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Inteligencia artificial y discapacidad: ¿Aliada o enemiga?

Un informe revela que, a pesar de que las personas con discapacidad ven con buenos ojos esta tecnología para aumentar su eficiencia en el trabajo, un 65% cree que los sistemas de IA los excluirá de los procesos de contratación.

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Foto de charlesdeluvio (Unsplash).

Con la masificación de herramientas de inteligencia artificial (IA) generativa como ChatGPT ya nadie duda de los beneficios que esta tecnología tiene para la productividad y eficiencia en el ámbito laboral, aunque sus aportes también han sido señalados como un arma de doble filo: cuando la IA pueda reemplazar el trabajo de un humano, lo hará. Las personas con discapacidad, que ya tienen barreras para ingresar al mercado laboral, miran con preocupación estos sistemas que, de no ser entrenados correctamente, pueden presentar sesgos que harán más difícil aún su inclusión.  

El informe anual ‘Tecnología y Discapacidad’, elaborado por el Observatorio de la Vulnerabilidad de la Fundación Adecco con la colaboración de Keysight Technologies, aborda justamente esta temática. El estudio muestra que un 55,3% de las personas con discapacidad reconoce el inmenso potencial de la IA para potenciar su desempeño en el trabajo, mejorando la accesibilidad (con sistemas de reconocimiento de voz o lenguaje de señas o soluciones de navegación para personas con discapacidad visual, por ejemplo); adaptando los entornos de trabajo físicos (ajustes automáticos de iluminación, temperatura y otras condiciones ambientales); personalizando los programas de capacitación y desarrollo profesional; y permitiendo un mayor acceso a trabajos remotos y flexibles. 

No obstante, advierten riesgos. La IA aún no es perfecta y muchos de estos sistemas presentan sesgos que, utilizados en procesos de reclutamiento, pueden resultar en la discriminación de las personas con discapacidad en la selección de personal, perpetuando las desigualdades ya existentes en el mercado laboral. De hecho, sólo el 32% de las personas con discapacidad que han sido contratadas en lo que va del año trabajan en empresas ordinarias, es decir, fuera del ámbito protegido de los Centros Especiales de Empleo. Para el 65,8% de los encuestados, la exclusión de los procesos de contratación debido al uso de sistemas de IA es una preocupación.  

Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, expresó que “las máquinas pueden ayudar a que los procesos de reclutamiento sean más eficientes y seguros, pero existen labores imprescindibles, vinculadas a las emociones, que seguirán siendo realizadas por los seres humanos. De hecho, cuanto menos humanizado está un proceso de selección, menos engagement se consigue. Además, las estrategias de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI), cada vez más presentes en la agenda empresarial, exigen procesos de selección en los que la intervención humana se torna imprescindible, en aras de diseñar ‘inclusion journeys’ que contemplen las necesidades de las personas con discapacidades intelectuales o aquellas más infrarrepresentadas en el mercado laboral, desvinculando el talento a lo estrictamente intelectual y valorando otras competencias que les permitan competir en condiciones de igualdad”. 

Al anterior se suman otros desafíos, como las barreras económicas, de accesibilidad y de usabilidad de las herramientas de IA y las nuevas tecnologías, una realidad para el 45,1% de las personas con discapacidad. Si bien, para el 75,3% de ellos el problema es más bien la falta de poder adquisitivo, un 58,2% manifiesta problemas de usabilidad, un 52,4% encuentra problemas de accesibilidad y un 15,5% no confía en lo digital y teme ser víctima de engaños y fraudes. Además, el 73,1% de los encuestados asegura que no ha recibido ningún tipo de formación en nuevas tecnologías para la mejora de su búsqueda de empleo y desempeño profesional, lo que se torna clave a la hora de enfrentar los rápidos procesos de automatización que están experimentando las empresas y que para el 44,5% de las personas con discapacidad es una amenaza a sus empleos.  

“Al igual que ha sucedido con otros grandes avances, la inteligencia artificial es un recurso que debe ponerse a nuestro servicio, para optimizar nuestro trabajo y hacerlo de una forma más eficiente. Es por ello imprescindible que las personas con discapacidad no se queden atrás y sepan adaptarse al uso de esta nueva tecnología, además de adquirir competencias digitales y formarse en áreas estratégicas que hoy tiran del empleo (programación, redes sociales, etc), en las que la presencia de las personas con discapacidad es aún residual”, sostuvo Mesonero. 

A pesar de estas dificultades, un 15% de las personas con discapacidad ha decidido utilizar la IA para su beneficio y utiliza herramientas de esta tecnología para apoyar su búsqueda de empleo, como ChatGPT (para obtener orientación profesional, asesoramiento para la construcción del CV y preparar entrevistas), Vmock (aplicación que compara el CV con otros más exitosos y recomienda cambios) y Kickresume (un creador de CV y cartas de presentación).  

 

Hacia una IA inclusiva 

“La inteligencia artificial abre un interesantísimo y complejo debate en el ámbito de la inclusión laboral, produciéndose una ambivalencia; por un lado, tiene una gran capacidad para sortear barreras históricas que tradicionalmente han encontrado las personas con discapacidad; sin embargo, si el conjunto de datos utilizados para su entrenamiento contiene sesgos o reflejan desigualdades persistentes en la sociedad, estos sistemas pueden aprender y perpetuar dichos sesgos en sus resultados. Es por ello fundamental adoptar prácticas de desarrollo ético de la IA, como la selección cuidadosa de los datos de entrenamiento, el monitoreo constante de sesgos o la promoción de la diversidad en los equipos de desarrollo, para que los algoritmos sean inclusivos. No hay que olvidar que, tanto entre las personas como entre los sistemas inteligentes, la inclusión no es un proceso que surja de forma natural, sino que debemos buscar mecanismos para desarrollarla y garantizarla”, manifestó Mesonero. 

Para lograr esa IA inclusiva, la Fundación Adecco recomienda algunas pautas, como aplicar desde el primer momento del desarrollo de estas herramientas los principios de diseño universal, que permitan la accesibilidad a personas con distintos tipos de discapacidad (por ejemplo, que incluyan opciones de interfaz y modos de interacción alternativos, como comandos de voz, teclado o dispositivos de asistencia). También llama a asegurarse de que los equipos de desarrollo y ensayo de estas aplicaciones tengan una representación diversa, para asegurarse de que las muestras de datos utilizadas para entrenar la IA son inclusivas, representativas y contengan ejemplos positivos de la discapacidad. 

Asimismo, explica que las personas con discapacidad deben recibir feedback e instrucciones claras que les guíen constantemente en su interacción con la IA, y que éstas deben venir en diferentes formatos, según las necesidades del usuario. Además, las herramientas de IA deben cumplir con las normativas y estándares de accesibilidad relevantes y las empresas que las desarrollen deben trabajar en estrecha colaboración con el tercer sector y asociaciones del ámbito de la discapacidad, escuchando sus necesidades, experiencias y recomendaciones, y considerando su perspectiva en el desarrollo y diseño de la IA. 



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