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TheCube busca ser el oasis madrileño para la innovación radical y el emprendimiento

El presidente y cofundador de TheCube, Alberto Rodríguez de Lama, comenta a ComputerWorld cómo funciona el entramado interno de su ecosistema emprendedor, sede de más de 10 startups y los departamentos de innovación de grandes corporaciones como Enel y Pfizer.

alberto rodriguez de lama thecube
Alberto Rodríguez de Lama, cofundador y presidente de TheCube, en la sede de Zahara de los Atunes.

Ya habían pasado cerca de dos años desde que Alberto Rodríguez de Lama vendiera su exitosa primera empresa, Nexium Customer Solutions (una compañía de desarrollo de software que creó allá por 1999, apostando por un negocio que aún estaba en pañales), cuando en 2016, mientras vivía en Estados Unidos y pensaba en su siguiente incursión empresarial, se encontró con un artículo sobre los company builders.

“No eran aceleradoras ni incubadoras, eran una especie de hubs donde, con dinero de los fundadores, se montaban startups, y nos pareció que era buena idea”. Así cuenta Rodríguez a ComputerWorld cómo fueron los inicios de TheCube, iniciativa que creó junto a Andrés Haddad Di Marco y que describe como un “ecosistema de innovación y emprendimiento en pequeñito, intentando representar todos los stakeholders

A éstos los enumera así: los emprendedores, rol que tanto Rodríguez como Haddad asumían en TheCube; el dinero o la financiación, para lo que montaron un pequeño fondo de venture capital; las grandes corporaciones; la ‘academia’, para lo que los fundadores también crearon una escuela de nuevas tecnologías que genera ideas y que reside en la misma sede de TheCube; y las administraciones públicas, con la que el hub mantiene un relacionamiento constante. 

 

Innovación radical

Desde sus comienzos, TheCube no quiso ser como el resto de hubs o aceleradoras que hoy plagan el sector tecnológico, sino que buscó colorear fuera de las líneas con su enfoque de innovación radical. 

“Al empezar a innovar, siempre te preguntas qué puedes hacer diferente y que tenga impacto, cuál es el propósito. Tienes innovaciones que son mejoras marginales sobre lo que ya tienes. Son más eficientes, más productivos, pero siguen siendo las mismas cosas. Sin embargo, intentar solucionar problemas grandes y que impacte a millones de personas o a un sector de la economía, y de una forma en la que nadie lo ha hecho, podríamos decir que es radical. Hacer algo que nadie ha hecho de una manera que nadie la ha hecho, podríamos decir que esa es la innovación más radical que puede haber”, sostiene Rodríguez.

 

"Hacer algo que nadie ha hecho de una manera que nadie la ha hecho, podríamos decir que esa es la innovación más radical que puede haber"

 

Así, a través de prueba y error, han buscado las técnicas y formas de innovar que ayuden a sus clientes a ir beyond the core, es decir, más allá de su negocio base. En sus cinco años de vida, TheCube ha producido 10 startups de esta manera. “La innovación es caótica, lleva tiempo”, asegura, y agrega que su apuesta es a proyectos que probablemente no verán el éxito en los primeros tres o cuatro años, por lo que es una inversión de tiempo y dinero a largo plazo. “Nos gusta más la calidad que la cantidad”, comenta el fundador.

Entre las startups destacadas se encuentra Dynamite, una aplicación de precios dinámicos en hostelería, a través de los códigos QR. “Con inteligencia artificial modificamos la carta, el orden de los platos, ponemos medias raciones y también jugamos con los precios que pueden subir o bajar en función de la demanda prevista o de las reservas que hayan, etc”, explica. 

También resalta el trabajo que están llevando a cabo con Enel Innovation Hub, cuya sede está en el edificio de TheCube. “Les estamos ayudando a encontrar soluciones en startups que con sus departamentos de I+D no son capaces de alcanzar. Drones que trepan por las tuberías de las centrales térmicas, que limpian paneles solares, que pueden reparar cables submarinos, de telecomunicaciones. Un montón de retos que ellos tienen que creen que no pueden solucionar ellos mismos y que nosotros les buscamos soluciones. Ellos han hecho ahora mismo unas 150 pruebas de concepto con soluciones que nosotros les hemos buscado aquí”, detalla.

