Economía digital | Artículos | 01 SEP 2003

Infames competiciones del S.XXI

Fernando de la Cuadra.
Según algunas películas que quieren mostrar la vida en el antiguo oeste americano, algunos forajidos adornaban las cachas de su revólver con muescas. Cada una de esas muescas simbolizaba un rival asesinado, un contrincante del que presumir de haber matado ante los demás desalmados de su calaña.
Hoy en día, afortunadamente, no necesitamos ir con revólver por la calle, y mucho menos ir llevando la cuenta de los rivales asesinados. Sin embargo, los forajidos del siglo XXI sí que presumen. En este caso el Colt 45 no se utiliza, pero tienen a su alcance armas que pueden causar también mucho daño, de consecuencias imprevisibles. Me refiero a los virus informáticos.
Los creadores de virus suelen agruparse en pequeños círculos donde intercambian conocimientos y técnicas para el desarrollo de código malicioso. Cada uno de ellos comenta ideas y sugiere técnicas. Así se fomenta la maliciosa creatividad de estas bandas. Además, podemos pensar que están estableciendo competiciones de daño en el ciberespacio. En los últimos tiempos, los virus no han tenido grandes impactos de manera individualizada. Siempre han surgido varios virus consecutivos, en una especie de pugna por la destrucción de información.
Estas competiciones se repiten periódicamente. En el verano de 2001, SirCam provocó numerosas pérdidas, y cuando las empresas en septiembre esperaban una vuelta de verano más relajada, Nimda lanzó su ataque, haciendo de nuevo tambalearse las estructuras de seguridad antivirus.
Algo parecido ha vuelto a ocurrir en este fin de primavera de 2003: tras la familia de los virus Sobig, que incorporaban una fecha de finalización de su ejecución, aparece Bugbear.B, que ha hecho estragos en Internet.
¿Mera casualidad? ¿Ataque previsto por los creadores de virus? No sería de extrañar que en los círculos de Internet donde se mueven se hayan creado macabras competiciones. Al igual que los forajidos de finales del siglo pasado en el oeste norteamericano presumían de sus pistolas, los creadores de virus pueden estar ahora mismo presumiendo de portadas de periódicos con la noticia de “su” virus, o disfrutando de cifras millonarias de pérdidas causadas por su mala intención.
Sé que tras escribir estas líneas un numeroso grupo de creadores de virus va a sentirse aludido y va a poner el grito en el cielo, volviendo a esgrimir la clásica falacia de que sus creaciones están hechas para investigar sobre seguridad informática y para demostrar que los ordenadores son vulnerables. Pero eso no es más que una excusa miserable para esconder bajo una apariencia benévola un miserable afán destructivo que no hace sino perjudicar a los usuarios de muchos millones de ordenadores.
La investigación siempre es buena, pocos científicos (creo que ninguno) han buscado en su trabajo el mal. Y en cualquier otro campo de la investigación humana (sea la Paleontología, la Filología o la Filosofía) siempre se busca la mejora de la civilización, nunca la destrucción de las creaciones anteriores. Y desde luego, una investigación que desemboque en la pérdida del trabajo realizado por las personas, las pérdidas económicas y la paralización de la actividad laboral no concuerda con ninguna de las corrientes filosóficas, políticas o sociales que hayan existido, sea cual sea su tendencia.
Espero que mis palabras puedan atizar la conciencia de los inconscientes desalmados que hayan podido crear un virus como “experimento”. Confío en que se den cuenta de que ningún forajido ha pasado a la historia como “investigador de la trayectoria de una bala en el cuerpo humano”, sino simplemente como delincuentes y asesinos.

Por Fernando de la Cuadra. Editor Técnico Internacional. Panda Software [www.pandasoftware.com]

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