Cloud | Artículos | 15 MAR 2010

¿Dónde y cómo ejecutar cada aplicación en la cloud?

Muchas organizaciones de TI ya se aprovechan de estas opciones. La virtualización de servidores la utiliza actualmente más del 70% de las empresas para reducir sus costes, mientras que cloud computing se utiliza (o está ya planificada) en más del 10% de las empresas, según Antonio Piraino, director de investigación en Tier1 Research. Determinar que entorno de nube debería utilizar puede ser confuso y difícil. Hay pocas pautas en las que basarse y cada empresa tendrá una discusión distinta al resto sobre sus opciones, porque tendrá diferentes puntos de vista del significado del término cloud computing.


Uno podría preguntarse el porqué del interés en cloud computing cuando la virtualización de servidores ya proporciona ahorros de costes significativos reduciendo el número de servidores físicos. La respuesta es que no tiene nada que ver.
Existen dos tipos de nubes: públicas y privadas. Los tipos de nubes se pueden caracterizar generalmente por su localización (instalados de forma local o remota) y por el grado percibido de seguridad que proporcionan.
Una nube pública es aquélla en la que un proveedor de servicios de nube proporciona recursos como servidores, almacenamiento, interconexiones y, posiblemente, aplicaciones disponibles a los usuarios a través de Internet. Las nubes públicas son remotas por definición. Las aplicaciones de un cliente pueden ejecutarse de forma concurrente en el mismo servidor físico con las aplicaciones de otro cliente, es decir, las nubes públicas son multi-cliente. Por su parte, las nubes privadas pueden tomar dos formas distintas: nubes internas y nubes privadas externas. Una nube interna se localiza dentro de su data center (en local), lo que da a los responsables de TI control completo sobre los recursos disponibles. Las nubes privadas externas combinan características de las nubes internas y las nubes públicas. Son como las nubes públicas porque se localiza de forma remota. Pero a diferencia de las públicas, las aplicaciones se ejecutan en servidores dedicados, y el proveedor provee barreras específicas en torno a la nube privada externa para hacerla más segura que las públicas. Los equipos de TI tienen más control sobre los recursos en una privada que en una nube pública. Amazon Virtual Private Cloud es un ejemplo de nube privada externa. “Las nubes proporcionan una automatización y una orquestación no disponibles en la virtualización de servidores”, declara Jeff Deacon, responsable de cloud computing de Verizon Business. En otras palabras, afirma Deacon, cloud computing implica colocar una capa de abstracción entre las aplicaciones y los servidores (físicos o virtuales) que automatice muchas de las tareas que normalmente se realizan de forma manual.
“Las nubes pueden verse de formas distintas, según lo que se pretenda obtener de ellas”, añade David Escalante, director de seguridad de TI en Boston College. “Nosotros vemos a cloud computing ejecutando aplicaciones de software que normalmente se ejecutarían en su propio data center, pero en el data center de otra empresa. Puesto que las nubes están basadas en la virtualización, las aplicaciones deben virtualizarse antes de pasarlas a cualquier entorno de nube.
Por otra parte, las organizaciones que tengan sus aplicaciones virtualizadas en un entorno de virtualización de servidores pueden ser capaces de moverse hacia una nube pública sin necesidad de realizar pasos extra.

Cómo decidir
Elegir dónde ejecutar las aplicaciones depende de diversos factores como las características y necesidades de procesamiento de las aplicaciones, incluidos los requerimientos de rendimiento, almacenamiento, seguridad, disponibilidad, cantidad de datos que deberán transferirse y acuerdos de nivel de servicio; de la naturaleza de misión crítica de las aplicaciones, de la capacidad de recursos disponible en el data center, del ahorro de costes deseado y de las políticas. “Necesitará crear un proceso para determinar dónde debería ejecutar las aplicaciones”, afirma Chris Swan, CTO de Capital SCF, consultoría londinense. Este proceso empieza con la valoración de aplicaciones y paquetes como Novell PlateSpin Recon y VMware Capacity Planner, que pueden utilizarse para perfilar entornos físicos de TI y determinar qué aplicaciones habría que virtualizar para optimizar el rendimiento.

El papel de la seguridad
Las aplicaciones de misión crítica con altos requerimientos regulatorios o de disponibilidad y fiabilidad no son buenas candidatas para ejecutarse en nubes públicas o externas privadas por sus limitaciones en cuanto al control de recursos y localización geográfica de los datos. Las aplicaciones que requieran altos niveles de seguridad deberían ejecutarse en entornos locales (servidores virtualizados o nubes internas) o en nubes privadas externas sólo si el proveedor de la nube demuestra el grado de seguridad requerido.
Hoy en día, el uso más habitual de las nubes está relacionado con el desarrollo y testeo de nuevas aplicaciones, recuperación ante desastres y ejecución de aplicaciones Web con puntas o picos de tráfico. Otros usos pueden ser la recopilación de datos a partir de encuestas a través de la web y su posterior almacenamiento y procesamiento en nubes.
Escalante explica que los departamentos universitarios de Boston College realizan varios tipos de encuestas relacionadas con proyectos de investigación que periódicamente reúnen grandes cantidades de datos. Van desde votaciones sobre diversos asuntos a encuestas como parte de proyectos subvencionados. Boston College externaliza algunas de esas encuestas a otros proveedores con experiencia en este tipo de trabajos. Escalante incluye este tipo de outsourcing en su definición de cloud computing.

Algunos eligen “todo lo anterior”
Sebastian Piotrowski, responsable de computación de alto rendimiento para el departamento de I+D de Johnson & Johnson Pharmaceuticals, comenta que el lugar en el que su grupo elige ejecutar cargas de trabajo depende de cada caso concreto, o de cómo los usuarios finales utilizarán una aplicación determinada, y de lo a menudo que se produzcan grandes demandas de recursos de cálculo y almacenamiento. “Aplicaciones que alcancen picos de carga de forma periódica y después disminuyan son buenas candidatas para las nubes porque éstas ofrecen una buena alternativa a menor coste que la compra de nuevo hardware, que por otro lado permanecería inactivo hasta el próximo pico de carga”, explica. “Si ya tiene un buen porcentaje de sus cargas de trabajo virtualizadas, serán buenas candidatas para las nubes”.
Las nubes públicas pueden tener sentido si, por ejemplo, la empresa está buscando el lugar más económico para realizar simulaciones de nuevos fármacos. Ésta es una situación en la que el procesamiento de grandes cantidades de información sólo ocurre de forma esporádica y no existe demasiada preocupa

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