Entrevistas | Noticias | 03 ABR 2014

"Llevamos a las grandes empresas la agilidad propia de las startups", Pedro Moneo

Desde su fundación en 2008 Opinno ha duplicado su tamaño y ha llevado sus propuestas innovadoras a las grandes empresas de Europa y Latinoamérica. Pedro Moneo, fundador y CEO de Opinno, habla con ComputerWorld acerca de esta compañía que simultanea tres distintos modelos de negocio que incluyen la consultoría en innovación y transformación, la creación de prototipos tecnológicos y la creación de comunidad.
Opinno Pedro Moneo CEO
Francisco Sánchez

Opinno nace en 2008, justo el año del comienzo de la crisis económica. ¿Incentivo o lastre?

Fundé Opinno justo una semana antes del crash de Leeman Brother y de Goldman Sachs. De haberlo sabido no sé si lo hubiera hecho, pero también es cierto que puede considerarse una buena época para el nacimiento de una compañía que se dedica a transformar organizaciones y ecosistemas a través del modelo de ‘desarrollo ágil’ (lean), que consiste en desarrollar un concepto, prototiparlo, lanzarlo al mercado y validarlo, y si funciona, bien, y si no, cambiarlo. Es decir, convertir en ágiles organizaciones que son lentas. El ritmo de la innovación se está acelerando y los grandes cambios en la economía y en la sociedad surgen cuando se producen grandes saltos tecnológicos, como sucedió con la aparición de la imprenta, el teléfono o Internet. Por ello, lo que estamos haciendo es dotar a las grandes empresas, que son las que se ven obligadas a reinventarse con mayor frecuencia, la agilidad propia de las startups.

 

¿Qué modelos de negocio sigue la compañía de acuerdo con esa misión?

Una parte del negocio se centra en la consultoría en innovación y transformación, otra en la creación de prototipos tecnológicos en nuestros Opinno Labs, y también contamos con un pequeño fondo que invierte en compañías emergentes. Nuestro objetivo además es crear comunidad. Para conseguirlo nos apoyamos en Hardvard University y el MIT (Massachusett Institute of Technology) como aliados publicando sus revistas en español y celebrando sus eventos en nuestro país. Parte de estos acuerdos es la organización en España de EmTech, la conferencia de tecnología e innovación del MIT.

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¿Cómo funcionan concretamente los laboratorios?

Seguimos un modelo inspirado en los Media Labs del MIT proporcionando a grandes compañías gente emprendedora y ágil para prototipar soluciones que sienten como necesarias pero que no pueden o se atreven a desarrollar por sí mismos. Se trata de un modelo de laboratorio externalizado de emprendimiento e innovación.

 

¿Ofrece España en estos momentos oportunidades de negocio para este tipo de actividades?

Desde luego. Nuestro país ahora mismo está dormido, hay poco ruido y pocos competidores. Y como además funciona bien, es un buen sitio para prototipar conceptos y avanzar. Considero España como un laboratorio desde donde expandir ideas a países como Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Turquía, donde ya trabajamos.

 

¿Cómo está evolucionando Opinno económicamente?

En estos cuatro años de existencia hemos duplicado nuestro tamaño. Somos ya 50 personas de 12 nacionalidades distintas y tenemos expectativas de seguir creciendo al mismo ritmo en las tres actividades de la compañía. En este tiempo ya hemos cubierto Latinoamérica y ahora emprenderemos una mayor expansión por Europa, así como proyectos de mayor calado.

 

¿Cuál es el perfil de los clientes?

Son grandes compañías con una gran necesidad de innovación y transformación, ya sea porque están creciendo mucho o porque van a decrecer, y por lo tanto han de reinventarse. Trabajamos, por ejemplo, con la mayor petrolera de España y con uno de los mayores bancos, y en general con distintas administraciones y medios de comunicación, entre otros tipos de entidades. En cada país tenemos relaciones muy cercanas con las principales empresas, como las del Ibex-35 en España, que son nuestros socios fundamentales.

 

El modelo de recursos humanos de Opinno no es el convencional. ¿Dónde está la diferencia?

