Especial CW Pulso al escenario digital pospandémico

Un cambio meteórico (y digital) para empresas y trabajadores

Desde la evolución hacia modelos híbridos de trabajo pasando por la irrupción de nuevos modelos de negocio, la pandemia de la COVID-19 ha auspiciado un nuevo escenario empresarial y social bajo el paraguas de tecnologías ganadoras como la nube o la inteligencia artificial.

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A medida que la crisis sanitaria de la COVID-19 va atenuando y que la nomenclatura se traslada de pandemia a endemia, el ‘salto al vacío’ digital que en marzo de 2020 comenzaron empresas, administraciones públicas y ciudadanos, también va tomando orden en forma de nuevos modelos de trabajo, negocios y entretenimiento. A nivel nacional, la rápida aceleración de la transformación digital se hace patente en los índices económicos. En 2020, el ámbito de la digitalización llegó a alcanzar el 22% del Producto Interior Bruto (PIB). “Esto indica que desde que se inició todo, ha cambiado la percepción de la sociedad sobre Internet”, apunta Raquel Jorge Ricart, socióloga e investigadora del Real Instituto Elcano. “La web es un condicionante de muchas de las actividades del día a día; desde el comercio online hasta todo tipo de relaciones con las administraciones públicas”. Pero, esto, añade, es un arma de doble filo; a pesar de que España es uno de los países con mayor fibra óptica de Europa, existe una brecha digital latente que hay que paliar. “La digitalización ha permitido a mucha gente sumarse a cosas que antes no conocía, pero hay que saber a qué cosas la gente se quiere y se puede sumar. Hay que tener responsabilidad para que la gente entienda los impactos y que haya seguridad técnica y humana”.

En cualquier caso, son muchos los estudios que cifran el avance digital de estos dos años en casi una década, por lo que el mundo que conocíamos ha mutado radicalmente. En lo que atañe a las empresas, advierte Josep Curto, director académico del máster de inteligencia de negocio y big data de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), son muchas las que se han visto obligadas a dar un salto en actualización de sistemas y dispositivos. “No son pocas las que descubrieron el bajo nivel de transformación digital que tenían, que no solo se trata de haber adoptado herramientas en silos, sino de que estén integradas entre ellas y dentro de los procesos de negocio de forma natural. Tras esa adopción forzada, esperamos que 2022 sea el año en que se apuesta por la orquestación e integración de tecnologías de forma coherente. Tras poner los parches, se trata de hacer bien las cosas como fin último”.

 

 

 “La digitalización ha permitido a mucha gente sumarse a cosas que antes no conocía, pero hay que saber a qué cosas la gente se quiere y se puede sumar"

 

 

Además, se ha instaurado una nueva forma de trabajar, híbrida, que sustituye al teletrabajo masivo de los meses de confinamiento. De manera categórica, afirma Fernando Maldonado, analista principal de IDG Research, “los modelos híbridos serán una condición de permanencia en el mercado”. Un estudio del departamento de investigación de Foundry, realizado entre empresas locales con más de 100 empleados, pone de relieve que, en la actualidad, solo el 3% de las personas se mantiene en el teletrabajo persistente mientras que el 64% de las mismas se han adaptado a la hibridez. 

Este tipo de operaciones cuenta con beneficios como la flexibilidad, una mayor satisfacción del empleado, reducción de costes operativos, la mejora de la colaboración y la atracción del talento; y para el 39% de los encuestados aumenta la productividad notablemente. “Muchas personas se han dado cuenta de la importancia de esta flexibilidad, de acabar la jornada a su hora y de que ya no hay un lugar fijo para el trabajo”, añade Ricart. 

