en los puestos de dirección. Solo el 6% de los directivos del sector TIC y Contenidos son mujeres en España”, según los datos de ONTSI.

 

Marylise Tauzia, responsable de relaciones con desarrolladores y marketing de plataformas de Square.

 

Hemos preguntado tanto a Marylise Tauzia, responsable de relaciones con desarrolladores y marketing de plataformas de Square, como a Laura Lacarra, Big Data Engineering & Women Techmaker ambassador en Telefónica, Loly Alejandro, CDO para Europa y CIO y CISO para Iberia en P&G, Maite Avelino, jefa de la Unidad de Ingeniería de Seguridad del CESTIC (Ministerio de Defensa), Therese Jamaa, vicepresidenta de Huawei España, y a Maite Ramos, directora general de Dynabook en Iberia, cómo llegaron ellas hasta las carreras TIC y a sus puestos de responsabilidad.

Pero también les hemos pedido un diagnóstico de las barreras y retos, además de su visión sobre cómo podemos, entre todas y todos, conseguir el acercamiento y el ascenso femenino a las disciplinas y puestos de trabajo STEM, teniendo en cuenta que son profesiones con garantía de futuro laboral, y que se trata de un sector absolutamente necesitado de talento, que no puede desperdiciarse por ancestrales desigualdades anacrónicas. Ellas han llegado y quieren atraer a ese camino a miles de mujeres más.

 

Vocaciones que surgen de manera natural

Desde el Ministerio de Defensa, Maite Avelino nos cuenta que llegó a las matemáticas de manera natural “cuando con siete años impartí una clase magistral de matemáticas, sobre los cambios de base de numeración”. Siempre se le habían dado bien los números, pero quería ser de mayor piloto, astronauta o maestra. “Fue mi profesor de segundo de EGB quien sentenció que sería matemática y ¡voilà!, ahora soy matemática, rama computación, master en ciberseguridad y criptóloga de aspiración, cuando logre tiempo para hacer el doctorado”.

Es el caso de la mayoría de las directivas y expertas TIC entrevistadas. Tuvieron la oportunidad de acercarse a la tecnología, y alguien de su entorno las animó a seguir contra viento y marea. A Marylise Taizia siempre le gustaron las mates y las ciencias, y  “en 6º de primaria tuve la suerte de tener un profesor de matemáticas muy inspirador, que me ayudó a desarrollar mis habilidades. Un par de años más tarde, me introdujeron en la programación informática y empecé a codificar en Turbo Pascal y C. ¡Me encantaba la codificación y cómo el código podía traducirse en acciones en el ordenador!”, dispositivo que descubrió cuando su padre llevó a casa el primer Mac. Lo siguiente fue estudiar la carrera de ingeniería informática y hacer prácticas en Mountain View.

A Laura Lacarra le regalaban coches y mecanos desde niña y tuvo su primer ordenador con 10 años. Que en el Bachiller se le dieran bien las ciencias y que su hermana estudiara Teleco “me decidió por la informática, porque veía que trataba temas más novedosos, aunque entonces no sabía el gran potencial que tiene como carrera”.

Loly Alejandro vio en su familia humilde a madre y padre trabajadores por igual, y pudo seguir los pasos de este último con los estudios de ingeniería, porque contó con las mimas oportunidades que su hermano para elegir, “además, mis profesores me impulsaron hacia la ingeniería, y en la universidad, en un espacio en el que las mujeres éramos el 10%, tuve la suerte de contar con referentes femeninos”, nos explica.

 

Loly Alejandro, CDO para Europe y CIO y CISO para Iberia en P&G.

 

El caso de Therese Jamaa es el de otras muchas mujeres, que llegan a la tecnología tras un proceso, en su caso el de estudiar comercio internacional y marketing y, según relata, “fui introduciéndome en el campo de la innovación y la tecnología, donde he llegado a sentir auténtico interés y pasión. Es una de las principales palancas para lograr cambiar nuestro mundo y mejorar la vida de las personas”. Un proceso similar fue el de Maite Ramos, quien se formó en Empresariales, con un posgrado en la escuela de negocios francesa NEOMA, y un Executive MBA en el IESE, pero siempre ha puesto el foco en su “pasión por contribuir al desarrollo competitivo de las empresas gracias a la tecnología”.

 

Todavía hay barreras y retos que superar

Pocas relatan haber sufrido situaciones discriminatorias, porque precisamente en el entorno laboral TIC la necesidad de talento desdibuja barreras, pero sí son conscientes de que hay “desafíos añadidos que muchas mujeres todavía tienen que afrontar”, como reconoce Maite Ramos. Aunque cada vez más las empresas TIC cuentan con plantillas paritarias y mujeres directivas, todavía es un sector masculinizado y las carreras se ven afectadas por  los desequilibrios de la conciliación y decisiones personales, como la maternidad.

