| Artículos | 19 ENE 1996

Sólo profesionales, gracias

E. García / J.L. Tejedor.

Hablar hoy de profesionalismo puede, por obvio, parecer a algunos algo pasado de moda, rancio; para otros no deja de ser sorprendente ya que como el valor en el soldado, la profesionalidad se debe dar por supuesta en los profesionales de la rama que sea.

Sin embargo, esto no es así en muchos casos. Los profesionales de las Tecnologías de la Información, que no somos nuevos en plaza y llevamos trabajando algunos años, sabemos que para ejercer una función o un puesto de trabajo en nuestro ámbito, los requerimientos no siempre son cumplidos por las personas que los ejercen, aún en el supuesto de que se conozcan.

Una carrera universitaria, algo de inglés, algún curso de especialización o alguna experiencia, son las bases de partida para una carrera profesional. La preparación posterior dentro de las empresas correrá muy en paralelo con las propias necesidades de la empresa, que se limitará a reforzar los conocimientos y entrenamiento técnicos necesarios y ya tenemos a un profesional que difícilmente dudará o dejará que se dude de su profesionalismo.

Y lo que es aún más grave es que la promoción al desempeño de puestos de mayor responsabilidad no lleva pareja la profesionalidad (todos recordamos aquel famoso principio por el que los ascensos nos conducen hacia el límite de nuestra incompetencia.).

Pues bien, de un tiempo a esta parte, como consecuencia de la crisis económica y de la crisis del sector informático, las empresas constructoras para subsistir, han empezado a vender Servicios para compensar la pérdida de margen de beneficio en la venta de productos Hardware y Software. Un servicio no es algo tangible como lo es un producto (no se vende por cajas que el cliente pueda enseñar), por lo que algo muy importante debe estar asociado indefectiblemente a un servicio: la profesionalidad de la persona que lo presta.

El objeto de esta reflexión, es demostrar que la profesionalidad es un requisito irrenunciable, ya que sólo así puede garantizarse la calidad de los servicios prestados y su rentabilidad para cliente y proveedor. Esta reflexión pretende igualmente demostrar que esta necesidad de profesionalidad es tanto más importante cuanto mayor es el nivel de responsabilidad del servicio prestado. Finalmente, por su creciente necesidad y demanda y por el elevado grado de responsabilidad que implica, la Gestión de Proyectos es especialmente sensible a estos postulados.

La Gestión de Proyectos, sin embargo, no es un invento reciente ni una necesidad creada por la sociedad de consumo (como tantos otros), sino que desde siempre fue necesaria la existencia de un líder y gestor que organice recursos, prevea contingencias y planifique teniendo en cuenta la optimización de varios parámetros (económicos, humanos, políticos, técnicos, etc.). Podemos remontarnos muchos años atrás ( milenios incluso ) para encontrar personas que eran capaces de convertir en realidad la imaginación, de cambiar el mundo de una forma organizada y eficaz, figuras que, en definitiva, actuaban verdaderamente como Directores de Proyectos. Existen algunos ejemplos fascinantes que aún hoy nos asombran.

En el mundillo informático actual, la enorme demanda de profesionales, a veces sólo semicualificados, que durante mucho tiempo mantuvo muy ajetreado el mercado de trabajo, ha pasado a la historia. El ofensivo atraso que existía en nuestro país en Tecnologías de la Información, ha sido ya superado, pero :

- Los buenos técnicos no son necesariamente buenos Directores de Proyectos. Es muy común que muchas empresas, independientemente de su tamaño y poder económico, promocionen a su empleados a determinados puestos de gestión a profesionales que han destacado en sus respectivas ocupaciones hasta el momento. Los mayores problemas aparecen cuando en su nuevo cargo, se encuentran en la obligación de manejar muchos parámetros nuevos que hasta ahora no tenían en perspectiva y para los que no han sido entrenados. Es también habitual la creencia de que un buen técnico tiene que ser un buen Director de Proyectos, ya que conoce bien el mundo en el que se desarrollan sus proyectos, lo cual, si bien es una condición necesaria, no es, ni mucho menos, suficiente. A menudo los técnicos tienden a enredarse en detalles técnicos, lo que les hace perder de vista la Visión Global del Proyecto.

- Muchos proyectos no se terminan nunca. Los promotores del proyecto ( los clientes en cualesquiera de sus formas ), no siempre tienen claras las características del producto final de un proyecto, por lo que provocan el arranque de ciertos trabajos sin haber definido el alcance y objetivos de los mismos. Esta es la clave del problema general, ya que afecta a la esencia de lo que debe entenderse como proyecto. Un proyecto tiene un principio y un fin bien determinados, acotados y definidos., ya que un proyecto es algo que nace como respuesta a una necesidad y muere (tiene que ser liquidado) cuando el objetivo para el que fue engendrado se ha alcanzado. La mayoría de proyectos fallidos nunca debieron considerarse como tales debido a que nunca estuvieron adecuadamente definidos.

- Las expectativas de los promotores a menudo no se ven satisfechas. Este problema, muy habitual también, está relacionado con el punto anterior, ya que su origen arranca igualmente del hecho de que el proyecto no fue adecuadamente definido ni documentado antes de su arranque. Es tremendamente frustrante que el cliente gaste su dinero y que no obtenga a cambio lo que esperaba. Igualmente frustrante es que los profesionales que han desarrollado dicho proyecto se hayan dejado la piel en el intento y que su trabajo no satisfaga a quien lo encargó.

- Los planes / presupuestos (de tiempo y costes) no se cumplen. Esta es una de las cuestiones que más suelen preocupar a los promotores de un proyecto, aunque no es generalmente el problema más importante. La estimación de costes y tiempos, así como la identificación y manejo de los riesgos asociados al proyecto, puede y debe ser realizad mediante las técnicas y herramientas adecuadas, que sólo un profesional de la Dirección de Proyectos puede realizar. Sin embargo, es importante destacar que en determinados proyectos en los que existe una gran incertidumbre y ésta no puede ser resuelta, deben aceptarse variaciones en estos planes siempre que estén debidamente controladas, justificadas y gestionadas.

- Cualquiera de estos problemas nos demuestra que el problema se encuentra en la CALIDAD.

La calidad, es decir, la conformidad con las especificaciones y requerimientos, tanto en lo que al servicio de Dirección del Proyecto como al producto del mismo se refiere, es una necesidad irrenunciable para cualquier empresa que quiera seguir existiendo. Un proyecto y su producto, serán de calidad cuando se ajusten a los requerimientos determinados para ellos ANTES del comienzo del proyecto. Cualquier otra definición de calidad más subjetiva, debe ser desechada.

Esta calidad en la Dirección de Proyectos y en sus productos va irremediablemente asociada a la PROFESIONALIDAD de todos los miembros del equipo de trabajo, especialmente la del Director del Proyecto, que es el único responsable del mismo.

Un profesional de cualquier ámbito, debe cumplir los siguientes requisitos :

- Formación. Debe conocer profundamente el entorno en que se mueve (el negocio que le da de comer) y tener una adecuada formación académica, tanto general como específica en su profesión.

- Experiencia. Difícilmente puede dominarse un entorno y una profesión si no se cuenta con una experiencia acreditada.

- Integridad. Un profesional debe ser honesto en todo momento y ante cualquier situación, defendiendo además su profesión frente al fraude en cualquiera de sus formas ( tiempos, costes, comisiones, ... ). Además, los auténticos profesionales deben denunciar y perseguir la intrusión de otros que los supla

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