 

De CIO a CEO

Al compás de la evolución de los modelos de negocio, y ya asistida por los procesos de transformación digital que se estaban llevando a cabo antes de la pandemia, la figura del CIO ha tomado un impulso vital como elemento clave del negocio y de los consejos de administración. De hecho, muchos expertos confirman la tendencia de que muchos de ellos han saltado a CEO. Para Jorge Ricart las grandes empresas “sí que se han dado cuenta de su importancia; su rol antes se veía de una manera externa pero ya tienen más mandato y competencias internas que llegan a temáticas generales como el marketing y las inversiones”. Por ello, asevera, sus equipos, además de ostentar grandes capacidades técnicas, deben nutrirse de perfiles multidisciplinares, con capacidades de comunicación y que se relacionen también con las ciencias más humanistas. Por contraposición, esgrime, en las pymes es más complicado colocar esta figura porque se suele externalizar debido a las capacidades económicas de las compañías.


Tecnologías ganadoras

Los datos del último Índice de Economía y Sociedad Digitales (DESI), que publica la Comisión Europea (CE), sitúan a España en el noveno puesto general, siete puntos por encima de la media de los países miembros. En concreto, la geografía gana puntos en conectividad y en servicios públicos digitales; y pierde cabeza en capital humano. Por otra parte, en conjunto, se ha avanzado en integración de tecnologías digitales. Este es un ámbito complicado si tenemos en cuenta el desarrollo de herramientas como la nube o la inteligencia artificial y su convergencia. De hecho, cloud se ha convertido en la tecnología ganadora de la pandemia. A nivel global, el gasto en nube pública alcanzará los 500.000 millones de dólares durante este año, lo que supone un incremento del 20,4%, según la consultora Gartner.

 

 

“No son pocas las que descubrieron el bajo nivel de transformación digital que tenían antes de la pandemia"

 

 

Además, IDC estima que la inversión en cloud superará a la de los entornos tradicionales en 2025. En España, un estudio de Deloitte asegura que este mercado mantendrá una media de crecimiento anual del 15% durante el próximo lustro. Sobre todo, hacia un consumo como servicio para hacer frente a estas demandas híbridas y a la nueva economía del dato. Para Curto, “y como en muchos otros casos”, no se trata solo de invertir en la nube -en una o varias de sus opciones-, sino en “identificar casos de uso que aporten valor al negocio. Hablamos de capacidades para escalar procesos corporativos y cargas de trabajo, pero también de habilitar nuevas funciones no existentes dentro de la empresa. En el caso de sustituir un proceso ya existente por uno nuevo en la nube, es absolutamente necesario definir una transacción adecuada teniendo en cuenta todos los aspectos; desde la arquitectura de datos hasta la formación de empleados”.

Precisamente es el dato el core de las empresas que se autodenominan digitales. Y es la inteligencia artificial (IA) -la otra gran tecnología ganadora de estos dos años- la que confluye con cloud en estas tareas. IDC cifra el mercado español de IA en 1.400 millones de euros para 2025, lo que significa un crecimiento anual del 27%. El área donde se detecta el principal nicho estaría en la automatización de tareas repetitivas, acompañada por una mejora en la calidad del servicio, producto o proceso, según los usuarios.

 

¿Cómo cambian los Fondos Next Generation la realidad de las compañías?

Otro de los cambios significativos que ha traído la crisis de la COVID-19 ha sido en el plano de la inversión. Desde Europa se aprobaron los Fondos Next Generation, enmarcados dentro del Plan de Recuperación y Resiliencia. El Gobierno de España destinará 23.670 millones de euros a la transformación digital, el 33% del total del montante de 72.000 millones de euros. “La primera lectura que debemos hacer es que son un buen incentivo para nuestra economía puesto que incluyen partidas de modernización, transición energética, infraestructuras y movilidad, entre otras”, asevera Curto. En cualquier caso, continúa, debemos considerar que las empresas e instituciones interesadas deben ser realistas y saber que estas partidas están generando mucho interés y se va a producir una avalancha de peticiones. “Por lo tanto, la revisión y resolución de cada una de las propuestas puede llevar tiempo. No debemos supeditar nuestros planes de transformación digital a estos fondos, sino considerarlos como el empujón al presupuesto que podamos tener en periodos futuros”. En conclusión, argumenta, “las empresas tienen que seguir trabajando en dos velocidades, la que mira al presente, con inversión propia, y la que mira a futuro y que podría fundamentarse en los Fondos Next Generation”.

 


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