Economía digital | Artículos | 01 MAY 1999

Internet2: la verdadera superautopista de la información

Fran Casal.
Mientras más personas en occidente usan Internet, Internet2 se gesta y crece en las universidades norteamericanas. Términos como GigaPop, Ipv6, o UCAID cogerán algún día el relevo a los ya conocidos TCP/IP, http o módem. Pero Internet2 no es el sustituto de la actual Internet. Nada de webs, ni correo electrónico. Internet2 es la verdadera autopista.
¿Cómo convivirá con la actual Internet? ¿Quién la desarrolla y con qué dinero? O, ¿qué va a haber? En este informe está lo que debe saber sobre la superautopista con la que sueña Al Gore.

Mientras toda España veía a José María Íñigo en televisores en blanco y negro, en Estados Unidos se gestaba ARPANET y las demás redes que fueron el germen de la actual Internet, la misma que aquellos televidentes usan hoy como un elemento cotidiano. En este caso, la historia se está repitiendo. Mientras navegamos y hacemos de Internet parte de nuestras vidas diarias, en las grandes universidades norteamericanas y en las grandes empresas de telecomunicaciones está naciendo el germen de Internet2 (I2). Nada que ver con la actual en lo referente a velocidad.
La intención inicial de I2 es la misma que tenía la primigenia Internet: comunicar organismos educativos y de investigación. La pretensión: que la cosa se quede en ese ámbito, nada de publicidad, pornografía o juegos, y que se pueda disponer de una gran red con un ancho de banda mucho más grande que el que pueda facilitar Internet hoy en las conexiones más potentes. En el caso de I2 la capacidad y velocidad de transmisión e datos serán iguales en los backbones (las columnas vertebrales de la Red) que en sus ramificaciones periféricas. Pero para conseguir esto es necesario desarrollar nuevas aplicaciones hasta ahora inexistentes que hagan posible la alta velocidad en la transmisión de datos.
En lo que, desde el sector académico presente en el proyecto I2, se hace más hincapié es en la finalidad exclusiva de la nueva red, que estará orientada al mundo académico, investigador y científico. Son ya muchos millones de dólares los invertidos por parte de 122 universidades, organismos públicos y grandes empresas en el desarrollo de I2, como para dejar que el nuevo invento se convierta en lo mismo que Internet a velocidad exponencialmente multiplicada.
El tiempo dirá si esa finalidad se mantiene o no. Otros, como el analista de InfoWorld, Bob Metcalfe, creen que “de hecho, no existe una Internet2. Lo que hay es varias Internets de próxima generación (Next Generation Internet), cada una evolucionando en su propio campo, y algunas evolucionan de hecho muy rápidamente. Esto está confundiendo a los ejecutivos de telecomunicaciones”.
En otoño del 86, cuarenta universidades se reunían para poner en marcha una serie de infraestructuras de investigación y colaboración para desarrollar una nueva red de investigación científica y de educación. El coste del proyecto hizo que fueran las universidades norteamericanas, las que lideraran el desarrollo de esa red. A esas cuarenta universidades se les han ido uniendo otras hasta llegar a 122, junto con empresas y organizaciones públicas (en total son 175 organismos).
El resultado, todavía evolucionando, es una red cerrada a sus miembros. Para ser uno de ellos basta con pagar el coste de financiación del personal que trabaja en la red y los gastos que conlleva el proyecto, unos 10.000 dólares aproximadamente, todo ello después de haber conseguido el aval de dos miembros del proyecto.
Todos los integrantes se comprometen, una vez dentro del “network” a actualizar su propia red para que las aplicaciones creadas trabajen bajo I2, a establecer nodos de interconexión regionales con otras universidades presentes en el proyecto I2, y a financiar esas interconexiones para conseguir formar una red nacional.
En Internet2 hay tres tipos de miembros: los “regulares” (las universidades y centros de educación del tipo de los integrantes de la Ivy League norteamericana), los miembros afiliados (la NCSA y organismos similares), y los miembros corporativos, o sea, las grandes empresas (entre ellas AT&T, Nokia, Apple, IBM, etc.) que aportan su tecnología de telecomunicaciones. Microsoft, siguiendo su trayectoria histórica, no ha querido apuntarse al carro de Internet2.
Tanto las universidades como el resto de “socios” son supervisados por la (UCAID) University Corporation Avanced Internet Developer, creada para dirigir el desenvolvimiento del proyecto.
Las diferencias fundamentales de lo que va a convertirse en Internet2 res-pecto a la actual Internet son las aplicaciones, que tendrán que ser absolutamente nuevas y con muy poco que ver con las conocidas hasta ahora, las propias redes de interconexión, los GigaPops, encargados de gestionar el tráfico en esas redes y, finalmente, las interconexiones que unen a esos GigaPops.
Los GigaPops (Gigabit Capacity Point Of Presence) son los puntos de conexión de la tecnología de I2, es decir, los en-
cargados del intercambio de tráficos en la red. Así por ejemplo, las universidades de California se conectan al GigaPop correspondiente para acceder tanto a Internet (la normal) como a Internet2. La interconexión de los GigaPops entre sí forman una organización llamada Collective Entity (CE). En teoría, por ahora, un GigaPop podrá dar servicio a un grupo de entre 7 y 10 organizaciones. La distribución geográfica y la implementación de centros entre los participantes en la red determinará finalmente cuántos serán necesarios.
No hay que confundir la ta

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