 

TheCube, desde dentro

TheCube funciona a través de dos vertientes. Por un lado, crean sus propios proyectos dotándolos de equipos de ingenieros, marketing, finanzas, recursos humanos y todo lo que necesiten para funcionar. Por otro lado, ayudan a las empresas y grandes corporaciones en su entrada a proyectos de innovación. 

Las propias empresas pueden tener una idea o un campo en el que quieren desarrollar algo, pero saben que esa idea se va a morir dentro de sus organizaciones porque, primero, hay una alergia muy grande a la innovación, y segundo, cuando nace algo es muy débil y muy fácil que el business as usual se coma esa idea, y la manera de protegerla es llevarla lejos, fuera de las paredes de esa compañía”, comenta Rodríguez.

 

"La parte más difícil de un proyecto es la ejecución. La idea es muy importante, pero la ejecución lo es mucho más"

 

Si la idea les gusta, en TheCube crean una entidad jurídica y la llevan a cabo. “La parte más difícil de un proyecto es la ejecución. La idea es muy importante, pero la ejecución lo es mucho más y nadie se mete en la ejecución porque es lo más costoso, donde siempre estás subestimando los esfuerzos y los tiempos. Nosotros ya tenemos esa experiencia para lanzar los proyectos y tener lo que llamamos el time to one million, es decir, en cuánto tiempo podemos llegar a un millón de facturación, que normalmente nos lleva entre 12 y 18 meses”, añade. 

Procter & Gamble, Mercedes Benz, Pfizer, Ferrovial, Sacyr, Heineken y Mahou son algunas de las empresas con las que trabaja mano a mano TheCube. “En este momento no tenemos una especialización por sectores, porque valoramos esa frescura que nos da ver distintos sectores. Le da una flexibilidad al equipo que se atreve con todo, porque es capaz de ver muchos ejemplos en distintas industrias y es capaz de trasladar técnicas de unas a otras. Eso nos da algo que no tienen otras compañías de innovación”, afirma Rodríguez. 

 

¿En qué innovan las grandes empresas?

Hace cinco años que TheCube ayuda a Procter & Gamble, capacitando a sus equipos en la nueva economía digital, como las finanzas descentralizadas, el metaverso, el blockchain, el IoT y la inteligencia artificial.

Con Mercedes Benz, el ecosistema de Rodríguez y Haddad se inserta en la unidad mundial de desarrollo de software para crear servicios basados en la movilidad eléctrica. En este mismo ámbito trabajan de la mano con Uber, que incluso cuenta con su sede en el sur de Europa en el hub de TheCube en Madrid. 

“Hay un grupo de tecnologías, que además han llegado más o menos a la vez y que están maduras ya, que están provocando cambios que no esperábamos”, asegura Rodríguez. En TheCube, sostiene, son expertos en este nuevo set de tecnologías que tienen que ver, sobre todo, con el tratamiento de datos, inteligencia artificial, machine learning y deep learning. De hecho, ofrecen másters especializados y cursos abiertos de formación. 

 

Un oasis de innovación

Además de ser un ecosistema de innovación y emprendimiento en el sentido metafórico de la palabra, TheCube lo es también en el sentido literal: en Madrid tiene ubicado un edificio con 5.000 metros cuadrados que cuenta con espacios de coworking, reuniones formales e informales, una cafetería, un salón de eventos y otras salas dedicadas a potenciar el networking y la generación de ideas. “Un ecosistema es algo cerrado, porque es algo delicado. Un elemento extraño puede perjudicar el ecosistema. Entonces nuestro ecosistema de creación de startups es algo que tenemos mucho cuidado en qué metemos aquí, pero por otro lado, los espacios sí son puntos de conexión con las comunidades, de tecnología y de startups”, explica el presidente de TheCube.

Además del Madrid Hub, cuentan con un verdadero oasis de relajación para sus emprendedores, trabajadores y clientes en Zahara de los Atunes, en la provincia de Cádiz. “Es un hub más pequeño, tiene sitio para 14 personas, y está en un terreno frente al mar de unos 4.500 metros. Es un hub para desconectar, para refrescarse, para resetearse y, sobre todo, para fomentar la creatividad”.



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