Economía digital | Artículos | 01 JUL 2003

Tienes un e-mail

Fernando R. Cabello.
La mayoría de la gente gasta más tiempo y energías en esquivar los problemas que en tratar de resolverlos. (Henry Ford).

Estoy pensando en irme estas vacaciones a Orlando con mi familia, qué gracia verdad... parece uno de esos mensajes de spam que nos mandan al correo electrónico. Lo cierto es que no voy a tener tiempo porque he descubierto una nueva fórmula para ganar dinero en casa casi sin hacer nada y, a parte, me han enviado un kit para reducir kilos o conseguir la eterna juventud.
Entre toda esta mierda que llega a nuestro correo y los virus que también llegan por doquier, nos tenemos que preguntar algo... ¿realmente es útil el correo electrónico? (sí, pero no tanto como antes). Cuánto dinero pierden las empresas con estos correos, cuánto ancho de banda es desperdiciado, a quién se le puede pedir responsabilidades.
Las empresas ponen en sus sistemas filtros antispam y antivirus que ralentizan el sistema pero garantizan que la cantidad de correo no deseado va a ser mucho menor (aunque siempre se cuela alguno). Pero qué pasa con los sistemas donde se paga por cantidad de información recibida (GPRS, por ejemplo). Pues simplemente que el spam cuesta al usuario final, al descargarse correos que no le sirven para absolutamente nada, haciéndole perder tiempo y dinero y, también, desconfiando de nuevos métodos de tarificación o tecnologías.
Y es que, señores, este correo está haciendo demasiado daño a todos. En España parece que está bastante regulado (aun así siempre aparece algún correo de este tipo), pero en otros países aún siguen debatiéndose cómo frenarlo... y las empresas y usuarios siguen soportando costes “extra”.
El punto se complica tanto que en algunas empresas se recibe más correo basura que “de interés”. No se engañe, la mayoría de las veces, es inútil responder al mensaje o tratar de “desuscribirse” pues la dirección email de su empresa o persona es de “dominio público” y cualquier desalmado puede hacer uso de ella.
Por otro lado, muchas empresas siguen buscando rentabilidad y nuevos métodos para no continuar en números rojos. El mercado sigue “saneándose” aunque, a pesar nuestro, aún quedan muchos despidos y empresas que morirán en el intento. De todos modos esto esta propiciando una mayor creatividad, la búsqueda de nuevas fórmulas para generar ingresos y, por supuesto, un mayor aprovechamiento de los recursos (en ocasiones rozando lo ilógico).
Ahora los equipos de trabajo no son como hace dos años. Dos o tres personas hacen el trabajo de los doce de antaño y, o bien se concentran en los aspectos más vitales de su unidad de negocio o se termina por perder calidad en ese producto. Todo es una cadena y el posible fallo de estas unidades de negocio repercute en la marcha correcta de la empresa, por eso, antes de “sanear”, deberá estudiar cuál es su estrategia y los objetivos a cumplir. Tenga en cuenta que al final el usuario es el que juzga si lo está haciendo bien o no.
La idea de éxito o fracaso muchas veces eclipsa el verdadero objetivo de las empresas. Muchas olvidan el lema de “hacer bien lo que sabemos hacer” por “hacer lo que hacemos sin importarnos cómo”. Es importante estudiar el método, las personas y, en definitiva, todo el engranaje empresarial. Saber por qué hacemos las cosas y cuáles son nuestros defectos o virtudes, sólo de esa manera podremos salir victoriosos.
En definitiva, estamos rodeados de mensajes basura que camuflan los importantes y confunden al receptor. Es nuestra misión buscar métodos para eliminar aquello que entorpece el objetivo empresarial. Sacar un buen producto depende de todo ello.

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