Economía digital | Artículos | 01 MAY 2003

Ciber-política: calentando motores

Miguel A. Díez.
En plena campaña electoral, y con el humo de las bombas subiendo aún por los minaretes de Bagdad, es inevitable hablar de política, incluso en esta columna tan alejada normalmente de la “cosa pública”. Y es que, aunque hablar de Internet y política no era habitual, las cosas han cambiado. ¡Y de qué manera!

No hace tanto tiempo
Hace menos de un año la relación de Internet con la política era casi folclórica: se comentaba con diversión la osadía del candidato electoral que ponía su web en la Red para contar sus ideas; alucinábamos con la aparición de un político de segunda en algún chat; veíamos con cariño las ilusorias reivindicaciones de alguna asociación de internautas… En fin, nada importante.
Pero ahora no. Ahora la situación es muy distinta, e Internet y Política han ido de la mano hasta alcanzar un lugar central del universo mediático-político. Podría decirse que ha empezado lo que sin duda será una larga relación de amor-odio entre ambas.
Primero fue el “decretazo” y la huelga general de junio de 2002. Ahí la Red empezó a desperezarse políticamente, al tiempo que lo hacía lo sociedad española. Los internautas descubrimos que la Red es una herramienta excepcional para informarnos y debatir sobre temas políticos. Los enlaces y los correos con información, opinión y análisis sobre el decreto del Gobierno, y los debates en foros, chats y grupos de noticias sobre si era conveniente o no la huelga, salpicaron todo el universo virtual.
Pero cuando la Red se ha hecho “mayor” en materia política ha sido con el hundimiento del Prestige y con la ilegal guerra contra Irak, conocida ya como “la guerra de Internet”.
Con el Prestige llegó a la red de redes una cobertura informativa profundísima y de gran calidad que demostró las limitaciones de otros medios. En la Red todos los errores, omisiones y manipulaciones gubernamentales se hicieron públicos. Y esa información corría de buzón en buzón, anegándolo todo de ignominia y chapapote. ¿Quién no recuerda a las “Fuelchups” y su “Avertefué” sacándole los colores al Gobierno? Al tiempo, Internet demostró también su capacidad organizativa convirtiéndose en el eje a través del cual los voluntarios pudieron llegar a las playas gallegas, gracias a una especie de ola solidaria digital.
Pero eso fue un juego de niños al lado de la Guerra contra Irak. Ahí sí que Internet ha dado el do de pecho demostrando que es el medio de comunicación más completo que existe y que su capacidad e influencia política es, y será, impresionante. Ahora cualquiera tiene acceso a todos los puntos de vista: medios de comunicación árabes y americanos a un clic de distancia, weblogs y páginas personales de periodistas independientes, de soldados, de iraquíes, etc.. Toda la información sobre la guerra, con toda la profundidad necesaria, en todos los formatos imaginables, y desde todos los puntos de vista que uno pudiera desear. Gratis y en tiempo real.
Además, gracias a la Red ha sido posible organizar la repulsa a esta guerra a escala mundial. Las manifestaciones planetarias contra la guerra se organizaron o difundieron en la Red, y es a través de ella como se han ido aglutinando las distintas iniciativas, tanto a nivel local como global. Vamos, que Internet se ha convertido en territorio ONG, en el sueño de cualquier ciudadano concienciado y en la pesadilla de los políticos con algo que ocultar.
Y la ciber-política ha estallado con virulencia. Hemos vivido ataques al sitio web de Aljazeera o al del PP; se ha acallado a webloggers molestos por diversos medios; hemos visto al ministro Javier Arenas anunciando querellas e investigaciones contra varias páginas web; los ordenadores del Congreso son utilizados para enviar por email a la oposición un documento “multimedia” a favor de la guerra; e Internet aparece casi a diario en televisión y prensa por uno u otro motivo.

En fin...
La Red se ha convertido ya en un instrumento político de primer orden, incontrolable y molesto para los gobernantes de cualquier signo, al menos de momento. Las grandes dudas ahora son: ¿cómo influirá todo esto en estas elecciones? Y sobre todo, ¿qué harán los políticos para domar este nuevo poder, ahora que habían conseguido domar al resto de medios? ¡Qué miedo!

Por Miguel A. Díez Ferreira [ferreira@planetamedia.com]

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