La desigualdad es estructural  —analiza Ramos—  parte en muchos casos desde el propio entorno educativo y familiar. Este problema determina que algunos estudios ‘pertenezcan’ aún a los hombres y otros estén reservados a las mujeres, limita y entorpece la decisión de optar por profesiones más técnicas, y por tanto, que las empresas y la sociedad en general pierdan la oportunidad de descubrir grandes talentos”.

Lacarra admite que, por ejemplo en el campo de la informática, “somos el 10% de mujeres en clara situación de minoría. Existe aún una clase dominante cuyas opiniones pesan más. Hay que hacerse escuchar más; no quedarse callada para que se escuchen tus ideas” y reconoce que lo fundamental es conseguir trabajar “en una empresa que apoye la diversidad y que conciencie a los empleados para que el lenguaje y el comportamiento sea más inclusivo. Ahora no ser una empresa comprometida por la igualdad puede hacerle perder dinero”.

 

Laura Lacarra, Big Data Engineering & Women Techmaker ambassador en Telefónica.

 

“En efecto — explica Therese Jamaa— el tecnológico es un sector muy masculinizado, aunque en realidad no hay ninguna razón objetiva por la que debería serlo. Me parece sorprendente en un ámbito joven, moderno y en trepidante evolución y no sé por qué no estamos siendo capaces de atraer y despertar vocaciones entre nuestras jóvenes”.

Para Maite Ramos uno de los principales retos es “incidir en el interés y el atractivo de este tipo de carreras, que se trabajaría mejor si no existiese una carencia y una falta de visibilidad total de figuras femeninas que puedan contribuir a que las jóvenes tengan una referente”.

Ramos coincide con las demás en la que hay resistencia por parte de las mujeres a encontrar en el mundo de las ciencias y tecnologías una opción profesional, debido a los muchos prejuicios y estereotipos vinculados al género que han calado profundamente desde hace generaciones, y que son difíciles de desterrar.

Marylise Tauzia explica que las mujeres tendemos a ser menos “ruidosas” que los hombres, lo que nos dificulta ser escuchadas o aportar ideas si la cultura de la empresa está muy dominada por los hombres. “También somos más tímidas a la hora de pedir ascensos —explica— porque solemos sufrir más el 'síndrome del impostor' que los hombres. Y el hecho de que somos las mujeres las que nos quedamos embarazadas, y nos vemos obligadas a ausentarnos es también una barrera autoimpuesta, al pensar que no podemos ascender o asumir el trabajo si estamos pensando en tener un hijo".

 

Therese Jamaa, vicepresidenta de Huawei España.

 

En este sentido, Maite Avelino es categórica: “El problema es la conciliación y lo sufro todos los días. Las mujeres nos hacemos cargo de los hijos en gran medida y en las carreras profesionales TIC las jornadas son de 12 horas, como mínimo 10. No hay medidas de conciliación adecuadas para poder abordar esto. Yo acabo estresada, porque en 8 ó 9 horas, a lo sumo, tengo que rendir igual o más que mis compañeros que tienen todo el día para su profesión, deporte, hobbies...”.

 

La dificultad de ser directivas o jefas

Esas barreras se convierten en muros infranqueables cuando se trata de optar a puestos de responsabilidad. Solo un 17% de los puestos TIC en empresas europeas están ocupados por mujeres, y de ellos, solo el 18,8% de los puestos directivos en nuestro país, según el informe “Brecha Salarial y Presencia Directiva de Mujeres” de 2021. Según Maite Ramos “aunque muchas compañeras queramos ser un ejemplo del cambio, hay que continuar trabajando por la inclusión" en los puestos más altos.

Que la presencia femenina en los consejos de dirección de empresas es escasa o, incluso, inexistente es evidente, según Therese Jamaa, además de por tener muchas más dificultades que los hombres para llegar a puestos de responsabilidad, en el sector TIC se agudiza por el bajo ratio de talento femenino en todos los niveles organizativos. “Creo que uno de los grandes errores que se están cometiendo es considerar el empoderamiento femenino como algo que beneficia únicamente a las mujeres”.

Loly Alejandro reconoce la maternidad como una de las construcciones sociales que “tradicionalmente nos ha frenado para alcanzar puestos de responsabilidad en las compañías. Aunque hay más mujeres en profesiones técnicas, siguen existiendo fenómenos como el llamado ‘techo de cristal’, relacionado con que muchas mujeres siguen teniendo dificultades para conciliar su vida laboral con la personal”.

