Negocio | Noticias | 18 ENE 2019

Luz verde a la ‘tasa digital’

El Consejo de Ministros aprueba el Impuesto sobre Determinados Servicios Digitales, que grava con un 3% los servicios de publicidad en línea, servicios de intermediación en línea y la venta de datos y que afectará a las compañías que obtengan 750 millones de facturación a nivel global y 3 millones en España.
aprobación luz verde
Esther Macías

La nueva Ley del Impuesto sobre Determinados Servicios Digitales, enmarcada en los presupuestos generales del Estado del Ejecutivo de Sánchez, presentados esta semana en el Congreso y pendientes de su aprobación en las Cortes, permitirá una recaudación por parte de Hacienda de 1.200 millones de euros, según las estimaciones realizadas por la propia Agencia Tributaria.

La nueva tasa, prevista ya por el anterior Gobierno popular pues es un impuesto propuesto en la Unión Europea, aunque aún no existe un acuerdo en Bruselas sobre cómo y cuándo articularlo de forma coordinada en todos los países miembros, gravará un 3% los ingresos generados por la publicidad online, la intermediación en línea y la venta de datos recopilada de la información que proporcionan los usuarios. Por tanto, afecta a las empresas que se dedican a las actividades antes mencionadas y que facturan más de 750 millones de euros en nuestro país aunque solo generen 3 millones de euros; es decir, las pymes no van a verse afectadas por esta tasa, según ha insistido la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. 

Además de esta normativa, hoy se ha aprobado la Ley de lucha contra el fraude y la Ley del impuesto de transacciones financieras, que abogan por un mayor control tributario de las criptomonedas e incorporan una actualización del concepto de ‘paraíso fiscal’, con el fin de que las multinacionales tributen en los países que operen y evitar el traslado de los beneficios de estas empresas a países con baja tributación. Se trata de una medida que afectaría a compañías como Apple o Google y tantas otras multinacionales americanas que realizan estas prácticas legales pero polémicas pues apenas contribuyen a la economía nacional de los países donde tienen presencia. Con esta normativa el Gobierno espera recaudar unos 828 millones de euros.

La industria TIC, en contra

Esta nueva legislación fiscal no ha sido bien acogida por parte del sector tecnológico. Las dos grandes patronales de esta industria se han mostrado claramente en contra de estas medidas. Ametic ha aseverado que las consecuencias que la tasa digital tendrá para la economía española serán “graves” y ha adelantado que un Estudio de Impacto de la propuesta de impuesto sobre la economía española que PwC está realizando a petición de esta asociación y de Adigital desgrana cómo la traslación del impuesto a lo largo de la cadena de valor tendrá efectos negativos sobre las pequeñas y medianas empresas, los usuarios y consumidores y el emprendimiento.

Además, la patronal se ha lamentado de la “acción unilateral del Gobierno de España sobre la ‘tasa digital’, que ha seguido adelante con el impuesto sobre determinados servicios digitales, sin que exista un consenso internacional entre países, ni a nivel europeo”. La patronal considera que en el contexto de una economía globalizada cualquier nuevo impuesto a las empresas debe acordarse a nivel global a través de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Desde la otra gran asociación del sector tecnológico, DigitalES, han recordado que la llamada ‘tasa Google’ “es una nueva figura impositiva que debe tener como premisas previas no gravar a las entidades que ya cumplen sus obligaciones fiscales en los países de la UE donde radican, y estar alineada con la propuesta de Directiva de la UE, sin incurrir en vulneraciones del Derecho Comunitario ni del Derecho Español”. Según su directora general, Alicia Richart, no queda del todo claro “qué servicios específicos van a ser gravados o cuáles se van a ver contaminados”, apuntando que sectores como el de la automoción y el coche conectado también podrían verse afectados, “penalizando así los negocios con un alto componente de innovación”.

¿Y el resto de países de Europa?

A falta de un consenso en Bruselas, muchos países han optado por abordar sus propias iniciativas de modernización fiscal sin esperar a que en el seno de la Unión Europea o desde la OCDE se llegue a un acuerdo sobre la idoneidad de establecer este tipo de impuestos a las empresas de tecnología. Francia, como avanzó a final de año su ministro de Finanzas, Bruno le Maire, comenzará a aplicar un impuesto similar este año, con el que sus arcas públicas esperan recaudar 500 millones de euros a lo largo de 2019. Por su parte, Reino Unido también ha anunciado que tendrá una tasa para las tecnológicas a partir de abril de 2020, según anunció el ministro de hacienda británico Philip Hammond.

Desde la firma de análisis IDG Research, Alberto Bellé nos recordaba recientemente que la decisión de aplicar un impuesto tecnológico debe tomarse “de forma consensuada y no unilateral”. “Si solamente la toman unos pocos países hay un riesgo de que se recaude menos de lo esperado, y que estas empresas encuentren mecanismos legales para que una parte de la facturación y tributación puedan realizarse en otros países europeos sin el impuesto”, según el analista. “Cualquier nuevo impuesto de este tipo implica revisar tratados de tributación a nivel europeo o incluso con terceros países”. Para el experto, “un impuesto mal diseñado puede aumentar temporalmente la recaudación de estos gigantes pero frenar la economía digital. Por ejemplo, puede suponer un lastre para la rentabilidad de otras empresas digitales”. 

Lo que es evidente es que urge actualizar la forma de recaudar y aplicar la transformación digital a los principios de tributación nacionales e internacionales. Según datos de la propia UE, las grandes tecnológicas, sobre todo las conocidas como GAFA (acrónimo que agrupa a Google, Facebook, Amazon y Apple) pagan proporcionalmente menos de la mitad de impuestos que las empresas de sectores tradicionales: una media del 9,5% frente al 23,2%. Y a veces incluso mucho menos.

 


 



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