Tecnología | Noticias | 24 JUN 2018

TEA: talento tecnológico por aprovechar

Pese a mostrar altas capacidades en muchos campos, el autismo supone en muchas ocasiones una barrera en el ámbito laboral. En Silicon Valley, donde se concentran mentes brillantes, la proporción de trabajadores con espectro TEA es notablemente alta, debido a las cualidades de estas personas en el campo de la tecnología.
Sheldon Cooper
Cristina Cueto García

 

¿Les suena Sheldon Cooper, ese carismático protagonista de la serie The Big Ban Theory? Se trata de un personaje de una serie de ficción, un tanto peculiar y excéntrico; con un cerebro prodigioso, es un gran científico que sin embargo tiene notables dificultades para relacionarse con los demás. Dejando a un lado el carácter televisivo, este personaje ha puesto en la palestra el espectro TEA, y más concretamente al trastorno Asperger, así como su relación en cierto modo con el mundo de la ciencia y la tecnología.  

Las personas con TEA son tratadas en ocasiones como discapacitadas sin embargo han demostrado grandes cualidades para tareas concretas y complejas como pueden ser la programación, el análisis de datos o el desarrollo de código, aspectos directamente relacionados con el mundo de la tecnología, sin embargo su inclusión dentro del mercado laboral es muy pobre, con altísimas tasas de desempleo, muchas veces por culpa de la falta de información.

 

¿Qué es el espectro TEA?

El trastorno del espectro autista es, tal y como define la Confederación Autismo de España, un “conjunto amplio de condiciones que afectan al neurodesarrollo y al funcionamiento cerebral, dando lugar a dificultades en la comunicación e interacción social, así como en la flexibilidad del pensamiento y de la conducta”. Entonces, ¿Qué define a una persona con este trastorno? La psicóloga infantil, especialista en trastornos del Espectro del Autismo, Ágata Leiva, explica que la Asociación Americana de Psiquiatría, en su última clasificación describe dos categorías de síntomas principales, por un lado “deficiencias en la comunicación social” y por otro: “comportamientos restringidos y repetitivos”. Estos síntomas deben estar presentes desde la infancia temprana, aunque tal y como aclara Leiva, “pueden no manifestarse plenamente hasta que la limitación de las capacidades impide la respuesta a las exigencias sociales”.

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