Economía digital | Artículos | 01 OCT 1998

Dinero digital

José M. Gómez.
Desde el primitivo sistema de trueque hasta la moderna tarjeta de plástico (pasando por los metales preciosos y el papel moneda), cualquier sociedad humana mínimamente organizada ha intentado transformar el fruto de su trabajo en algo tangible y fácil de intercambiar, que denominamos genéricamente “dinero”. ¿Cuál será el próximo paso?

La sociedad digital también está inmersa en la búsqueda de su propio valor de cambio y, aunque el proceso se presenta complicado, su resultado va a ser determinante para el futuro de la Red, porque el modelo de dinero digital que finalmente se instaure nos permitirá a todos participar en el mayor mercado jamás concebido por la humanidad, además de decidir quién ostentará el verdadero poder digital y quiénes serán los auténticos cibermillonarios.

¿Quién necesita dinero en la Red?
Internet debe aún gran parte de su popularidad a su originaria concepción como un medio de intercambio gratuito de información. Cuando Internet era poco más que una herramienta de comunicación entre universidades y centros de investigación, nadie se planteaba siquiera la posibilidad de que algún día se quisiera hacer circular dinero por sus arterias. En aquellos primeros tiempos, los usuarios publicaban su información gratis con la confianza de que también ellos podrían acceder libremente a la información proporcionada por otros cuando la necesitasen. Baste recordar aquí que el uso comercial de la Red estuvo rigurosamente prohibido hasta principios de la década de los 90.
Aunque gran parte de este romanticismo digital aún pervive en la Red, en muchos casos no refleja más que una resignada aceptación de la actual inexistencia de medios de pago cómodos, fiables y adaptados a las peculiares características de Internet. Por otra parte, las empresas son cada vez más conscientes del extraordinario potencial comercial de la Red y se volcarán masivamente en el comercio electrónico cuando tales medios existan.
Aún dejando de lado el posible uso comercial intensivo de la Red por parte de las empresas, lo cierto es que resulta bastante paradójico que, a estas alturas, Internet pueda mover con relativa facilidad muchos megabytes de información, pero sea casi incapaz de hacer circular con fluidez y comodidad una cantidad insignificante de dinero (digamos 10 pesetas por leer un diario electrónico), dado que los propios costes de la transacción excederían el importe a pagar. Parece claro que en cuanto exista un sistema de pago digital cómodo y fiable, también muchos ciudadanos particulares se decidirán a suministrar nuevas ideas, trabajos y servicios a la Red, aumentando la calidad de sus contenidos (bastante escasa aún, en términos generales) y dinamizando incluso la economía mediante la creación de nuevos “modus vivendi”, basados casi siempre en las posibilidades que brinda el teletrabajo.
Un ejemplo típico, citado muy a menudo: un aficionado a la creación de crucigramas podría decidirse a distribuir sus creaciones a todo el mundo a través de Internet. Si su maestría fuese notoria y pudiese recibir una mínima cantidad por cada ejemplar suministrado, y dada la difusión mundial que la Red le proporciona, este autor podría quizás retirarse a vivir a las islas Fidji y enviar desde su ordenador portátil sus nuevos crucigramas, concebidos a la sombra de las palmeras de su paradisíaco y bien merecido retiro. Nadie puede todavía imaginar cómo la futura economía digital podrá cambiar nuestra actual forma de vida, una vez esté suficientemente desarrollada.
En cualquier caso, hablar de dinero digital no significa renunciar a la utopía en la Red. Más aún: tras leer este artículo comprenderá las tremendas dificultades técnicas, operativas, financieras e incluso políticas que deben salvarse antes de que exista un valor de cambio comúnmente aceptado por toda la Red, lo que convierte a este tema en una auténtica utopía en sí mismo, al menos en este momento y en el futuro más inmediato.
Si admitimos que Internet en general se encuentra bastante lejos de alcanzar su plena madurez, el dinero digital se encuentra aún en su más tierna infancia. A pesar de ello, manifiesta un dinamismo tan acelerado que quizás sea uno de los temas que más novedades genera, algo muy comprensible teniendo en cuenta los enormes intereses en juego. Nuevos sistemas de pago electrónico aparecen y desaparecen constantemente, algunos con un ciclo vital tan exageradamente corto que induce a sospechar que existen muchas dificultades a la hora de implantar un mínimo acuerdo en torno a la futura moneda digital, sus características y su utilización.
Efectivamente, los requisitos son tantos que aún no ha surgido ninguna solución milagrosa que los satisfaga todos, por lo que mientras tanto nos veremos obligados a elegir entre una gran variedad de posibilidades, cada una con sus ventajas y sus inconvenientes, que analizaremos a lo largo de este artículo.

Aspectos a considerar
A la hora de buscar un acuerdo en torno a un estándar de dinero digital son muchas las características y condiciones que deben ser consideradas:

1. Seguridad
Todo lo digital es más fácil de copiar, duplicar, reutilizar y falsificar. Las ventajas inherentes a los bits pueden convertirse en este tema en serios inconvenientes, que han de ser cuidadosamente previstos. Afortunadamente, la criptografía moderna proporciona complejos mecanismos matemáticos que evitan el fraude, dotando a los bits de importantes v

Comentar
Para comentar, es necesario iniciar sesión
Se muestran 0 comentarios