Detectar el talento como lo está haciendo nuestra compañía cambia el modelo de recursos humanos. He intentado tener una organización en que todos sean emprendedores, no existen contratos. Les enseñamos a manejar una empresa desde que son muy pequeñas y con las mismas herramientas que van a utilizar cuando tengan una plantilla de cien empleados. Así, desde un principio se acostumbran a tratar con planes de negocio, financieros, de venta, de marketing y de recursos humanos. Realmente están recibiendo entrenamiento para que cuando empecemos a hacer spin-offs o a invertir en compañías salten a ellas como emprendedores. Gestionar el talento es complicado cuando se combinan libertad y metodología. No es un concepto de empresa común en España.

 

¿Qué papel juega la tecnología en los negocios?

La tecnología es una herramienta donde se apalanca el resto de la empresa y que habilita modelos de negocio innovadores que antes no eran posibles. Pero lo que realmente mueve a las empresas no es la tecnología en sí, sino esos modelos de negocio.

 

¿Siente realmente la empresa española la necesidad de innovar?

Cuando el ecosistema crece se suele hablar de innovar y cuando decrece de reinventarse o transformarse. Es lo mismo. Cuando el mercado cae en picado es necesario innovar y los supervivientes suelen ser compañías ágiles y eficientes. Ahora en España se está produciendo algo muy interesante. Muchas empresas se están viendo obligadas a sanearse, innovar y exportar, a ser más atrevidas, porque de lo contrario mueren. Por ello creo que de este ciclo van a salir compañías, incluso pymes, muy potentes, con un gran potencial exportador, así como mucha gente con una gran vocación de emprendimiento.

 

¿Se puede decir entonces que nuestras empresas ya han asumido la cultura de la innovación?

Hay sectores más innovadores que otros, y son precisamente los más innovadores los que han visto amenazado su modelo de negocio en los últimos años, y ello les obliga a innovar. Hay que reinventarse para sobrevivir. Se podría decir que este desorden que ha traído la crisis es muy interesante; se están haciendo cosas atractivas.

 

¿Qué sectores son los más innovadores?

Yo prefiero hablar de sectores ágiles y menos ágiles. Cuando una industria tiene ciclos de innovación más cortos suelen ser más dinámica, como es el caso de Internet, telecomunicaciones, hardware, energía o materiales. Las menos ágiles -no digo las menos innovadoras- son las que, como el sector aeroespacial o biotecnología, se mueven con ciclos de innovación más largos.

 

¿Qué posición ocupa España en innovación respecto de Europa y Estados Unidos?

Creo que en España siempre ha faltado estrategia a largo plazo desde el lado público. En Estados Unidos o en países como Francia, que conozco bien porque estudié allí, la apuesta por la innovación, la ciencia y la industria es muy fuerte. Aquí es muy volátil y está muy politizada, no es una cuestión de Estado que se respete a largo plazo como en otros países. Vivimos en pugnas casi territoriales y eso afecta mucho a la estrategia del país. Creo que estamos perdiendo tiempo y fuerzas.

 

Sin embargo, desde que se intensificó la crisis términos como innovación y emprendimiento abundan en el discurso oficial…

Desde el punto de vista político es muy cómodo hablar de emprendedores, porque eso supone sacar a gente del paro y ponerlos a cotizar. Es un término que, como el de multimedia en los años noventa, se utiliza tanto que se está vaciando de contenido. Sin embargo, el lema del MIT es hablar de ‘tecnología difícil’ y lograr transferirla a la industria con un impacto en el mercado. Emprendimiento no es solo de lo que hablan los políticos para quedar bien, sino que puede ser un motor de la economía real, con un impacto fuerte en la industria, siempre que se apueste seriamente por él. No sirve de nada un país que solo produce documentos; lo que cuenta son las licencias y las patentes.

 

Nos queda entonces mucho camino por recorrer…

No tanto en la generación de tecnología como en su transferencia. Hay un hueco enorme para que la industria lance apuestas fuertes por la tecnología y desde las políticas públicas es necesario crear un ecosistema que lo impulse mediante subvenciones y ayudas, promoviendo el movimiento y el talento interno y externo, facilitando la entrada de inversión privada en el mercado tecnológico y promoviendo un cambio educativo y cultural; queda mucho por hacer en educación. Y muchas de estas cosas ni siquiera cuestan dinero.



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