| Artículos | 28 MAY 2004

Banda ancha móvil, ¿para qué?

Eva Martín y Juan F. Marcelo.
Después de tantos retrasos, después de tantas expectativas levantadas, la tercera generación se enfrenta a la dura prueba del algodón: crear una demanda específica de banda ancha móvil. No basta con atraer al segmento empresarial; con esos ingresos no se cubren los costes. Las operadores de 3G tendrán que ganarse la confianza de los usuarios particulares, en muchos casos desencantados y en otros incluso escépticos.

Cuando ya se habla de la cuarta generación para 2012, todavía en España la tercera (3G) no ha llegado al segmento residencial. Desde febrero Vodafone y TSM ofrecen servicio empresarial limitado utilizando tarjetas de datos para ordenador. Y eso que el concurso se adjudicó en marzo de 2000, y que la fecha original de inicio de operaciones era agosto de 2001. Tras la travesía del desierto, los cuatro operadores de 3G (Amena, TSM, Vodafone y Xfera) han logrado que el Gobierno les rebaje los compromisos iniciales. Aún con la ratificación pendiente, han logrado una reducción del 30% en las inversiones. Tienen que invertir 6.300 millones de euros en diez años, y crearán 10.000 empleos directos. Esto es posible porque se les permite compartir infraestructuras. También se modifica el calendario de despliegue; empieza con una cobertura del 45% de la población (no del territorio), que aumentará en dos años al 70% de la población.
Se espera que durante el segundo semestre de este año se vendan en España los primeros teléfonos móviles 3G. Si el precio sigue la línea europea, rondará los 1.000 euros. Hay analistas optimistas, como IDC, que vaticina que “el número de usuarios de 3G aumentará significativamente en 2005 y 2006. El crecimiento medio interanual para el período de 2003-2008 en España es del 149%. Este mismo crecimiento es del 140,2% para Europa y del 48,4% para EE.UU. La media de crecimiento mundial se sitúa en 94,1%”.
Para que estas previsiones se conviertan en realidad 3G tendrá que superar diversas dificultades. “Encontrar emplazamientos para instalar antenas se ha convertido en uno de los elementos de mayor dificultad a la hora de desplegar estas infraestructuras”, resalta Antonio Cordón, director de relaciones institucionales de Ericsson España. De hecho, parece que entre las cuatro compañías sólo han instalado 2.000 nuevas antenas para UMTS. En dos años habrá 8.700 estaciones base UMTS, en cinco años alcanzarán las 18.000, y en diez serán 21.500.
Además de los emplazamientos, Javier García, director de soluciones UMTS de Nortel Networks, ve otros escollos, como “la no adecuación total de los terminales UMTS comerciales. Muchos todavía no han resuelto adecuadamente elementos como la disipación térmica o el consumo de batería, que deben mejorarse para estar en línea con lo que el usuario está acostumbrado en la 2G. Además, todavía no disponemos de un número adecuado de terminales”. Habrá que esperar un poco más. Las condiciones adecuadas “comenzarán a darse a partir del año 2005, momento en el que el crecimiento en capacidad y cobertura de las redes 3G debiera alcanzar los niveles razonables”, declara Antonio Cordón.
La velocidad inicial de 3G es de un máximo de 384 kbps, similar a la que ofrece ADSL. “De todas maneras, lo importante son las aplicaciones, que dependerán del desarrollo y de la imaginación de las operadoras y de sus creadores”, apunta Javier García. Por su parte, Carlos Álvarez, director general de Telenium, habla de “una adecuada propuesta de servicios y de precios por segmentos de mercado”. Se trata de crear una demanda específica que necesite la banda ancha móvil. “La gente no compra ancha de banda porque sí. Compra aplicaciones que corran sobre ancho de banda”, apostilla Álvarez.
Para el director general de Telenium hay tres nichos de mercado más proclives a consumir servicios multimedia en telefonía móvil: el empresarial con aquellos que tienen más necesidad de movilidad, los tecnófilos, y los viajeros.
Al principio, salvo la velocidad, habrá pocas novedades. Según Luis García, director de desarrollo de mTactics “en el ámbito corporativo a corto plazo las aplicaciones más comunes serán la mensajería unificada, el acceso a plataformas ERP/CRM, los servicios de localización, la videoconferencia, los directorios virtuales y el ámbito de máquina a máquina”. Por su parte, Carlos Prades, director técnico de Moviquity, confía en el ocio como la gran apuesta de la 3G: “Las aplicaciones de mensajería instantánea, siempre que tengan un coste atractivo (...) y los juegos en línea”. En el segmento residencial la killer application para Luis García podría buscarse en “el vídeo streaming de contenidos lúdicos, como videoclips y trailers, y los servicios de videoconferencia”.
A medio plazo Carlos Prades cree que “habrá que tener en cuenta las aplicaciones P2P, si los operadores ofrecen tarifa plana”. Y según Juan José Galán, director general de Germinus, podrían funcionar “los servios de información descentralizados, los servicios web o los servicios basados en localización”. Otro son más escépticos. “Tengo dudas, por ejemplo, de que la gente vea películas o se descargue partidos de fútbol en el teléfono móvil. Verlos, quizás, pero alguna vez como uso exótico. Más difícil va a ser que pague por ello”, dice Álvarez, que es más optimista respecto a las aplicaciones empresariales focalizadas, como las inmobiliarias.
Para que los operadores puedan ofertar aplicaciones es necesario que haya compañías desarrolladoras. Y en esta relación en la que ambas partes están condenadas a entenderse, algunos ven pactos poco equilibrados. “El compromiso no tiene que ser puntual para cada servicio o aplicación. El proveedor de contenidos necesita también tener un horizonte de retorno de inversiones”, señala Carlos Álvarez, que propone compartir costes en lugar de beneficios.
El problema es que el desarrollador-proveedor de contenidos está en una situación delicada, porque “su competencia puede desplazarlo con más facilidad en cuanto que el servicio se muestre interesante o atractivo para otro operador. A ello hay que unir que los operadores son muy celosos de sus servicios y contenidos”, explica Juan José Galán.
Como solución Carlos Prades, de Moviquity, propone “buscar modelos de negocio imaginativos para cada uno de los proyectos”, mientras que Luis García, de mTactics, resalta que “en el mercado corporativo existe una clara simbiosis entre el desarrollador de aplicaciones y la operadora”. El desarrollador necesita la capacidad comercial de la operadora, y el desarrollador ofrece la aplicación que da sentido a las tecnologías de comunicación ofrecidas por la operadora.
No basta con tener un catálogo de aplicaciones. Hace falta enganchar a muchos usuarios que paguen por ellas. Javier García, de Nortel, señala que “para popularizarse hace falta disponer de una variedad de terminales a precios competitivos y desarrollar por parte de las operadoras una oferta atractiva de servicios. Una oferta que no sólo deberá ser atractiva, sino también sencilla de usar”. Y si eso no está siendo fácil con la segunda
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