Tendencias | Noticias | 22 ABR 2017

Informática cuántica: la informática que viene

Se dice de ella que será el futuro de la informática. Incluso que supondrá importantes progresos en todas las áreas del ámbito de las TI y la digitalización. Su nombre parece extraído de la serie Big Bang Theory, pero es real. Y está aquí. Ha venido para quedarse.
informática cuántica
Víctor Manuel Fernández

Pongámonos en situación: cocina del apartamento que comparten Leonard Hofstadter (John Galecki) y Sheldon Cooper (Jim Parsons) en la serie The Big Bang Theory –si aún no la ha visto, está tardando–. El segundo deja en un plato la tostada sobre la que extiende diariamente la misma –y exacta– cantidad de mantequilla y se dirige a la pizarra portátil instalada en pleno salón. Y desde allí, rotulador en mano, instruye a su compañero de apartamento sobre las bondades de la informática cuántica. Una idea que le ha venido a la cabeza. Leonard se muestra pensativo y contesta con un lacónico “vale” antes de dar un mordisco a su tostada. Risas del público. Fin de la escena.

Quien no sea seguidor de la serie pensará que ese par de frikis –que lo son– acaba de protagonizar un diálogo sobre algo que no pasa de ser una frikada más. El que la sigue sabe que no es así, que un grupo de científicos aporta su punto de vista y revisa los guiones en cuanto a las tecnologías que aparecen en la serie. Y sí, la informática cuántica existe.

Y en el principio fue…

Como todo en la vida, la informática cuántica tiene un origen. Y ese origen hay que situarlo en 1982. Richard Feynman dio una charla en la que explicaba cómo era imposible simular sistemas cuánticos en ordenadores tradicionales. El que fuera Premio Nobel de Física aducía que dichos sistemas son muy complejos, no tanto por la teoría que tienen detrás –que también–, sino por el número de estados posibles que pueden tener.

A modo de ejemplo, una mesa de billar. El objetivo: simular el movimiento de las bolas por la mesa. A la hora de determinar los cálculos hay que tener en cuenta dos variables: cuánto se mueven a lo largo y cuánto a lo ancho. Es decir, dos variables por bola. Ahora, ¿y si las bolas fueran cuánticas? Algo fácil de resolver si sólo hubiera una bola: recuerde sus dos variables. Pero hay más bolas. Pongamos que dos. A las variables de la primera hay que añadir dos más: cuánto se mueve a lo largo y a lo ancho de la segunda. Ya son cuatro variables. Y la cosa va in crescendo conforme se añaden más bolas. Un galimatías.

 

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