Maite Avelino no puede estar más de acuerdo y apunta la verdadera desigualdad en todos los sectores: “Los hombres no se tienen que ocupar de los hijos en general, y todavía tienen más horas para hacer networking con jefes y compañeros o, simplemente, hacer más trabajo, más formación, más méritos en definitiva”.

 

Maite Avelino, jefa de la Unidad de Ingeniería de Seguridad del CESTIC (Ministerio de Defensa).

 

Ella ha vivido esta situación de manera personal y explica que resulta muy difícil que las mujeres tengamos el tiempo necesario para dedicarnos a ascender en este tipo de carreras TIC, “que demandan muchas horas de trabajo y muchas horas de autoformación. Las tecnologías cambian mucho más que las leyes, y es necesario estar muy al día. En ciberseguridad, por ejemplo,  un 0-day no puede esperar a que sea domingo y tu pareja se quede con el niño para resolverlo”.

Maite Ramos está de acuerdo con ella. “Las empresas deben responsabilizarse y apostar por una nueva etapa que sea capaz de compaginar mejor la vida familiar y laboral, y evitar así la discriminación y que se perpetúen los roles tradicionales asignados a hombres y mujeres”, sentencia.

Marylise Tauzia lo ve como una barrera social y cultural más pronunciada en Europa, donde todavía “es difícil que algunas mujeres sean escuchadas y aporten sus ideas si la cultura de la empresa no promueve mayor inclusión. Cuando crecí en Francia, no se me animó a seguir el camino de la informática y me dijeron muchas veces que no era para mí y que era más para mi hermano”, y claro, si los comienzos son así, es difícil creer en una misma.

Lacarra tampoco entiende por qué las empresas se resisten y denuncia que todavía se cuestione a las que consiguen dirigir. ”No sé porque hay menos directivas y responsables. Yo sé que las que han llegado allí son muy muy buenas, y es una pena que si hay una mujer en un puesto de responsabilidad, se le juzgue por otras razones y se ponga en duda cómo ha llegado a ese puesto. Eso es horrible”, dice porque, desgraciadamente, todavía, se nos pone en duda.

 

España, entre los países más avanzados en igualdad

Según una encuesta de ISC2, las mujeres que trabajan en ciberseguridad representaban en 2019 alrededor de una cuarta parte (24%) de la mano de obra total. Aunque hay una mejora con respecto a 2017, cuando solo era 11%. Con estos datos en la mano, Tauzia  sentencia que “no visibilizar a las mujeres que trabajan en determinados sectores contribuye a que no se interesen por ellas; todavía hay sectores desconocidos para muchas jóvenes que tienen interés en la tecnología, pero les falta información y referentes”.

Pese a ello, en opinión de Loly Alejandro, “España es un país que desde hace muchos años está teniendo un debate público y masivo acerca de la lucha contra la desigualdad de género. Esto es positivo, nos ha permitido avanzar como sociedad según los indicadores. Cada vez hay más chicas jóvenes incorporándose a nuestro campo, lo que va a permitir que en el futuro haya más CIO, CDO y CISO mujeres”.

Jamaa también apunta que “en España destacamos como uno de los países que ha logrado mayores niveles de igualdad. Estamos entre los 10 primeros puestos”, según el Índice Global de Brecha de Género 2020, elaborado por el Foro Económico Mundial, que incluye a 153 países y que está liderado por países como Islandia, Noruega y Finlandia. “Sin embargo, no debemos ser triunfalistas ni dejar que estas cifras desvíen nuestra atención. Estar mejor situado que otros países no significa estar bien”, añade.

La realidad para Jamaa, y para todas las entrevistadas, es que a las mujeres no nos lo han puesto demasiado fácil para avanzar y triunfar en el mundo profesional por múltiples factores (socioculturales, económicos…), con raíces muy profundas y complejas. “Las ideas preconcebidas sobre lo que es propio de hombres y de mujeres, los frenos que a veces nos autoimponemos y la falta de confianza en nuestras capacidades contribuyen a la preocupante ausencia de mujeres en el campo tecnológico”, sentencia.

 

Creer en nosotras mismas desde niñas

Hablando de frenos, Maite Avelino no es tan optimista, ve más bien una marcha atrás y no pone paños calientes al problema: “Se están viendo y aceptando en España modas y costumbres importadas más machistas, que ya creíamos haber superado. Las mujeres jóvenes ven como referentes cantantes, youtubers e influencers femeninas que estudian poco o nada y obtienen beneficios jugosos explotando su cuerpo. Sin embargo, las científicas son mujeres sin tiempo para ’ser guapas’, que no tienen éxito ligando, cobran poco y se agotan con la carga extra de los hijos. El futuro pinta para ellas de mucho sacrificio y hay que tener una vocación muy férrea para elegir el camino de las TIC”.

