Social business | Artículos | 01 JUN 2007

Los efectos de la responsabilidad social corporativa

Para la empresa de tecnología la RSC es una herramienta estratégica de retención del talento
Fernando Muñoz.
Las empresas perciben en la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) el inicio de una nueva forma de definir su gestión sobre una perspectiva ética. Para su implantación es imprescindible un cambio de cultura de toda la organización. “Esto supone sistematizar las políticas de RSC y convertirlas en un criterio más en la toma de una decisión estratégica”. Al menos así lo apunta José Manuel Velasco, presidente de Forética, quien reconoce que todavía en la pyme su adopción es lenta.

Hace ya dos años que Forética, asociación sin ánimo de lucro que nació en 1999 con el fin de poner en valor una cultura de empresa basada en comportamientos responsables, publicara una nueva versión de la norma de referencia SGE-21, única de raíz hispana que facilita la implantación, seguimiento y evaluación de conductas socialmente responsables, y “que compite con otras normas que provienen del entorno de la calidad y la gestión medioambiental”. Así lo explica Juan Manuel Velasco, nombrado presidente de Fonética hace poco más de un año. Actualmente, la norma ya se está aplicando en 32 empresas españolas y una latinoamericana y “nuestro gran reto es que sea reconocida internacionalmente como una de las referencias válidas en el terreno de la certificación ética”, señala Velasco, quien también es director de comunicación de Unión FENOSA.
Según explica el nuevo presidente de Forética, “la certificación no es imprescindible. Su decisión es voluntaria”, pero reconoce que una vez que una empresa está certificada en SGE 21:2005 “le supone un sello de calidad en la gestión ética y de credibilidad ante los distintos grupos de interés, que van desde los consumidores hasta los proveedores”.
Para alcanzar este nivel de compromiso, la RSC debe formar parte del “núcleo duro” de decisión de las organizaciones empresariales. “Esto supone sistematizar las políticas de RSC y convertirlas en políticas muy relevantes tanto hacia el interior como el exterior de la organización”, apunta Velasco, quien señala que “esto sólo será posible a través de un cambio cultural donde la creación de valor en una empresa no se centre sólo en los accionistas, sino que ésta se amplíe también a empleados, clientes, proveedores y administraciones”.

El reto se llama pyme
Según explica Juan Manuel Velasco, “las empresas españolas han cogido bien el tren de la responsabilidad social corporativa”. No obstante reconoce que el reto que todavía tiene España es llevar la concepción sistemática y ordenada de la responsabilidad social corporativa a la pequeña y mediana empresa, que forma gran parte del tejido productivo español”. En este sentido, el presidente de Forética aclara que “esto no quiere decir que las pymes no desarrollen acciones de responsabilidad social, sino que les falta integrarlas en una política concreta que les permita la evaluación de esas acciones”. Ante este reto, son las organizaciones empresariales, las patronales provinciales y las cámaras de comercio quienes, según Velasco, “deben asumir la responsabilidad de esta labor de evangelización”.

Compromiso de Gobierno
Pero, ¿cuál ha sido el rol específico del Gobierno en el desarrollote de la RSC? Según Velasco, “en esta legislatura se ha dado un impulso social”. De hecho, en el último informe de Forética, realizado en 2006, se percibió este avance ya que “las preocupaciones que las empresas identifican en sus estrategias de responsabilidad social coinciden bastante con las líneas políticas que está desarrollando el Gobierno, en materia de igualdad de sexos, con la aprobación de la Ley de Dependencia o al hilo de la plena incorporación de la mujer al mundo laboral”, apunta.
No ocurre lo mismo en las comunidades autónomas, donde el proceso está en una fase menor de desarrollo. “No obstante, todas son concientes de que existe una oportunidad en la adopción de la RSC como palanca para la modernización de su tejido productivo pero, de momento, desconocen la puesta en marcha de políticas que produzcan ese estímulo”, comenta. De hecho, en muchos casos, señala Velasco, la tentación de los gobiernos es recurrir a la regulación de la RSC. “Un gran error”, advierte, ya que “la responsabilidad social parte de una integración voluntaria de las preocupaciones sociales y medioambientales en la gestión de la compañía”.

Sector tecnológico
“La empresa tecnológica está formada fundamentalmente por capital intelectual”. Al menos así la define Velasco, quien señala que “una de las herramientas utilizadas por este tipo de empresas para la retención del talento es que las personas, más allá de la retribución salarial, se sientan cómodas y confortables en su entorno laboral, lo que se traduce en un orgullo de pertenencia a la empresa”. Para las empresas de tecnología la responsabilidad social es una herramienta estratégica “que permite crear una cultura corporativa interna capaz de retener el talento, entendido como la base de creación de valor de la compañía”, afirma. De hecho, las grandes multinacionales tecnológicas están desarrollando este tipo de políticas de RSC desde su creación. No obstante, reconoce que “lo más difícil y, por tanto, el mayor reto está en cómo trasladar esta cultura a todas empresas tecnológicas cuyo enfoque de negocio está centrado en un mercado específico o en una zona geográfica determinada”.
Actualmente, las prácticas más frecuentes en RSC en España son las políticas de medio ambiente.


Un gasto estructural
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A pesar de que desde las áreas de comunicación de las empresas se presenta el concepto de Responsabilidad Social Corporativa como una inversión, lo cierto “es que es un gasto”, apunta José Manuel Velasco, presidente de Forética. De este modo, todas las políticas de responsabilidad social corporativa “deben tener asociada una partida presupuestaria correspondiente de carácter estructural y no coyuntural, evitando así su desarrollo por una moda empresarial del momento o de convertirlo en una herramienta de comunicación”, señala. Así las cosas, “de la misma manera que las empresas no cuestionan que tienen un gasto de personal no deben hacerlo sobre los aquellos asociados a sus políticas de responsabilidad social”, concluye.

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