Tendencias | Artículos | 05 DIC 2003

Xfera o la historia de un fracaso

El proyecto empresarial de 3G retorna de nuevo a la escena tecnológica
Ana Sanz.
Aguantar o desaparecer, ese parece haber sido el dilema de la operadora Xfera en España durante los dos últimos años y que a fecha de hoy continúa sin despejarse claramente, a pesar de los últimos retornos negociadores de esta compañía con el Ejecutivo, proveedores y accionistas para salir de su letargo empresarial y ofrecer servicios UMTS que se concretan en un nuevo y todavía hermético proyecto empresarial.

Al igual que un ansiado y codiciado premio, el 10 de marzo de 2000 a Xfera le tocó uno de los bienes más deseados en pleno auge del mercado de telecomunicaciones español: la adjudicación de una licencia de telefonía de tercera generación UMTS, que junto a las concedidas a Telefónica Móviles, Vodafone (en aquel momento Airtel) y Amena auguraban un prometedor y rentable negocio.
Pero al tiempo que la disponibilidad de la tecnología UMTS y las oportunidades multimedia que ofrecía vía móvil se ralentizaban, Xfera comenzó a descubrir sus primeras carencias económicas, al no poder asumir el compromiso de los avales que exigía el Gobierno para conseguir la licencia de UMTS, que en su caso ascendían a 3.000 millones de euros, lo que impedía a su vez ofrecer este tipo de servicios.
Y es entonces cuando empieza el lento peregrinar tecnológico de Xfera y sus primeras peticiones al Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCyT), bajo el argumento de “principio de neutralidad tecnológica” con el que contaba Telefónica Cable, para operar en frecuencias propias de GSM y GPRS hasta la llegada efectiva de la tecnología de tercera generación. Una pretensión que fue desestimada, ya que el Gobierno se había comprometido previamente con las operadoras a no emitir nuevas licencias GSM.
La opción siguiente pasaba por recurrir a los acuerdos de itinerancia que Xfera quería establecer con algunas operadoras y que le ofrecían la posibilidad de ofrecer servicios de segunda generación como operador móvil virtual. Pero esto tampoco cuajó. Aún así, y en un intento por mostrar que la iniciativa empresarial todavía era viable, la compañía inició una campaña de búsqueda de emplazamientos para desplegar antenas y colocar sus equipos de transmisión, que a día de hoy, y salvo los verdaderamente estratégicos, han pasado a formar parte de las liquidaciones que desde entonces Xfera ha realizado.

Operación congelación
Todas estas circunstancias y la falta de alternativas viables provocaron que responsables y accionistas de la compañía congelaran, sine die, el proyecto a finales de 2001 hasta la llegada del nuevo estándar tecnológico. Una decisión estratégica y traumática cuyo resultado fue un primer expediente de regulación de empleo para las seiscientas personas que en ese momento formaban la plantilla de la operadora y que, casi dos años después y tras programas de bajas incentivadas y nuevos expedientes, han pasado a algo menos de una veintena de empleados, que se concentran en la única oficina que la compañía mantiene abierta en Madrid.
Tras este dramático proceso, el hermetismo y la ausencia de noticias han marcado la estrategia de la compañía. Sólo a finales del pasado año y durante el mandato de Josep Piqué al frente del MCyT, operadoras móviles y Ejecutivo negocian de nuevo y llegan al acuerdo de afrontar avales más asequibles que los originales, lo que supone para Xfera un desembolso de unos 500 millones de euros, frente a los 3.000 originales, a cambio de ratificar su compromiso en el desarrollo de servicios multimedia, si bien su proyecto empresarial sigue siendo inviable.
Las perspectivas financieras de Xfera distan mucho del calificativo de aceptables, ya que sin una actividad comercial conocida que lo alivie durante estos años, la compañía acumula unas pérdidas superiores a los 131 millones de euros, que se han convertido en un lastre difícil de superar y en una preocupación constante para los accionistas que confiaron en el proyecto.
Así, uno de los primeros accionistas en poner punto y final a esta incertidumbre económica y empresarial fue Vivendi, y tras algunos cambios más y aún a costa de seguir aportando dinero, la participación en la empresa ha quedado encabezado por ACS y Sonera (34,18%), seguido por el Grupo March (11,22%), Abertis (8,36%), FCC (7,47%) Abengoa-Telvent (5,46%), JP Morgan (2,85%), Mercapital (2,32%), Caja España (1,66%) y socios minoritarios con menos del 1% de participación (11,66%).

¿Luz al final del túnel?
La cobertura, el despliegue de la red y la inversión de 135 millones de euros son los puntos negros que Xfera mantiene todavía en su hasta ahora amargo camino hacia la prestación de servicios de tercera generación. Pese a ello, la compañía parece decidida a retomar su actividad empresarial y salir de su hermetismo, tal y como proclamó recientemente el consejero delegado de la compañía, Antonio Cantón, en una de sus escasas apariciones públicas: “El tránsito en el desierto ha terminado y este es el momento de tomar decisiones definitivas sobre Xfera para salir del túnel. Estamos convencidos de que existe un hueco para un cuarto operador de UMTS, eso sí, con una naturaleza radicalmente distinta a la diseñada hace cuatro años”.
Signo de este cambio de postura han sido los encuentros que la operadora ha mantenido con el MCyT para ‘suavizar’ las condiciones financieras del concurso de concesión de la licencia UMTS y que parecen haber llegado a buen puerto, así como con sus suministradores Ericcson y Nortel Networks, y con el resto de las operadoras adjudicatarias de la licencia de 3G para compartir red e infraestructura de emplazamientos y hacer factible el nuevo proyecto de Xfera que, según Cantón, “se basa en soluciones concretas y personalizadas para segmentos de mercado específicos y con precios muy competitivos, en línea con el modelo seguido por el operador asiático Hutchinson”.
Aunque todavía no hay una fecha concreta para el lanzamiento de sus actividades precomerciales de 3G, el directivo de Xfera admitió las de finales de 2004 o principios de 2005, en línea con las de sus competidores, y reconoció que sus pretensiones pasan por la flexibilidad y compartición de infraestructuras para aspirar a una cuota de mercado entre el 8 y 10%. A pesar de que el hermetismo sigue siendo la pauta estratégica de directivos y accionistas, parece que el hasta ahora frustrado proyecto empresarial comienza a progresar adecuadamente.

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