El porqué las jóvenes no se ven atraídas hacia carreras y profesiones puede tener que ver con lo expuesto hasta ahora. Por eso Maite Ramos insiste en que hay que “trabajar las bases y entender la causa de la falta de vocaciones para poder actuar en valorar y fomentar el talento de las mujeres, y actuar desde la base de forma estructural, y vuelve a denunciar la carencia y falta de visibilidad total de figuras femeninas referentes que puedan “contribuir a que las jóvenes tengan una referente que estimule la presencia de más mujeres dentro del sector”. 

 

Maite Ramos, General Manager de Dynabook en Iberia.

 

Tauzia apunta, como antes sus compañeras, a la educación desde la infancia. “Las jóvenes deberían estar expuestas a las actividades STEM cuando son pequeñas para ver si les interesan y decidir si quieren aprender más cuando crezcan. Hay que darles la oportunidad de estar expuestas a la tecnología”. “Y despertar la curiosidad y las vocaciones — apunta Therese Jamaa— para que cursen carreras STEM y estén dispuestas a llegar a lo más alto”.

Laura Lacarra señala dos aspectos contradictorios no resueltos en las primeras etapas de la educación. “Las carreras tienen fama de ser difíciles y eso puede ser una barrera, aunque en mi entorno éramos las chicas las que sacábamos mejores notas. Sin embargo, es algo que no me lo puedo explicar. Las chica jóvenes, al igual que los chicos, están todo el día con los móviles, tablets y PC, consumen constantemente TIC. Ellas mismas podrían construir una nueva red social, maneras de interactuar con sus amigos y amigas. Y se pregunta qué falla para que no les atrape la curiosidad y la pasión por construir e innovar. “Entiendo que las mujeres  jóvenes necesitarían saber qué finalidad tienen muchas de las nuevas tecnologías. Yo sí me planteé ¿qué voy a hacer con esto?, cuando me decidí por la ingeniería informática”. 

 

Iniciativas para luchar contra la discriminación

La curiosidad llevó hasta el puesto que ocupa a Laura Lacarra, que trabaja en un entorno en el que se siente valorada y feliz, aunque reconoce haber sufrido alguna situación de discriminación o machismo desagradable en anteriores entornos laborales, "pero he sabido de verdaderos problemas de desigualdad que no he visto en España, donde compañeras europeas animaban a una mujer a no denunciar un caso de acoso, por ejemplo”.

Maylise Tuzia insiste en que debemos ser y estar seguras de nosotras mismas. Ella perdió un día la paciencia en una reunión en la que era la única mujer, “una sala llena de ingenieros varones. Discutían a gritos, no se ponían de acuerdo y les pedí a todos que dejaran de hablar y me escucharan. Mi argumento sobre lo que estaba en juego si no podíamos resolver esto era sólido, respaldado por datos y mi tono era serio y fuerte. Todos me miraron durante un minuto con un gran silencio y estuvieron de acuerdo en que tenía razón”. Hoy un equipo de 41 personas con un 50% de hombres y un 50% de mujeres.

Para llegar a la situación de liderazgo de estas seis mujeres, y a la seguridad en sí mismas que han demostrado a lo largo de su carrera profesional para ello, es esencial ahondar en la colaboración entre administraciones, instituciones y empresas.

Entre las iniciativas de las empresas de estas mujeres triunfadoras del sector TIC para lograr que nuestras jóvenes se dirijan hacia el mundo de la ciencia, la tecnología y la innovación está, las de Huawei, que colabora con la fundación Inspiring Girls, para motivar y ayudar al empoderamiento de mujeres y niñas, y promover que cursen carreras STEM.

También desarrollan actividades como “Chicas Robóticas”, donde niñas de 10 a 12 años aprenden de forma práctica e interactiva a construir y programar un robot,e impulsado el Club Tech IG, que a través de una plataforma de e-learning ha permitido a más de 100 alumnas aprender el uso de herramientas tecnológicas en ámbitos digitales.

Loly Alejandro relata la iniciativa Future Female Leaders, en la que estudiantes universitarias de varios países experimentan cómo es un día en P&G y comprueban que puede haber perfiles femeninos en cualquier área de actividad y el programa Share The Care, que promueve la corresponsabilidad del cuidado de los niños y favorece de forma efectiva la igualdad de ambos progenitores en el permiso por nacimiento y cuidado del menor. Son programas e iniciativas que contribuyen a eliminar los sesgos de género que todavía existen en nuestras empresas.



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